Ni ahí con la mayonesa

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El otro día les contaba que soy terriblemente mañosa. Entre una de las cosas que no me gustan, está la mayonesa. La odio. Con los años he aprendido a comer sandwiches de jamón queso que la tienen, pero sólo porque estaba trabajando en mi universidad en la punta del cerro, eran las 2 am y no había opción de comer otra cosa.

No entiendo esa obsesión de los demás por consumir esa cosa grasosa e hipercalórica, que aunque se comprobó que no tiene tanto colesterol como un asado de vacuno, pucha, hace mal. Sobre todo cuando es casera y le lleva el no demasiado simpático virus de la salmonella; que no tiene nada que ver con el salmón.

Y tampoco sé hacer mayonesa casera. Mi mamá no me enseñó. Y es que a ella no sólo no resulta, sino que según mi abuela y la sabiduría popular, ella es la Yetah de la mayonesa. O sea, que si ella está bajo el mismo techo que alguien que pretende hacer mayonesa, esta, inevitablemente, se cortará.

Bueno, supongo que eso, sumado al hecho que no somos buenos para salir a comer, nos salva de la salmonella. Dicen que antes de preparar huevos, conviene lavarlos. Yo no sé si resulte, pero cuando pensé en lo cerca que venían del poto de la gallina… caché que tenía todo el sentido.

Eso sí, no voy a decir que no bailé la mayonesa en mis años de adolescencia; y es que aunque mala la letra, el ritmo es tan pegote que hace que se muevan las patitas. A ver si nos despierta en este lluvioso lunes.

A ustedes, ¿Les gusta la mayonesa?