Chile: A puro completo estamos mal

Otra mirada a las promociones de estos días.

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No crean que se trata de algo patrimonial organizado por el Ministerio de Cultura, la Fundación Imagen País o alguna asociación gastronómica. Para nada. El pomposo título del “Día Nacional del Completo” no es más que una muy eficiente estrategia de marketing de una conocida cadena de fuentes de sodas especializada en la preparación de éstos. Y que, hay que decirlo, los preparan muy –pero muy- bien.

¿En qué consiste esta celebración? Que hoy, durante todo el día, los completos en esta cadena están en la modalidad 2 x 1. Es decir, uno paga uno, pero se puede comer dos. Tentador, ¿No?

Y claro, como al chileno le gusta sumarse al carro de la victoria, a la promoción de hoy se sumó ayer otra cadena especializada en completos –de mucha peor calidad- ofreciendo su producto a sólo doscientos pesos. ¿Resultado? Que ayer  eran cientos de personas las que se apretaban entre sí en las afueras de cada uno de los locales de esta cadena para aprovechar la oferta.

No es mi intención hablar mal de los completos, los sánguches y la comida popular en general. Quienes me conocen saben lo mucho que me gusta comer y que todo lo que tiene que ver con cocina y alimentos siempre será de  mi interés. Sin embargo, al ver a estas verdaderas hordas de gente yendo –o pensando- en ir a hacer largas filas para comerse uno o varios completos en precio de oferta me deja pensando en que algo estamos haciendo mal en Chile a la hora de alimentarnos.

Digo esto, porque estoy más que seguro que si mañana o pasado un restaurante de comida popular hace una oferta similar a la de los completos por sus humitas, pastel de choclo o cazuela de pava no tendrá un éxito ni cercano a lo que estamos viendo estos días.  O sea, es probable que suban sus ventas y que se corra un poco la voz, pero jamás veremos a cientos de personas luchando por hacerse de una de estas preparaciones.

Podrán decir que los completos son ricos y baratos. Sí, lo son. Y más aún cuando están en promoción. Pero convengamos que además del precio, importantísimo a la hora de comer para muchos, en Chile hay ya varias generaciones que gozan mucho más con preparaciones emparentadas con la comida rápida y también la chatarra, que con platos bien elaborados, con buenas materias primas y que responden a un relato de nuestra tradición culinaria. En otras palabras, muchos –pero muchos- han perdido esas ganas por probar, descubrir y querer nuestra comida más tradicional.

Es cierto que en los últimos años ha llegado cierta valoración por nuestra cocina, sobre todo gracias a algunos cocineros jóvenes como Tomás Olivera, que se la han jugado por darle el realce que se merecen nuestros platos. Sin embargo, falta mucho y –me parece- la competencia es bastante desigual al lado de los gigantes de las cadenas de comida rápida y el mismo retail. Nos falta mucho, pero mucho. Y así como me dijo hace algunas semanas un empresario gastronómico “si seguimos con los puros completos estamos cagados”. Yo le encuentro razón.

NOTA DE LA REDACCIÓN:
Para quienes nos leen desde fuera de Chile, les contamos que Completo es el nombre que se le da en nuestro país al tradicional Hot-Dog y que incluye por lo general ingredientes como palta, mayonesa, ají y chucrut; entre otros.