Es un mito que si desayunamos abundante comemos menos después

Mientras más grande el desayuno, más consumimos el resto del día.

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(cc) Flickr.com/puercozon

Eso de “desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo” al parecer es mentira. Esto, porque me enteré por un estudio de un grupo de investigadores del Centro de Medicina Nutricional Else-Kröner-Fresenius de la Universidad Técnica de Munich, en Alemania, comer mucho durante el desayuno no hace que dejemos de ingerir alimentos el resto del día, al contrario, nos darán más ganas de comer. Pésima noticia, ¿No?

La publicación de la que les hablo apareció en la Nutrition Journal y decía que lo único que se lograba comiendo en abundancia en la primera comida del día, era dejar de ingerir un refrigerio a media mañana (las colaciones que recomiendan los nutricionistas entre cada comida), pero eso no es suficiente para compensar las calorías adicionales que ya se habían consumido en el desayuno. Por lo mismo, tengan ojo con lo que desayunan.

El estudio se hizo con 400 personas, de ellas 280 eran obesas y 100 tenían un peso normal. A los obesos les pidieron que llevaran un registro detallado de cada uno de los alimentos que consumían al día durante 10 días y a los de peso normal, durante 14 días. Luego de las mediciones, el doctor Volker Schusdziarra, director del estudio, llegó a la conclusión que “un desayuno abundante (de un promedio de 400 kilocalorías más que un desayuno pequeño) resultó en un incremento total de 400 kcal en las calorías consumidas durante el día”. O sea que mientras más comamos al desayuno es peor.

Los datos demostraron que el mayor consumo de energía en el desayuno está asociado al mayor consumo de energía durante todo el día. Por lo tanto, si se toma un desayuno abundante lo único que queda por hacer es comer menos el resto del tiempo. Con estos resultados quieren demostrar que la reducción en las calorías que se consumen en el desayuno podría ser útil en las estrategias de prevención o tratamiento de obesidad.

Con todo esto, al final,  la única manera de bajar de peso es reduciendo los azúcares refinados, las grasas, las calorías y comer cinco frutas y verduras diarias. Eso al menos es lo que dice el estudio. Sin embargo, yo prefiero mil veces desayunas unas ricas tostadas con mermelada y un café con leche en vez de esas fomedades como la leche 100% descremada y el jamón de pavo. ¿Y ustedes, qué desayunan?