Flan de Machas con salsa Beurre Blanc

(cc) nettsu

Acompañados de sol, viento y espíritu marino, los primero que tengo que decir es que al comprar machas, hay que comprar muuuuuuuchas machas.

La presentación es preciosa, su sabor increíble y su preparación bastante fácil. Pese a lo común que resultan las machas, yo dejaría guardada esta receta para… Día de Visitas!

Y Además, al comprar machas, consiga que se las den sin sus conchas…intuirán que no fue mi caso.

Hecha esta aclaración, les cuento que su preparación es muy simple (si dejamos de lado, por su puesto, la parte del desconchado y la limpieza de todos los “potitos” de las machas).

Primero, se fríe una cebolla picada muy fina en mantequilla, debe quedar un color dorado suave. En la juguera (la que parece tendré que comprar, mientras uso la minipimer) se ponen una taza de machas (crudas, deduje ya que no aclara), la cebolla, un tarro de leche evaporada, 6 huevos, sal y pimienta.

Se toma un molde rectangular enmantequillado y se vierte todo el líquido. Ahí al horno en una asadera con agua para que durante 45 minutos se cocine a baño maría.

El tema, y por eso lo de muuuchas machas, es que como se me hicieron pocas las que compré no guardé para la decoración, creyendo que no tendría mucha importancia.
Como ya lo he repetido hasta el cansacio, aquí todos, todos, todos los detalles cuentan. Después de probar el sabor del flan, definitivamente había que llegar con el plato hasta el final: machas para decorar y salsa beurre blanc para servir.

La contextura estaba perfecta, el color damasco claro muy bonito, huevos y leche evaporada perfectamente cuajados, sin embargo, el sabor no era muy distinguible, o sea, igual podía pasar por un flan de vainilla sin mucha vainilla. Pensé que a lo mejor había puesto pocas machas en el flan y por eso su sabor no destacaba, sin embargo, probándolas solas descubrí que las machas tienen bastante poco sabor.

Pero bueno, dejé el flan esperando toda la noche, y al día siguiente fui por extra machas. Aquí. seguí las indicaciones de mi maestra, luego de limpiarlas, las rocié con agua muy caliente, hasta que se pusieron rosadas. Me acordé de mis veraneos en Reñaca cuando pequeña, donde las machas a la parmesana eran el plato oficial de todo el mes, y recordé también la preocupación de mi mamá siempre por apalearlas antes para que no estuvieran demasiado duras después del horno.

Me asusté porque no había seguido el rito, pero al probarlas estaban perfectamente blandas. Ya no se si las machas ya no son las mismas de antes, o si los temores de mi mamá fueron injustificados…quedaron rosaditas perfectas y las distribuí sobre el flan para decorar, ahora sí que la cosa cambiaba radicalmente. Era claramente un flan de machas. Y vino la salsa Beurré Blan que mi maestra cuenta es originaria de Anjou, exquisita para acompañar pescados y “particularmente liviana y fina”.

Sobre este último punto pondría un acentillo de duda…
Se pican tres chalotas muyyyyy finamente hasta que parezcan casi molidas (yo no lo logré mucho, por lo que apliqué minipimer…sorry). Luego se le agregan tres cucharadas de vino blanco y 3 cucharadas de vinagre de vino blanco, aclarando que tiene que ser de muy buena calidad. La cebolla se cocina hasta que los líquidos se esfumen y la cebolla prácticamente se haya desecho. De ahí en más, a fuego muy suave, se toman 170 grs. de mantequilla cortados en 10 trozos y se van añadiendo de a uno.

Con batidor de alambre se va batiendo a mano hasta que quede convertido en crema….no hay que dejar que la mantequilla se derrita, si es así se saca del fuego. siguiendo este lento proceso, queda una suave crema que tiene una gran clave, al menos a mí me pareció, para acompañar este plato: es la que de verdad le da el sabor. La cebolla quedó dulce y la crema le da todo su toque. En fin, se trata de un plato delicioso, como le decía ideal para visitas y donde la salsa de acompañamiento no puede faltar.