Sopa de zapallo y jengibre orgánico

(cc) elanaspantry

Advertencia: Voy a aprovechar el primer párrafo para hacer proselitismo.

Cuando uno habla mucho de la importancia de comer orgánico (libre de agroquímicos) es clave que esto vaya acompañado con la prueba del sabor. Y es que si alguien no está muy convencido de las bondades de lo orgánico, la estocada final es la degustación. Y aquí existen alimentos que son claves: los huevos, el tomate en verano, las zanahorias -en lo personal, las lechugas- y las manzanas.

Y ahora hablando de la receta, en mi opinión, la clave de esta sopa está en el sazonado y el jengibre. Si no hay de este último, bien vale la pena esperar hasta conseguirlo. Y que el zapallo sea ¡100% orgánico!

Un rol clave lo juega en esta corta lista, el zapallo de guarda. Su color anaranjado, su textura cremosa, su sabor dulce… en fin únicos. Por eso siempre me aventuraba en casa a hacer crema de zapallos. Crema de la cual todos salían escapando. Nunca entendí por qué, ya que me parecía que el sabor del zapallo era tan delicioso que si la textura era un poco espesa no le restaba méritos.

Para mis comensales, esa sopa tipo “colado de guagua” como la bautizaron no les hacía ninguna gracia. Hoy entendí lo equivocada que estaba yo. Una cosa es zapallo bien molido con algunas especias a lo Cristina y otra diametralmente opuesta es la Sopa de Zapallo de Lucía Santa Cruz.

Como debíamos partir hoy domingo muy temprano a nuestro quincenal almuerzo en Curacaví, donde hacemos trabajo voluntario en una granja biodinámica, mantuve mi ritmo madrugador y a las 5:30 en punto estaba cocinando cebollines con parte verde incluida y cubos de zapallo en mantequilla. Reduje la receta a la mitad ya que dada mi experiencia previa no sabía como vendría la mano. Después de cinco minutos cubrí todo con el caldo de pollo y media hora a cocinar. Sumé el jengibre (si uno no lo tiene, vale la pena esperar hacer esta receta hasta conseguirlo. Así de clave), y luego molí y colé. Le hice caso a mi maestra pero debo decir que no cole nada jajaja Imagino que el molido quedó tan suave que no hubo nada digno de ser eliminado. Sumé la crema, sazoné y ni les cuento como quedó. A las 6, en vez de desayuno, figuraba comiendo sopa. La olla quedó vacía. Definitivamente es para paladares de grandes. Los niños aguantaron una cucharada y de la Clarita para arriba (13 años) fue éxito total.