Después de un divorcio

Columna de Daniela Droz

Pocas veces hablo de mi vida personal, pero si se trata de dar algún ejemplo de alguna experiencia vivida como para que alguien se refleje en mi situación y pueda tomar decisiones o sentirse mejor, pues hablo y digo lo que tenga que decir.

Pocos saben que soy una mujer divorciada, que fueron dos años de novios, tres de casados, cinco el total de la relación, que me casé enamorada, creyendo en el amor, pero con muchas situaciones dentro de la relación que no eran saludables. La inmadurez y la falta de experiencia me hicieron creer que era cuestión de casarnos y que ese compromiso cambiaría todo para bien… que todo se iba a resolver como por arte de magia. Entonces, nos adentramos a esa experiencia “a la cañona”, como decimos en Puerto Rico; es decir, de una manera forzada, pues no estábamos preparados.

No se trata de echar culpas, pues ambos fuimos responsables de lo vivido. Eso trajo consecuencias dolorosas, la ruptura y el final de la relación, mucho rencor y dolor, pues nos lastimamos bastante dentro y fuera de la relación porque, por casi diez años, no nos podíamos ver ni en pintura y ambos hablábamos despectivamente uno del otro. En fin, una experiencia tóxica que solo el tiempo y la madurez pudieron sanar.

Luego de ser mamá, mi corazón se transformó. Entonces, un buen día descubrí que mi exesposo iba a ser papá… Mi corazón se llenó de amor y alegría, pues sabía que era algo que él siempre había querido. Entonces, me guardé mi orgullo y le escribí… Eso culminó en una conversación maravillosa llena de perdón y presencia de Dios que sanó nuestros corazones. Fue soltar tremenda carga y que ambos continuáramos nuestras vidas con la tranquilidad de que reconocimos nuestros errores y que nuestra madurez predominó por encima del orgullo.

En estas cortas palabras he tratado de resumir mi experiencia para que entendamos que no hay por qué tener prisa en esta vida, que las cosas no debemos forzarlas porque cuando algo no fluye naturalmente significa que algo no anda bien, que hace falta mucha madurez para reconocer los errores sin que importe el tiempo que haya pasado y que el respeto es lo más importante. Que el matrimonio es un compromiso enorme, que puede ser hermoso si lo tratamos con el respeto y el amor que merece, que nada cambia por arte de magia, que lo que ves es lo que tendrás. Así que observa bien las señales que da tu pareja y decide si estás dispuest@ a aceptarlo o no. No intentes cambiar a nadie: o lo aceptas o te quitas y continúas. Hay vida después de un divorcio. De todo se aprende, todo se supera, es cuestión de sanar y continuar. #SéFeliz