El ciudadano ilustre: El cine argentino que no puede ser más argentino

La película, narra las vicisitudes por las que pasa un escritor al regresar a su pueblo, tras recibir el galardón de Ciudadano Ilustre.

Si algo tiene el cine argentino o concretamente, la comedia o dramedia argentina, es que duele de lo argentino que es.

Estoy totalmente segura de que cualquier argentino o quien haya estado ahí o consuma su cine, si viese una película cómica o con tintes de humor, subtitulada y sin actores conocidos, sabría reconocer que es de Argentina. El sentido del humor, la ironía, la idiosincrasia en las películas de esta índole son parte del sello de este país.

El ciudadano ilustre, dirigida por Gastón Duprat y protagonizada por Óscar Martínez, presenta todas esas características mencionadas.

Lo mejor, es que desde el punto de vista positivo porque igual que el humor de calidad argentino es irreconocible también puede ser nefasto (al igual que en todos los países).

Martínez, es un escritor galardonado con el Premio Nobel de Literatura, que recibe una convocatoria a su pequeña ciudad llamada ficticiamente, Salas, para ser nombrado, ciudadano ilustre.

Es a partir de su visita cuando comienzan las hilarantes situaciones, la expresión inexpresiva de Martínez que lo hace ser uno de los mejores actores del país, los provincianos resentidos, las entrevistas bizarras, los viejos amores, la envidia, la rabia, el bruto del pueblo.

El ciudadano ilustre, refleja ese amor-odio que nos une con nuestras raíces, especialmente a las personas que se hayan criado en pequeñas ciudades para luego marcharse y regresen muy de vez en cuando.

Son las viejas agarradas del brazo. El hombre grandote bigotudo mirándote con la boca abierta. La niña con ganas de salir del pueblo. El cromañón que no comprende más de lo que se extiende tras su monte.

Es chocante. Es entrañable, pero desolador,  nostálgico pero soberbio y también  es lúcido pero perturbador.

Óscar Martínez Óscar Martínez ofrece en la película una interpretación digna de nominación a los oscars. - Instagram

Son todas esas personas, esas calles por las que paseamos y de las que perdimos la pista, pero cuando volvemos, nos damos cuenta de que no cambiaron, y ahí vuelve esa ambivalencia.

Quizás todos esos matices junto al exquisito sentido del humor de El ciudadano ilustre, sean los artífices, de que fuese un éxito de taquilla, crítica y fuese galardonada con varias distinciones, entre ellos el Goya a Mejor película iberoamericana, al igual que el galardón mexicano de Ariel, con el que también se hizo, y también el merecidísimo galardón a Martínez por su interpretación en el prestigioso Festival de Venecia.

Si bien presenta algunas desregularidades totalmente perdonables no hay nada que funcione mal en la película, desde su principio hasta su sorprendente e inesperado final.

Quien siente apego, quien siente desarraigo, quien siente ambas cosas, sabrá ver la melancolía a través de la delirante comedia.

 

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