Esta semana no te pierdas la columna de Ignacia Allamand: La importancia de estar presente

Me estaba costando estar presente últimamente. Desde hace un par de semanas venía habitando el lado oscuro de la fuerza y, aunque no soy depresiva ni tengo ningún trastorno diagnosticado, me puedo poner bastante oscura algunas veces. Está de moda mirar el cielo y ver la ubicación de los planetas para justificar por qué nos sentimos de una u otra manera, y reconozco que la astrología a veces me hace sentido, pero esta vez la respuesta no estaba ahí. Tampoco era ese momento de mi ciclo menstrual en que me siento como poseída por el mismísimo demonio. El estado emocional en el que estaba atrapada era producto de mi mente. Mi miedo.

Mi inseguridad. Mi autoestima. Mi cabeza no dejaba de pasearse entre los errores del pasado y el pánico a lo que viene, o peor aún, de lo que no viene. Y cuando estoy así me puedo perder horas recapitulando la cantidad de veces que he tomado malas decisiones, a pesar de que estoy segura que no existe tal cosa. Todo lo que elegimos responde a nuestro nivel de conciencia y, aunque en el futuro y con distancia las opciones parecen haber sido erradas, la verdad es que sólo podemos llegar a ese entendimiento si atravesamos la experiencia. A veces las cosas no salen como esperábamos, pero no por eso salieron mal, simplemente las expectativas no se cumplieron o hicimos suposiciones asumiendo que podíamos controlar el resultado de las cosas. Pero no se puede dominar una reacción como si estuviéramos en un laboratorio químico, mezclando A con B para producir C. Sólo podemos dirigir la naturaleza de lo que hacemos, y cuando es honesta y amorosa en vez de manipuladora y egoísta, genera lo que sea que le corresponda a modo de respuesta. O lo que estemos necesitando para crecer, cosa que la mayoría de las veces duele un poco. O mucho.

Entonces estaba yo en este período medio huevón, a pesar de todas las cosas lindas que me están pasando y de las personas increíbles que me rodean, cuando me di cuenta que estaba cayendo como Alicia en el pozo y que esta actitud es un círculo vicioso. En mi caso me pongo desordenada, se me escapan de las manos los malos hábitos, básicamente, me pongo autodestructiva física, mental y emocionalmente. Todos tenemos problemas, traumas, imperfecciones, momentos difíciles, pero siempre estar vivos es un milagro. ¿Por qué será que se nos olvida? Y, ¿qué hice para acordarme y salir de ese estado que no condice con mi verdadera naturaleza?

Primero, respirar profundo, una, dos, tres, diez, cien veces. Porque respirar es lo que nos conecta irremediablemente con el hecho de estar vivos. Y después, volver a lo básico. A lo que conozco. A lo que me hace bien. En mi caso, todo parte tomando mucha agua, para que todo fluya mejor. El estado de nuestro cuerpo afecta todo, es imposible sentirnos bien emocionalmente en un cuerpo cansado, mal dormido, deshidratado. También me obligo a meditar, porque es algo que inmediatamente dejo de hacer en los períodos de ansiedad y debería ser totalmente al revés, aunque sea por diez minutos al despertar. También hago ejercicio, porque las endorfinas no son ningún chiste y el esfuerzo de ir a mover el cuerpo siempre me conecta con el amor propio. Y si logro pararme de la cama y llevarme al gimnasio o al parque, estoy un paso más cerca de salir de la desidia.

Si alguna vez has estado medio depre, sabrás que los pequeños logros hacen una gran diferencia. Siendo disciplinados podemos salir de esos estados bajos de energía, cuando la vibra anda en el suelo, porque hacer lo que sabemos nos hace bien, nos otorga una sensación de realización personal maravillosa. Y aunque estos momentos se caracterizan porque no tenemos ganas de hacer nada, creo que eso de las ganas está sobrevalorado. Es más importante tener determinación y enfoque, que ganas. Cuántas veces no has tenido ganas de hacer algo y, después de hacerlo, te sientes mejor que nunca. De eso se trata.

No existe una fórmula, cada uno sabe cuáles son las cosas que le hacen bien. También pasar tiempo con las personas que quieres, o en la naturaleza, eleva la energía y nos da fuerza para dar el primer paso. Aprende a identificar cuáles son las tuyas y guárdalas para cuando las necesites. Nunca falla. Y si un día retrocedes, no importa, no pasa nada. Lo importante es volver a empezar.

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