Johana Bahamón, el incesante aprendizaje de ser mamá

La madre de Mía y Simón es, hoy por hoy, el rostro visible de quienes abogan por la vida digna de miles de presos en el país.

Johana Bahamón tuvo dos epifanías que la llevaron a cambiar en todo lo que creía cuando fue madre a sus 24 años y luego cuando conoció, hace siete años, las condiciones en las que vivían las internas de la cárcel del Buen Pastor, al ser jurado de un concurso. Esos dos momentos definieron lo que sería su vida, hoy entregada a sus hijos:  Simón, de 10 años y Mía de 4. Y es que Johana también es madre de una causa: cambiar las condiciones inhumanas de muchos presos en Colombia, que no solo se enfrentan a la deshumanización por sus penosas condiciones en los centros penitenciarios, sino también a la deshumanización simbólica a través de los prejuicios y la estigmatización por parte de la sociedad. “Yo creo que a todos les cambia la vida dejar el egoísmo a un lado y buscar el bien de alguien por encima del de uno. El amor de los hijos es un amor incondicional, donde uno prefiere que ellos estén bien, más que uno. Esa es la verdadera felicidad: pensar en otros. Esto también me pasa en la cárcel, donde uno piensa en aportarles a otras personas y piensa en su bien, más que en el propio. Creo que eso es realmente lo que le da sentido a la vida”, le cuenta a Nueva Mujer Johana, quien se ha entregado en alma y corazón a sus hijos y a los internos, maestros que han dejado grandes lecciones en su vida.

“Mía y Simón me han enseñado a ser generosa, a preferir el bien común ante el individual. Me han enseñado a ser paciente, a ser amorosa. Ellos realmente han sido, son y serán los maestros de mi vida. Sobre todo Simón. Yo lo tuve a él muy joven y ha sido un maestro en mi vida en todo: me ayudó a ser mejor persona, me enseñó a ser mejor mamá. Creo que es un aprendizaje diario. Desayunamos todas las mañanas y todos los días aprendo algo nuevo de ellos con cada cosa que dicen. Es una lección permanente y maravillosa”, afirma Johana.

Este aprendizaje también ha venido desde las cárceles, a quienes dedica sus conocimientos y voluntad por una buena causa. Con su fundación, Acción Interna, ha gestado proyectos en 30 cárceles, pero muy pronto esperan llegar a 137 penitenciarías que existen en el país. Acción Interna se ha enfocado en el arte (a través de las obras teatrales y los festivales) y en el emprendimiento. Esto, a través de la llamada ‘Agencia Interna’ (de publicidad), una barbería, talleres de confección y sobre todo de Interno, el restaurante conformado por reclusas en Cartagena, que ha tenido resonancia mundial y que fue elegido por la revista Time el año pasado como uno de los 100 mejores lugares del mundo para comer y visitar.

“Nunca imaginé que pasaría. Interno simplemente era un espacio más que queríamos hacer de reconciliación entre la población carcelaria y la población civil, entre otras actividades de la fundación. Queríamos generar esos espacios de encuentro, reconciliación y paz, donde estén ambas poblaciones, donde se valoren y se reconozcan como una sociedad. Ese era nuestro propósito. También trabajamos en preparar a las internas para cuando salgan en libertad, de modo que tengan las herramientas suficientes al momento de incorporarse dignamente, como se lo merecen, laboral y socialmente. Queríamos hacer un buen sitio, y es buenísimo que lleguen estos reconocimientos, porque estamos cumpliendo el objetivo: mostrar la parte positiva de las personas privadas de la libertad; desestigmatizarlas, generar un cambio de conciencia y entender que son personas las que están allá adentro, que cometieron errores, que todos los hemos cometido y que merecemos segundas oportunidades. Tenemos que empezar nosotros por dar estas nuevas oportunidades”, cuenta Johana al hablar sobre los alcances que ha tenido Acción Interna.

Rescatar lo positivo con segundas oportunidades

“Cuando uno llega a la cárcel siente un dolor inmenso, porque uno puede estar privado de su libertad, pero no de su dignidad. Ves esa situación, donde los internos no están como deberían estar, porque son humanos que cometieron errores, sí, pero merecen una segunda oportunidad. Esta situación de las cárceles de nuestro país es dolorosa, pero al mismo tiempo, cuando sales de la cárcel sales con el alma contenta, por haber podido hacer algo mínimo, pero algo, para mejorar esta condición”, describe Johana, quien tuvo el impulso de hacer algo más la primera vez que fue jurado en un concurso en el Buen Pastor. Esto la impulsó a retirarse de la actuación para conocer –y cambiar para siempre– los cientos de historias de personas que están privadas de su libertad.

Poco a poco se fue involucrando con los internos y ha creado un vínculo que le ha permitido ser parte de su historia. “Desde el principio hemos creado una relación muy cercana. Conocer sus historias y estar muy cerca ha generado empatía y familiaridad. También es muy agradable, maravilloso trabajar con ellos. Cuando estamos con ellos son agradecidos, son felices. Tienen la mejor actitud, son responsables, disciplinados, personas que valoran las oportunidades. Eso me motiva y por eso quiero llegar a todas las cárceles”, explica, con orgullo. De hecho, ya en una ocasión ha pasado con su hijo la Navidad en la cárcel y todo lo que se hizo para su matrimonio con su esposo, Juan Manuel Salazar, también provino de allí. Esto le ha valido que el Ministerio de Justicia la haya invitado, por ejemplo, a hacer parte del Comité de Dignidad Carcelaria. De igual manera, fue invitada a la décima edición de Women’s Forum For the Economy & Society, así como al foro WoMan True North, donde estuvo con figuras como Rigoberta Menchú y Salma Hayek.

Pero más allá de los logros, sigue existiendo el reto de cambiar la mentalidad de la sociedad ante los internos: “Lo más desafiante ha sido cambiar esa imagen, esa estigmatización, generar un cambio de conciencia. Que la gente entienda que todos merecemos una segunda oportunidad, que todos nos la merecemos y que los errores pueden convertirse en oportunidades. Es lo más desafiante, pero a su vez, es el mayor logro que hemos tenido. También hemos mostrado cómo podemos rescatar lo positivo dentro de un ambiente negativo”, resalta. Y esto es lo que también les ha enseñado a Simón y Mía: esa capacidad, incesante, de dar y aprender.

Una nueva integrante: cuando se abren las puertas y el corazón

Johana recibió lecciones que nunca imaginó por parte de sus hijos. Pero ella, como madre, también busca que su legado para ellos sean las enseñanzas que considera clave para todo ser humano, como la tolerancia y generosidad. “Les he enseñado que todos merecemos segundas oportunidades, que hay que saber convivir y respetar las diferencias”, explica. Y en ese proceso también se encuentra el próximo apadrinamiento de una bebé, llamada Evelyn, hija de una de las internas con las que ha tenido contacto. Johana explica que en la cárcel los niños pueden estar con sus madres hasta los tres años, rango de tiempo en el que pueden tener tutores. Y aunque lleva siete años viendo a bebés y a niños –quienes tienen una “excelente” guardería, según Johana– con Evelyn todo cambió: “hubo una conexión cuando la vi, pues la quise mucho. Mis hijos la han visto, todo el tiempo la ven en fotos. También la han visto una sola vez en la cárcel. Pero ahora, sacarla es maravilloso. Traerla a la casa, a que duerma con nosotros. Llevarla al médico. Estamos felices de esperarla”, afirma Johana con la ilusión y con esa incansable determinación que la impulsó a cambiar miles de vidas, así como alguna vez ella cambió la suya a través de Simón, Mía, su esposo y el proyecto que está revolucionando la forma en cómo vemos a quienes alguna vez erraron su propio camino.