Mónica Godoy: "Es el mejor momento para volver a la televisión"

Cuando niña disfrutaba de decorar el árbol, buscar al Viejo Pascuero, pero sobre todo del pavo que cocinaba su abuela. Con 40 años, intenta transmitir estas tradiciones a sus pequeñas hijas. Hablamos sobre su carrera, la familia y el personaje que interpreta en La reina de Franklin de Canal 13.

“Es casi imposible dejar de recordarla como uno de los rostros jóvenes de teleseries como Sucupira, Tic Tac, Borrón y cuenta nueva o Aquelarre, aunque esos personajes no resumen su carrera. Después de varias producciones, obras de teatro, películas en el extranjero, cinco años viviendo en España y dos hijas, de cuatro y otra de seis años, la actriz Mónica Godoy (40) volvió a la televisión como Camila Ossa en La reina de Franklin, de Canal 13.

“Es el mejor momento para volver a la tele. Me resonaron varias cosas del proyecto: el equipo, la historia y quería trabajar con el director Diego Rougier, con el productor Pablo Ávila y otras personas que conocí muy joven”, explica.

A días de que comience su período favorito del año, intenta enseñar a sus hijas valores que cree se han perdido en la sociedad actual, como la empatía y preocuparse por otras personas. No sólo eso. Su devoción por sus pequeñas, se traduce en la transmisión de ritos, como, por ejemplo, el de la Navidad.

Para ella, esta fecha cobra real significado, pues, en su familia extendida, acostumbran a reunirse en torno a las tradiciones que impulsó su abuela –quien falleció hace más de una década y estaba de cumpleaños el 25 de diciembre–, pero que siguen manteniendo como clan.

Los mejores recuerdos de infancia de Mónica son precisamente relacionados a la Navidad, pero también uno de los peores fue una vez que pasó sola esta fiesta mientras vivía en Madrid: “Allá no usan mucho cortinas en las casas, así es que desde la calle veía a las familias felices y extrañaba a la mía”, reconoce.

Mónica-Godoy

Hace unos años viviste en España. ¿Cómo tomaste ese riesgo? ¿Lo harías de nuevo?

Sigo igual de arriesgada que a los 20, pero ahora tengo dos personas pequeñas que dependen de mí y, cuando decides tener hijos, optas por un tipo de vida. Por supuesto, que me gustaría volver a estudiar o viajar un par de meses. Viví cinco años en España. Es un lugar con el que constantemente sueño, tengo amigos, vienen ellos a verme y mantenemos el contacto, pero estoy concentrada en los proyectos que tengo ahora. Quizás lo retome cuando mis hijas estén más grandes.

De cara a las fiestas de fin de año, ¿cómo celebran la Navidad?

Desde chica que amo la Navidad. Siempre la hemos celebrado en familia, con mis primos, mis tíos y mis abuelos cuando estaban vivos. Además, mi abuela estaba de cumpleaños el 25 de diciembre, entonces es una fecha importante para nosotros. Con mi hermana intentamos mantener la misma cercanía que teníamos nosotras con nuestros primos, entre sus hijas y mis hijas.

¿Siguen alguna tradición?

Todos, pero todos los años comemos pavo relleno con puré de manzana. No cambia el menú (ríe). Mi abuela lo hacía y, ahora que no está, lo hace mi tía. Cuando ella ya no esté no sé quién lo va a hacer, porque ni mi hermana ni yo sabemos… tendremos que aprender. Me gustan los ritos. Me gusta más la Navidad, pero en Año Nuevo también como lentejas, tomo champaña con anillos de oro, compro calzones amarillos. Siento que, si uno se cree las cosas, después toman forma en la vida real.

¿Así era en tu infancia? ¿Qué valores buscas transmitir a tus hijas?

Desde que tengo memoria que es así. También buscamos al Viejo Pascuero. Antes salíamos con mi hermana y primos, y ahora salimos con nuestros hijos. ¡Me encanta esa magia! Es que juran de guata que lo ven y esa ilusión en sus caritas es maravillosa. Trato de fomentar el compartir y la empatía, sensibilizarse por el otro, que sepan que no todas las realidades son iguales. Creo que esas pequeñas cosas las preparan mejor como personas para el futuro.

¿Se ha ido perdiendo el sentido de estas fechas?

Sí, el nivel de consumismo me parece que cambia el significado de reunirse en familia, o con tus seres queridos. No entiendo a esa gente que hasta último minuto está en el mall y llega a ducharse y sentarse a la mesa. Soy de hacer regalos simples, siempre pensando en la otra persona.

El retorno a la TV

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Estuvo ausente de los sets de televisión durante cuatro años, lo que le dio espacio para refugiarse en el teatro, no sólo como actriz, sino también como productora. Filma entre 3 a 6 días a la semana y realiza gestiones en Acertijo, la productora de teatro que fundó junto al actor Nicolás Saavedra, su esposo.

Con la misma ha estrenado obras como Los vecinos de arriba, la más vista de 2017, e Idiota, que estará hasta el 12 de enero en cartelera en el Teatro Mori. “Esta faceta de la autogestión es una puerta que abrimos y que tiene que ver con hacer los temas que nos importan, armar equipos, buscar financiamiento. Ser independiente te da la libertad de no quedarte esperando que te llamen o que salga determinado proyecto”.

Entre la teleserie y el teatro, en este momento, le queda el tiempo justo para disfrutar con su familia.

“Quería seguir realizándome en mi profesión y dedicarle tiempo a mis niñas en sus primeros años”, comenta.

¿De qué manera combinas el trabajo con tu familia?

Mi salida de las teleseries se debió en parte a que mis hijas estaban chiquititas. Ahora son más independientes y decidí que era buen momento para volver. Meterme de lleno al teatro fue una forma de seguir realizándome en mi profesión, pero con tiempos más acotados para dedicárselo a mis niñas, que era muy importante para mí, sobre todo en sus primeros años.

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¿Cómo ha sido tu vuelta al mundo de las teleseries?

¡Estoy muy contenta! Me encanta hacer teleseries, las echaba de menos. Me gusta el equipo que se conformó, la historia y quería trabajar con Diego Rougier (director de cine y guionista argentino), que la dirige. Antes había participado en Tiempo Final, una de las primeras cosas que hizo. Con Francisco Pérez-Bannen hemos sido pareja en la ficción más veces de las que puedo contar y también estoy feliz de trabajar con Claudia Di Girolamo. Es un agrado y no me la había topado en otras producciones. Me pareció que este era el momento para volver a la tele.

Tú personaje, Camila Ossa, es una mujer que valora el dinero y disfruta de los lujos de la familia de su marido. ¿La veremos evolucionar?

Ella se ve así, pero es de armas tomar. Tiene capas, oculta un pasado, a su madre y no es tan simple como parece. Después va a adquirir unos tintes más oscuros. Es una mujer que sufre, que, pese a que se hace la contenida, se ve frágil y se quiebra en escena. Tiene su profundidad, no toca una sola tecla. Da la impresión de que es la esposa perfecta, pero de perfecta no tiene nada. Ella misma dice: “Tengo la pura cara de cuica”. Es interesante trabajar un mundo un poco más retorcido, gente que bucea en otro tipo de emociones, el resentimiento, lo aspiracional.

Ahora eres mamá en la televisión y también en la vida real.

Una tiene que hacer personajes de acuerdo a la edad que tiene. No puedo pretender seguir siendo la veinteañera. En el teatro hago otros personajes, que no son mamás de cabros grandes, que no tienen nada que ver con el que hago en La reina de Franklin. De hecho, estoy preparando un personaje para el próximo año que es totalmente diferente. Me gusta esa diversidad. Si mi trabajo no fuera así, creo que dejaría de hacerlo, me daría lata.

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