Este hombre fue profesor durante 17 años sin saber leer

Jhon fue profesor de diferentes cursos. Fue entrenador de deportes. Enseñó estudios sociales y mecanografía.

John Corcoran creció en Nuevo México, Estados Unidos, en los años 40 y 50. Tenía cinco hermanos, terminó la secundaria, asistió a la universidad y se convirtió en profesor de secundaria en los 60, un trabajo que mantuvo durante 17 años.

Sin embargo, durante todo ese tiempo y más, escondió un secreto extraordinario.

Pasaron décadas antes de que se sintiera capaz de revelarlo pero, cuando lo hizo, se sintió liberado.
Increíblemente John pasó por la secundaria, se graduó y llegó a ser profesor sin saber leer.

Aquí su historia

En segundo grado, cuando debía aprender a leer confiesa que eso era como “abrir un diario en chino, que al mirarlo no podía entender lo que eran esas líneas. A los seis, siete, ocho años no sabía cómo articular el problema”.

En las noches rezaba para aprender a leer. “'Por favor, Señor, déjame aprender a leer mañana cuando despierte' y algunas veces encendía la luz, tomaba un libro y lo miraba para ver si el milagro había sucedido. Pero nunca llegó".

“Podía escribir mi nombre y había algunas palabras que podía recordar, pero no podía componer una oración. Estaba en secundaria y mi lectura era la de alguien en segundo o tercer grado. Nunca le dije a nadie que no sabía leer”, cuenta.

Le ofrecieron el trabajo de profesor

Sorprendentemente se graduó de la universidad y cuando lo hizo, había escasez de profesores y le ofrecieron un trabajo. “Fue la cosa más ilógica que te pudieras imaginar. Acababa de salir de la jaula de los leones para entrar de nuevo a burlarme de ellos. En retrospectiva, fue una locura hacerlo. Pero había pasado por la secundaria y la universidad sin que me descubrieran. El ser un profesor era una buena manera de esconderme. Nadie sospecharía que un profesor no sabe leer”.

Enseñó diferentes cursos. Fue entrenador de deportes. Enseñó estudios sociales, mecanografía. “Podía escribir a máquina 65 palabras por minuto pero no sabía lo que estaba escribiendo”.

“Recuerdo lo temeroso que estaba. Ni siquiera podía pasar lista. Tenía que preguntarle a los estudiantes cómo pronunciaban sus apellidos para poder escucharlos. Y siempre escogía por adelantado dos o tres estudiantes, los que mejor leían y escribían, para ayudarme. Eran mis asistentes académicos. Nunca sospecharon nada”.

Finalmente John aprendió a leer . “Un día me fui de traje a la biblioteca y pedí hablar con la directora del programa de alfabetización y le dije que no sabía leer. Tuve una tutora voluntaria de 65 años. No era una maestra, era simplemente una persona que amaba la lectura y creía que nadie podía pasar por la vida sin poder leer”.

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