La historia de la celebración del Día de Muertos en México

Echa un vistazo y conoce la dulce tradición mexicana para celebrar a los difuntos

Por Olivia O’Gam

El Día de Muertos en México no se vive entre lágrimas y lamentos, si no entre rezos, bailes, música y deliciosa comida. Se trata de una época para recordar a los difuntos y se cree que, en las noches de 1 y 2 de noviembre, ellos tienen permiso para ‘regresar’ a los que fueron sus hogares en vida y disfrutar de la comida que tanto les gustaba. De esta forma los altares se llenan de tamales, flores de cempasúchil, velas, papel picado, juguetes, dulces, pan de muerto, bebidas alcohólicas y más. Eso sí, nada puede tocarse por los vivos hasta que se hayan ido los difuntos. 

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El Día de Muertos nace con la mezcla de dos tradiciones: la pehispánica y la hispana. Antes de la Conquista de lo que hoy conocemos como México, se dice que existían entre los indígenas dos fiestas dedicadas a los muertos: Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos y la Fiesta Grande de los Muertos, la primera de estas celebraciones ataba dedicada a los niños y la segunda a los adultos. Ambas fiestas ocurrían en el mes de agosto, pero, tras la conquista española, se realizaron en noviembre para coincidir con las festividades cristianas. Las celebraciones se mezclaron y ahora las ofrendas tenían cacao, aves, frutas, semillas y más. 

Las ofrendas para los muertos son una muestra de amor, una señal de que no han sido olvidados y se les recuerda con afecto. Los altares y ofrendas cambian de región a región, pero casi en todas puede encontrarse pan, velas, copal, fruta, flores de cempasúchil, fotografías de los difuntos, papel picado, comida típica.

El pan de muerto, cuyo nombre atemoriza a muchos extranjeros, no es otra cosa que trigo, azúcar, mantequilla, ralladura de naranja y limón. Su sabor es dulce y su forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte, en tanto que las canelillas, representan los huesos del difunto. 

Las calaveras de azúcar y chocolate representan al difunto, son un dulce típico de temporada que se decora con azúcar glass de colores vivos. 

Muchos años después se integró la figura de La Catrina a la celebración del Día de Muertos. Diego Rivera la inmortalizó en el mural “Sueño de una tarde dominical”, pero su creador es José Guadalupe Posada. ‘La Catrina’ o ‘Calavera Garbancera’ surgió para mofarse de los ‘garbanceros’, aquellos indígenas que durante el porfiriato se sentían europeos y renegaban de su origen y su cultura. Fue en años posteriores que se le asoció con el Día de Muertos.

Algunos estados mexicanos con una arraigada tradición de Día de Muertos son: Michoacán, Chiapas, Oaxaca, Estado de México, Ciudad de México, Yucatán, Campeche, entre otros.