Paz Bascuñán a cuatro meses de la pérdida de su abuelo reflexiona sobre su partida

Su abuelo, el ex Presidente Patricio Aylwin, la marcó profundamente, enseñándole el valor de las relaciones humanas por sobre lo material. Conversamos sobre su estrecha relación con el mundo de la cárcel mucho antes de su rol en "Preciosas", la nueva nocturna de Canal 13, y la nueva campaña de Johnson que protagoniza.

Por: Jessica Celis Aburto.

La mañana del 19 de abril de este año, la actriz Paz Bascuñán manejaba rumbo a la casa de su abuelo, el ex Presidente Patricio Aylwin, para acompañarlo, como lo hizo durante días, en el delicado momento de salud que lo mantenía al borde de la muerte. En el trayecto recibió el llamado de su hermana comunicándole que él había fallecido. "Cuando sonó el teléfono, supe que había sucedido. Sentí una tristeza infinita. Uno se prepara para la idea de la partida de alguien, pero acostumbrarse a esa ausencia, en el día a día, va con un dolor, con una especie de resignación. La partida va con llorar, sufrir, tener pena, pero también después viene la idea de entender la vida con el tema de la muerte más asumido. La muerte es parte de la vida y mi abuelo sigue estando en mí, en todo lo que me dejó, los recuerdos, mi abuela, mis hijos. Hay un desgarro, pero a la vez un agradecimiento. Imagínate: mi abuelo murió a los 98 años. Es una fortuna que pocas personas tienen. Por eso hay que agradecer", dice, emocionada.

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La muerte de su abuelo se suma a la de grandes amigos que antes la habían llevado a ese lugar. "No me gusta extrañar, me carga. Y albergo, en el fondo de mi corazón, la ilusión de que algún día nos volveremos a encontrar, que uno se encuentra con la gente que quiere", dice.

Tu abuelo era una figura muy importante en tu vida y la de tus hijos. ¿Cómo enfrentaste todo el proceso con ellos?
Es la primera muerte cercana que viven, por lo que no quise privarlos de esa experiencia. Me importa que desde niños sepan que la muerte está, que todos nos vamos a morir, que así se ve la muerte y que es parte de la vida, que deben aceptarla e integrarla.

Y hoy, ¿cómo están frente al tema?
Súper tranquilos. El otro día fuimos a la casa de mis abuelos en Algarrobo y mi hijo (Teo) durmió en la cama de mi abuelo. A mí se me mojó la ropa con la lluvia, me puse una chaqueta de él y mi hija (Leonor) me dijo: "Tiene el olor del tata". Teo me dijo que se le había quedado toda su ropa y su cama en la casa, y reflexionó "ah claro, es que cuando uno se muere no se lleva nada". Eso es muy bonito que lo entiendan. Habla finalmente de cómo van a tratar su vida. ¿Acumular y acumular cosas que después no te llevarás? ¿O acumular lindos momentos, experiencias de vida? Con la muerte vienen muchos mensajes que también son súper liberadores y sabios.

Has dicho que esa mirada hacia la sencillez de la vida fue uno de los grandes aportes de tu abuelo. ¿Crees que ese fue uno de sus mayores legados?
Totalmente. Mi abuelo era un caso extremo, porque nada de sus intereses tenían que ver con lo material ni con las cosas. Cuando entraron a robar a su casa de Algarrobo se llevaron el toca-casette y un balón de gas.

Mal dato para los ladrones.
(Risas) Sí. Y puedes pensar que hablo desde mi comodidad, porque tengo todas mis necesidades básicas súper cubiertas, pero si gano plata no es para comprarme el auto que está de moda o el equipo de última generación o ropa de marca. Mi interés no está en las cosas.

¿En qué gastas dinero?
En viajar. Viajo mucho y llevamos a los niños a lugares raros, para que vean el mundo y otras realidades. Vamos a lugares sencillos donde tengamos contacto con las personas.

¿Cero posibilidad de un resort?
¡Cero! Le tengo tirria al resort (risas). No puedo con "el todo incluido", me provoca mucha risa.

PRECIOSA

Paz es parte de la nueva teleserie nocturna de Canal 13, que recrea la vida de 6 reclusas que huyen de una cárcel para emprender una aventura de justicia y solidaridad. Allí será "Frida Segovia".

Se desató una polémica tras una carta al diario El Mercurio, que decía que la teleserie reforzaría las conductas delictuales. ¿Qué puedes decir al respecto?
Ese juicio fue apresurado. Toda esa polémica se va a descifrar ahora.

"Preciosas" gira en torno a la vida de "Lorena Martínez" (Loreto Aravena), quien es encarcelada injustamente por un crimen que no cometió. "La teleserie muestra cómo ella vive esta injusticia y se encuentra con otras mujeres que están presas. Con ellas crea una tribu femenina de apoyo. Es una teleserie que habla de la solidaridad femenina, de ir en busca de la felicidad", explica.

Y la historia de "Preciosas" no es una más en el curriculum de la actriz. Tiene un valor personal enorme, ya que la llevó a un mundo totalmente conocido.

En la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, donde ella estudió, tenía un curso en el que los alumnos podían ir a hacer "observación" a distintos lugares, como el siquiátrico o un hogar de ancianos. A ella le interesó la cárcel. "Me inquietaba ese mundo, y conociéndolo dije 'tengo que hacer algo, porque estas mujeres están muy abandonadas. Necesitan oídos, actividades, salir de su abandono'. Tenía 25 años y en algún momento era como una abanderada de las presas (risas). Encontraba que todas tenían razón para haber cometido los delitos que cometieron y que vivían en una sociedad demasiado injusta (risas)".

¿Cómo fue esa experiencia?
Trabajé en el COF (Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín). Allí hice talleres, monté una obra navideña y me involucré con las chiquillas. Voy a hablar por mí, no por la teleserie. Cuando viví esa experiencia pasé mucho tiempo en el lugar, y la verdad es que al final uno toma partido y no ve a esas mujeres como seres malvados. Detrás de cada realidad hay una historia. Y de país también. Va mucho más allá de un juicio a priori.

Vivimos en una sociedad que es injusta. En la que los padres llegan a ver a sus niños a las 9 de la noche, niños que se crían solos. Hay una crisis de valores porque es una sociedad que está funcionando con valores que, a mi gusto, están equivocados. Tengo la suerte de tener gente que se queda en mi casa a cuidar a mis niños mientras no estoy, pero a la vez están dejando a los suyos para estar con los míos. Con los niños estamos muy en deuda: niños que se quedan solos encerrados en la casa viendo tele. Carecen de un puntal de valores fuertes, que es el que dan los padres. Padres que están súper exigidos en una sociedad que te invita a que lo más importante es "tener". Todo está muy trastocado.Imagen foto_00000023

Y reflexiona. "También hay valores que han decaído. La austeridad hoy no es un valor. Ser conciliador tampoco está de moda, hay que ir al choque. O se cree que el ser bueno es ser tonto. En cambio el ser agresivo sí es una virtud. 'Soy agresivo; soy fuerte; capaz de poner la pata encima, entonces soy bacán'. Los valores cool de hoy son súper equivocados. Es una sociedad muy hostil, pero también quiero ser justa. Uno tiene una sensación de hostilidad generalizada en la calle, en los medios, en las redes sociales, con pura gente rabiosa. De hecho dimos "Sin Filtro", ¡y arrasó! Porque todo el mundo se sintió identificado.

Pero lo que me pasó es que durante los 3 días del funeral de mi abuelo, vi una generosidad tremenda. Había personas que salieron de sus trabajos o vinieron de Chiloé o el Valle del Elqui, haciendo colas de 3 horas para despedirlo. Para mí eso fue muy sorprendente porque vi otro Chile, distinto al que estaba acostumbrada a percibir. Todo fue de una belleza, un respeto y un cariño que decía 'amo a estas personas, qué lindo es mi país'. Fueron miles, y nadie faltó el respeto, algo que podría haber pasado, pero nada. Puro cariño".

En este punto Paz repasa lo que es su día a día, donde generalmente camina 35 minutos desde su casa en Providencia al canal. En ese periplo usualmente habla por teléfono y declara que nunca la han asaltado. "La última vez que me robaron el teléfono fue hace 12 años, y la última vez que entraron a robar a mi casa, hace como 15. A lo que voy es que vivir con la sensación de que hay que estar encerrados por la delincuencia, la verdad es que hace que me pierda, porque no sé si es tan real o no".

Evelyn Matthei, quien se postula a la alcaldía de Providencia, dijo hace unas semanas que la comuna estaba ad portas de convertirse en un lugar invivible. Como habitante de la comuna, ¿qué opinas?
No tengo esa percepción, pero no sé si tengo un Ángel de la Guarda del porte de un camión. Todos los días camino una hora o más por mi barrio, muchas veces de noche, y nunca me ha pasado nada. Creo que está súper instalada una desconfianza en la que uno piensa que todos te quieren robar o se quieren aprovechar de ti, que todos son malos. Pero cuando preguntas por tu entorno cercano, por la profesora o tu vecino, son todos buenos. Entonces, ¿quiénes son los malos? A mí no me ha tocado conocer gente mala. Quizás peco de ingenuidad, pero no creo.

Retomando el tema de la agresividad actual, hace unos días Millaray Viera, músico y comunicadora, le paró los carros públicamente a quienes cuestionan su delgadez, poniendo el freno a quienes se sienten con el derecho de opinar sobre ello. Este tema también lo has enfrentado, ¿qué puedes decir?
Cuando ando más rockera, con menos tolerancia, he dicho a un par de personas que me han largado, por vigésima vez, "qué flaca!", la frase "cuando ves a una persona gordita, no le dices 'ay, qué gorda estás', no lo creo. Entonces te ruego que seas igual de cuidadoso (a) conmigo. El peso que uno tiene, es. ¿Qué quieres que haga? A mí me cuesta subir de peso y me molesta mucho que cada vez que me veas, me digas lo mismo".
Chán…
(Risas) Sí… El chileno tiene una manera de comunicarse siempre a través de la descalificación. Ves a tus compañeros de curso y le dices "buena, pelao", "llegó el guatón"… Esa forma nos hace sentir más seguros. Tú vas a Colombia y apenas te ven, te dicen "pero qué linda estás, ¿qué haces para estar tan bien?". A diferencia de acá, allá todo es en base a subir al otro. Acá se trata de bajar al otro. Y es parte de nuestra idiosincrasia. El estilo bullying del chileno me carga. Trato de que al menos mis hijos no sean así, y trato de ver en el otro lo bonito, y que ese bonito no te lleve a querer aplastarlo, sino a unirte a esa belleza. En el tema de la delgadez, por favor, ¡respetemos al otro cómo es! Basta de comentar siempre, meterse en el peso del otro. No hay nadie que a mí no me diga '¡qué flaca!'. Entonces, lejos de sentir que tengo una ventaja, siento que no lo es. López (Nicolás), que es un sol, siempre me dice 'no te amarguís por eso. Para mí ser flaco es como un valor' (risas). A mí no me llega así.