Carta abierta a María Magdalena

María Magdalena, la mujer más controversial de la historia.

Dicen tanto de ti. Son tantos los católicos hipócritas que se llenan la boca con tu vida. Durante 2000 años te han retratado como una prostituta que merecía ser rechazada, eres la contradicción misma de sus prejuicios terrenales, miedos y culpas. ¿Qué hacía una mujer libidinosa cerca del inmaculado hijo de Dios?

Pedro te ha negado como negó a Jesús, en sus escritos habla muy poco de ti y solo como la mujer a la que le sacaron los “7 demonios”. Él era el discípulo más aventajado, “el favorito” y es probable que su ego lo haya nublado frente a lo que tu realmente representaste. Hoy se han descubierto nuevos pasajes de tu vida, evidentemente, querida, hay supuestos y acercamientos pero no hemos logrado llegar a tu verdad. Sin embargo, muchos sabemos la trascendencia de tu figura en esta farsa que han creado en torno a ti.

Fuiste compañera de un iluminado y tu también lo eras. El problema es que, en un mundo gobernado por hombres donde las tradiciones priman por sobre los hechos, te ubican en un rol menos importante del que deberían. Detrás de los apóstoles privilegiados. Al menos se dignaron a nombrarte dentro de muchas leyendas, porque no podían pasar de ti, no se atrevieron a descartarte de esta gran historia. No podían. Su conciencia no se lo permitió.

Estuviste presente en momentos cúlmines que la Iglesia Católica y sus fieles valoran. Fuiste la mecenas de su gran Dios en la Tierra, lo apoyaste y caminaste a su lado creando filosofía con él. Todos estos años han asegurado que eras una penitente, pero no solo se trata de eso, fuiste trascendental, la mujer más importante en la vida madura de aquel hombre al que millones le dedican su vida.

María Magdalena, querida, si hubieses existido en la actualidad serías como cualquiera de nosotras. Y si nosotras hubiésemos vivido en tu época seguro todas seríamos María Magdalena.

A pesar de la injusta imagen que el patriarcado ha creado de ti, sabemos que abandonaste todos los lujos de tu vida por amor. Eras romántica e idealista y por eso te condenaron socialmente, por dejarte fluir con pasión en vez de contener tu salvajismo. Pero fuiste valiente. En aquellos años en que viviste, escogiste la decisión más intrépida y peligrosa. Fuiste una mujer que se atrevió a dejarlo todo por seguir sus ideales y marcharse a recorrer el mundo junto a una tropa de hombres declarados herejes. Eso algo que nadie podrá negar. María Magdalena la mujer valiente y rebelde que se niega a seguir los cánones impuestos, que decide por si misma, que no tiene miedo a la muerte por sus convicciones. Tremenda.

Te cuento que con el pasar de los tiempos finalmente la Iglesia Católica ha decidido dejar de hablar de ti como una prostituta y te reconocen. ¡Hasta te hicieron Santa! Seguro creerás que es una broma y te reirás cuando leas esto. Pero es cierto.

Querida, quiero que sepas que para muchas mujeres eres un ejemplo. Hoy somos más dueñas de nuestra vida que nunca, aunque aún parte de nuestro cuerpo no nos pertenece, como el útero donde otros deciden por nosotras, como nuestra vagina que está subyugada a una serie de convencionalidades, tradiciones y prejuicios creados por hombres y avalados fervientemente por mujeres. Aún nos siguen llamando prostitutas por nuestras elecciones, la ropa que vestimos, las decisiones que tomamos, los hombres que amamos, las vida que llevamos. Hay cosas que parecen no cambiar. Pero contra todo esto, tenemos voz y luchamos por lo que creemos. No nos detendremos, esto es solo el comienzo de un nuevo mundo, un mundo que tu y tantas otras sembraron con su historia de vida.

Justamente, ahora estamos en Semana Santa. Donde se conmemora la hazaña de su revolución, esa que defendiste como loba. Por estos días todo el mundo anda por la calles pegándose en el pecho, no comen carne, están en recogimiento. Pero seguro ya el lunes se les olvidará y se convertirán en los mismos miserables de siempre. Mi mundo y el tuyo no han cambiado mucho. Ahora tenemos tecnología, ciencia moderna, redes sociales, entre otras cosas, pero la humanidad sigue tan perdida como en aquellos tiempos, o más incluso. Aún lapidan a las mujeres por no seguir las reglas que hombres han impuesto unilateralmente. La diferencia es que hoy gracias a tu historia y la de tantas rebeldes gritamos, exigimos libertad y respeto por nuestras vidas.

Queda mucho trabajo por hacer, pero seguiremos en la lucha.