Gloria Münchmeyer a sus 75 años: "Antes que ser carga, prefiero tomar cianuro"

Energía le sobra. No se cansa de entregar su talento en el cine, televisión y ahora en el teatro, gracias al musical "Happy End", donde canta y hace coreografías a la par de sus colegas más jóvenes. Con absoluta honestidad confiesa que siempre se sintió fea, que no tuvo tiempo para el amor, y espera no convertirse en una carga para su familia.

Por: Carolina Palma Fuentealba.

Setenta y cinco años, y nos sorprende con su actitud jovial y una ironía natural que muestra en todo momento. Nos reunimos en el GAM, donde se presenta el musical "Happy End" hasta el 15 de mayo. Llega acelerada, con dos bolsos en la mano, zapatos dorados impecables y unos anteojos que no quiere soltar. La gente la saluda con gran respeto en los pasillos, y ella responde feliz.

Nadie puede negar que Gloria Münchmeyer es una de las mejores actrices chilenas, y que si bien ha incursionado en todos los formatos, sus roles más recordados por lejos son los televisivos, como en "La madrastra", "Ángel malo" o su hilarante papel en "La Vicky y la Gaby", junto a Rebeca Ghigliotto. Como pocas, sigue vigente, y el año pasado la vimos en la teleserie "Matriarcas", de TVN, y en la serie "Los Años Dorados", transmida por UCV Televisión. "Me interesa muchísimo seguir haciendo teleseries. Jamás he renegado de la televisión. De alguna manera me sirvió mucho para actuar en cine, porque aprendí todo un manejo".

Después de personificar a "Elena Fariña", madre de Karadima en "El bosque de Karadima", seguirá en el cine con una película que toca la realidad de muchas parejas de la tercera edad, que no cuentan con ningún apoyo por parte de los hijos. Además, la semana pasada se estrenó el documental "Viejos amores", realizado por la actriz Gloria Laso, donde muestra su vida junto con otras artistas, como Delfina Guzmán, Carmen Barros y Bélgica Castro.

Para las fotos le gusta maquillarse sola –demostrando gran expertise– y se arregla el pelo a su manera. "No me lo muevas, me gusta así", pide con gracia. Nos sentamos a conversar en las bancas del centro cultural, y lo primero que saca son decenas de páginas de su guión. "Es que después corro a ensayar", dice. Antes de cada ensayo de la obra, igual que todos sus compañeros, realiza un training vocal y corporal fuerte, que la ayuda a mantener la capacidad respiratoria para divertirnos con el tono cómico de su personaje.

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En "Happy End" te mueves, cantas, bailas. ¿Cómo surgió esta propuesta a tus 75 años?
No sé por qué me lo propusieron. En el texto original mi personaje incluso es un hombre…, ¡tenían ganas de trabajar conmigo no más! (ríe). No hay nada que me guste más que me ofrezcan cosas difíciles. Pedí que fuera bien gorda, estoy disfrazada, para que la gente no vaya a pensar "¡oh, que está gorda la Gloria!". Ha sido una experiencia maravillosa, me he encontrado con personas muy jóvenes, y otras no tan jóvenes como Bastián Bodenhöfer y Felipe Castro, que cantan como los dioses. Me tienen abismada con su profesionalismo, todos cantan, bailan, ensayan hasta quedar exhaustos, y están felices de trabajar en este género porque como actor te exige todo. Es bien duro.

¿Te gusta cantar y bailar?
Más bailar que cantar, porque en este país uno tiene menos opciones de cantar. Empecé bailando a los cuatro años, y siempre me gustaba la danza. De hecho, siempre le decía a la Cata Guerra que bailara cuando chica, porque es una maravilla.

¿Qué te pasa cuando muchos dicen que a los 65 años se jubila y está todo hecho?
Son súper jóvenes poh', muy jóvenes. Yo estoy con toda la energía del mundo, porque los descubrimientos de remedios te prolongan la vida mucho, entonces ¿qué haces los 30 años que te quedan después de jubilar? Hablo en general, porque en el teatro tenemos la suerte de seguir interpretando a la gente vieja, porque existen básicamente, pero no hay tantos personajes. Bueno, los actores no jubilamos porque nunca fuimos trabajadores chilenos… Estamos igual que los temporeros de la agricultura, nosotros recibimos un sueldo por el trabajo y chao.

¿Te impusiste todos estos años?
No, porque cuando empecé a trabajar nunca vi el futuro. Mi papá siempre me insistía, pero decía para qué, estaba en otra. Cuando me di cuenta había pasado mucho tiempo y no valía la pena. Además, hay un problema: no tenemos pega contínua. Puede pasar fácil un año para que alguien te llame de televisión, que es lo que da plata. ¿Y qué pasa ese año? Te comes los ahorros. Uno nunca gasta todo lo que te pagan en la televisión, que es un sueldo enorme, entonces esa plata va para los momentos que no tienes pega.

¿Es un tema qué va a pasar contigo en 20 años más?
No pienso, no quiero pensar…

Pero tienes a tu familia para que te apoye.
Siempre pensé que no iba a ser una carga para mis hijos, y no voy a ser una carga para mis hijos, tengo todo arreglado para no serlo. Quiero que vivan su vida tranquilos, ellos tienen sus problemas. Antes que ser carga, prefiero tomar cianuro (ríe).

Empezaste a trabajar en una época muy dura para las mujeres. Incluso dejar solos a los niños era mal mirado, ¿no?
Nunca me miraron mal, pero sí fue difícil. Eran dos niños que necesitaban la presencia de la mamá, y yo estaba en la televisión o el teatro. Cuando eran más chicos me preguntaban por qué no era profesora, era lo más cerca que tenían, aunque siempre los llevé a mis trabajos también. Mi vida era mi profesión y ellos, nunca pude entablar una relación duradera con alguien porque no tenía tiempo, estaba muy enfocada en ellos.

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Les diste harto tiempo, entonces.
Sí, es que eso de "no importa la cantidad, sino que la calidad", es mentira. Ponte tú, nunca fui a las reuniones de apoderados, porque eran de 7 a 9 de la noche y yo estaba en el teatro. Tengo muchas anécdotas de antes de ser conocida. Una vez llamé a un pediatra para que los fuera a ver a los ocho de la noche y lo recibió la empleada. Cuando los examinaba le preguntó dónde estaban los papás, y ella le dijo que el papá estaba en el extranjero y la mamá, en el teatro. El doctor reclamaba diciendo "estas madres de hoy" (ríe). Claro, él pensaba que había ido a ver una obra (ríe). Bueno, todas esas son faltas mías.

¿La culpa se quita con los años?
Sí, claro. Además me preocupé mucho de tener una buena comunicación con ellos, y ahí se me fueron todas las fuerzas. Hasta ahora la comunicación entre nosotros es maravillosa. Si me preguntas cuál es el amor de mi vida, son mis hijos. Son las personas por las cuales me pospongo a la menor provocación.

¿Pero te gustaría tener ahora una relación de pareja?
No tengo nostalgia para atrás, pero no te puedo negar que me enternece ver a los viejitos tomados de la mano. En mi caso estuve casada, sé lo que significa y no quiero volver a estar casada. Ya adquirí una cierta libertad. No le respondo a nadie por mis actos, hago exactamente lo que quiero. No me acomodaría una relación de pareja como las que se dan en Chile, donde se comen el uno al otro, hay sentido de propiedad, peleas, una relación así no me aportaría en nada a mi vida.

Muchos creen que las mujeres podemos estar solas, a diferencia a de los hombres.
Es que nosotras tenemos muchas redes, y siempre me he preocupado de tener muchas redes más que parejas. Tampoco uno sale a buscar amores, los amores llegan cuando menos los esperas. Aparecieron muchos después de separarme, pero ninguno que significara seguir una vida en común.

¿Algún mea culpa?
Uno se pone mañosa con la edad, y ellos también. Se acentúan los defectos y cualidades. Pelos en la tina o la tapa levantada ya no sería capaz de soportar. Ahora vivo con mi hermana mayor, que es una gran amiga mía.

¿Con qué disfrutas?
Con todo, con los placeres más simples de la vida. Tengo una parcela en Paine muy bonita, donde hay harto silencio, pero también disfruto cuando la casa se llena de gente. Me encanta cocinar, ir al cine, amo leer…

¿Y los viajes?
Dejé de viajar hace un tiempo, porque he estado trabajando y porque los viajes cortos me agotan. Ir de vacaciones por 15 días a Nueva York, me muero. Cuando sueño con viajar, me imagino ir a París para sentarme en un café y ver pasar la gente, no en plan de turista. El último viaje que hice fue con mi nieta Antonia, cuando cumplió 15 años. La llevé a Europa, Egipto y Turquía, pero nos llevaron en bandeja por todas partes.

Viviste en Francia, pero nunca quisiste quedarte a afuera, ¿por qué?
Desde que fui madre, supe que hacer una carrera fuera de Chile no era bueno para ellos. Bueno, nunca tuve la posibilidad tampoco. Jamás me llamó Woody Allen o Steven Spielberg. Tengo un sentido que relaciona lo que hago con mi realidad, con mi país. Nunca pensé quedarme en Francia porque no era mi realidad, no era mi lengua, era absolutamente exótico. Seguro que habría aprendido mucho, pero lo hubiese aplicado aquí de todas maneras. La gente joven debería irse, aprender, y luego volver.

Has dicho que no te considerabas bonita…, ¿en serio?
Fea, digámoslo (ríe).

¡Pero cómo te encontrabas fea!
Bueno, cuando veo fotos de cuando tenía 40 me pregunto cómo me encontraba fea si era hasta buenamoza. Es que uno va bajando el estándar a medida que envejece (ríe). Además, siempre trabajé en televisión, donde los estándares estéticos son ridículos. Tienes que ser flaca, pero flaca, flaca. Por ejemplo, la Amparo Noguera se ve flaca en televisión, pero en la realidad es más flaca aún. ¡Y yo nunca fui flaca! También era importante tener los ojos azules y el pelo rubio. Este país es latino, donde mires hay café, ojos cafés. Bueno, esas son las reglas del juego. Entonces, comparándome con las bellezas que estamos hablando, no cumplía con los requisitos. Si no fuera buena actriz, no podría haber accedido a la televisión.

Aparte de cumplir con esos estándares, debemos ser simpáticas…
Acá en Chile la simpatía en sí es un valor. Puedes ser ladrón, asesino, estafador, pero si eres simpático, estás al otro lado. Es bien raro lo que pasa aquí.

¿Te podrías describir como simpática?
Me considero súper pesada, porque mi sentido del humor es pesado. A veces creo que soy lo más divertida que hay, pero cae mal lo que digo. Muchas veces me han dicho que soy pesada, y trato de no serlo. Cuando chica era más pesada, ahora me hago más la simpática.

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¿Tienes algún complejo?
Todos los complejos. Tanto que cuando veo que la cámara está encima mío, me da como frío atrás de la cabeza. Es divertido, porque cuando llego al set me hago amiga del iluminador y le pido que recuerde que soy fea, así que me pone un filtro (ríe).

Eres una gran actriz…
No, he tenido suerte, no soy tan grande. Si Silvio Caiozzi no me hubiese llamado para "La luna en el espejo", sería otra mi carrera…

Pero tienes un tremendo talento reconocido por todos…
Es que no me siento gran actriz. Ahora mismo estoy súper acomplejada con este montaje "Happy End", porque estoy insegura… El otro día comentábamos que puedes tener 50 años de carrera, pero antes de un estreno siempre, siempre, estarás inseguro.

¿Qué opinas del humor que hace Natalia Valdebenito, de su exitoso show en Viña?
No vi el Festival, pero la conozco. Es total, fantástica. Parece que dejó la cagada allá. Es inteligente, aguda, y además me nombró en una entrevista, la amo.

Pero tú también tuviste tu faceta humorística.
Sí, pero no de autora. La gracia que tiene Natalia es que es autora, todo pasa por ella, nace de la observación. En cambio, nosotros somos comediantes con texto. Ojalá que se dé vuelta la tortilla, porque durante mucho tiempo el humor consistió en hablar de la cintura para abajo, pero aparece ella con un humor con más agudeza y una profundidad más grande. No es el chiste solo… En realidad nunca me han dado risa los chistes. Los niños llegaban del colegio y típico que me contaban un chiste, y yo les decía muy seria: "Divertido, síganlo contando". ¡Es que no me daban risa! (ríe).

"Creo que Pinochet era buena persona"
¿Se realizará finalmente la serie sobre Lucía Hiriart, donde serías la protagonista?
Hicimos un piloto. La idea es hacer un largometraje y una miniserie, igual que lo que se hizo con "Karadima". Entiendo que está en proceso, no he llamado para preguntar, pero es un buen proyecto.

¿Descubriste una nueva faceta de Hiriart?
Sí, porque ella es bien desconocida. Tenemos una idea, pero no sabemos quiénes son sus antepasados, de donde venía, cómo reaccionó para el golpe de Estado, la relación que tenía con Pinochet, con sus hijos.

¿Y qué es lo que más te llamó la atención?
Su dramática transformación de ser la señora de un milico que lo pasó más mal que bien, a arribar a un nivel donde ella se sintió con todo el poder del mundo. La dramaturgia está llena de personajes que frente al poder cambian totalmente, se convierten en otras personas, y a ella le pasó. Es bien interesante la influencia que tenía sobre Pinochet… Creo que Pinochet era buena persona, "bonachón", aunque un trepador dentro de la carrera militar, pero era calladito, de perfil bajo. La que lo impulsó al poder y a conseguir toda la autoridad que tuvo fue Lucía, que era bien fuerte. He leído varios libros y todos coinciden en eso. De hecho Allende, mientras bombardeaban La Moneda, gritaba "dónde está Augusto", porque él era su mano derecha.

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