Álvaro Rudolphy: "No rehúyo de los personajes de galán"

Se convirtió en uno de los actores más atractivos de la televisión, y además el éxito lo sigue para donde va. A raíz de su personaje en “Pobre Gallo”, revela cómo convive con las críticas, la familia, el estrés, el dinero y su desconfianza de las redes sociales.

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Por: Carolina Palma Fuentealba.

"El éxito me lo tomo con cautela porque la suerte no está echada aún, y además esto es bastante cíclico, independiente que el éxito pueda mantenerse. Hay teleseries buenas, malas… Son periodos. Aprendí con el tiempo a tomarme estos éxitos momentáneos con mucha cautela, porque a veces uno está arriba, abajo, vuelve a subir, a bajar", confiesa un agitado Álvaro Rudolphy (51) el día después del estreno de "Pobre Gallo", en un subsuelo de Mega. En esta ocasión interpreta a "Nicolás Pérez de Castro", un empresario estresado que va a vivir al campo para quitarse el vértigo que lo aqueja.

La competencia no le preocupa; más bien desea que se afirmen las áreas dramáticas de todos los canales porque le hace bien a la industria y permite competir por mejor contenido. De éxitos sabe hace años, y también de elogios, aunque cuando se acerca un guardia de la estación televisiva para felicitarlo y decirle que "no hay nadie que le pueda hacer el peso", emana gratitud.

Este arduo trabajo protagónico se une al desarrollo –como guionista y productor– de dos obras de teatro que espera estrenar el segundo semestre. Pese al cansancio, coincidirán que está más estupendo que nunca, aunque asegura que no hace un deporte específico para conseguirlo; más bien opta por algunos abdominales y flexiones en su casa.
Mientras transcurre la entrevista demuestra que le gusta explayarse cuando se trata de su trabajo, pero al entrar en su intimidad aparece una barrera que lo lleva a pensar cada palabra. Menos al tocar a su familia; simple –y sabiamente– se niega a responder preguntas relativas a su esposa, la periodista Catalina Comandari, y sus pequeños hijos Eloísa (6) y Diego (2).

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¿Qué te pasa con la crisis que vive TVN?
Me apena la situación de TVN, espero que se afirmen, que encuentren el camino. Siento que la gente prefiere la ficción nacional, porque esto de que se sigan las turcas, así como pasó con las producciones brasileña, es momentáneo. Prefieren lo nacional porque se identifican en temática, personajes. Ojalá que TVN encuentre el camino en series, teleseries. Ahora pasa por un mal momento, quizás no ha encontrado la huella, pero es algo momentáneo, y más adelante se va a revertir.

Una de las mayores críticas a la teleserie "Pobre Gallo" es que los personajes y la historia son muy similares a "Pituca sin lucas"…
Sí, pero fue buscado así. No es como "chuta, nos equivocamos, hicimos los mismos triángulos amorosos sin darnos cuenta". Fue ex profeso así, y quizás hay una suerte de devolverle la mano al público, porque le gustaron esos triángulos, esa empatía entre el grupo de actores, y se potenció lo mismo… ¿Por qué no? Es absolutamente válido. Si tienes un producto bueno, por qué lo vas a desechar. Podría haber sido una segunda parte, pero se hizo otra comedia romántica, con los mismos actores y algunos nuevos.

¿Cuáles crees que son las diferencias?
Creo que hay hartas similitudes, pero vemos personajes distintos como el de la Pao (Volpato), los Carabineros, tomando en cuenta que son de ficción, los mapuches…, mundos distintos a los de "Pitucas sin Lucas".

Tú personaje andaba acelerado por la vida. ¿Crees que es un síntoma del éxito profesional?
Es que estamos metidos en una sociedad que no está deteniéndose a pensar, está haciendo y haciendo. Mi personaje está en eso, y cuando le ocurre lo del vértigo, se da cuenta que no basta con estar, sino que tienen que ser, y ahí se empieza a dar cuenta quién soy yo. Cuando haces no tienes tiempo de conectarte contigo. A los chilenos nos pasa un poco eso, estamos todo el día arriba de la pelota, aunque estemos de vacaciones. No existe el no hacer nada, estamos metidos en una dinámica de entretenerse y el mismo entretenerse es hacer algo, como ir al cine, a comer, comprar, viajes, haces un asado, vas a otro lado… No paramos. Pocas veces te detienes para conectarte contigo.

¿Tú te das ese tiempo?
También estoy en la misma, estamos todo igual. Cuando te dan vacaciones quince días, tres semanas, me he dado cuenta que a la tercera semana recién comienzas a desconectarte y ya tienes que volver, y de nuevo te metes en la misma dinámica. Cuando no estás haciendo, lo que a veces nos pasa a los actores cuando esperamos la siguiente teleserie, empezamos a pensar altiro en qué hacer, en la obra de teatro, un pituto por acá, te juntas con alguien para crear un proyecto… Hacer, hacer, hacer.

¿Te das momentos de calma?
Trato, pero uno es un ser social y familiar, y cuesta harto cuando estás con tus niños. Cuesta parar.

¿La familia te ayuda a descansar?
Para desconectarme, pero igual entras en la dinámica de acción. A los niños se les busca actividades, y no debería ser así, porque uno aprendió aburrirse, y ahí te ponías creativo y empezabas a actuar frente al espejo (ríe). Hoy no le damos el tiempo de aburrirse a los niños, porque tenemos la sensación que no hacer nada es lo peor, pero todo lo contrario.

Tienes dos hijos chicos. ¿Es difícil a los 50 años?

No, es exquisito, pero no vamos hablar de la familia… Vale, hablemos del dinero.

¿Lo relacionas con el éxito?
No, el éxito es estar bien emocional, física, familiarmente, y en lo laboral, es poder desarrollar proyectos que te dejan satisfecho.

¿Te das gustos caros?
Soy bien poco de eso la verdad. No tengo nada lujoso, no me gusta el lujo.

¿Y el auto?
Tampoco fíjate. Por supuesto, Hyundai me lo da en concesión, pero de los Santa Fe es el más básico: petrolero, mecánico, entonces no soy de lujos.

¿Viajes?
Eso sí, pero nada aparatoso. Me gusta ir a Buenos Aires, pero no me voy a Emiratos Árabes. También me gusta ir en familia. Lo relaciono con viaje de placer, conocer y compartir.

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¿Qué te compras?
Nada…, quizás los sopletes que colecciono. La gracia que tienen es que ninguno es original, porque están intervenido por el gasfíter que los usó, entonces tienes algunos de la misma marca, del mismo modelo, y ninguno es igual al otro. Me parece particular.

Llevas más de 20 años personificando a galanes…
Quizás más porque llevo de teleseries más de 28. En las primeras hice de galán joven con la Ana María Gazmuri. No en todas he sido galán, pasé por asesino, huaso, vampiro, pastor de una secta…

¿Pero te gusta el rol de galán?
Me acomoda, aunque también me gustan los personajes como el de "Alguien te mira", que no se enfocan en el área romántica. Pero no rehúyo de los personajes de galán, me gustan, no es malo (ríe). Son distintos matices, pero no son simples. El trabajo con emociones no es fácil, es desgastante. En "Alguien te mira" estaba con energía más oscura, andaba bien saltón en esa época. Con el tiempo aprendes a desconectarte. Si estás por diez horas metido en un estado de ánimo específico, obviamente que te tiñe.

¿Qué le pasa a un hombre de 50 años cuando varias mujeres alaban tu aspecto o dicen que estás como el vino? ¿Te acostumbraste?
No necesariamente, pero qué rico, gracias (ríe).

¿Y el ego?
No, por suerte nunca me conecté con eso. Creo en lo que le digo a mi mujer cuando se enamora de los protagonistas de algunas series: "Mi amor, sácalo del personaje, y te vas a dar cuenta que es un tipo común y corriente". Pasa lo mismo con uno, porque la gente se enamora del personaje, pero uno es un cualquiera, otro más que va por la calle.

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¿Y te preocupa la ropa? En un programa alaban tu estilo…
(Ríe) No me tomo tiempo en vestirme bien, pero si debes ir a un evento mejor vestido, lo haces. Por ejemplo, cuando tuve la suerte que me nominaron al Copihue de Oro, me lo gané, y ahí había alfombra roja.

¿Todavía no usas redes sociales?
Solamente Instagram.

¿Te obligaron hacerlo? Hace un tiempo huías de ellas.
No, tengo Instagram hace dos meses, y no tengo ni Facebook ni Twitter. Es que mi mujer tenía Instagram y lo encontré simpático. Subo fotos, pero no escribo. Todos me dicen que le ponga algo, pero no, la foto habla por sí sola. Dar opiniones no me acomoda.

¿Cómo cuáles? ¿Sobre un tema político o comentar que estás comiendo en tal restaurante?
Ambas. ¿A quién le puede interesar que uno se esté comiendo un plato de porotos con riendas en el Mercado Central? No es el espacio, no me gusta usar esa plataforma de comunicación…, no la entiendo quizás. Nunca voy a caer ni voy a tener Facebook o Twitter.

Quizás sobre temas sociales. Ahora vemos que muchas marcas están coludidas. ¿Opinas sobre eso?
Estoy bastante ajeno a lo que ocurre, porque por el momento estoy enfocado en mi oficio. Simplemente soy un espectador que, como millones de espectadores del país, mira con espanto todo lo que ocurre. No solamente en eso, sino que también en los casos de corrupción en la política, abusos en la iglesia, todo.

Históricamente se ha pensado que los actores cuentan con un poder para provocar alguna tendencia de pensamiento en la gente…
Es tan delgada la línea. Cada día pasa algo, luego tiene una consecuencia, y dos días después te das cuenta que no era verdad, que era mentira. Si no estoy a caballo sobre algún tema, me da pudor dar una opinión que puede estar absolutamente errada. Te sorprendes de todo. Estoy, como dice una canción de Fito Páez, al lado del camino.

CREDITOS ROPA:
Camisa Gap, pantalón Zaza Dorali.
Chaqueta jeans Gap, camisa Calvin Klein, pantalón y corbata Zaza Dorali.
Camisa cuadros Zaza Dorali, pantalón Calvin Klein.