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Las más inolvidables frases de «Alicia en el país de las maravillas»

Hoy Alicia cumple 150 años en el país de las maravillas. Lo celebramos con las mejores frases de este cuento a prueba de tiempo.

Hoy hace 150 años se publicó por primera vez Alice’s Adventures in Wonderland (Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas), una obra maestra y entrañable creada por el matemático y fotógrafo Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll.

En Inglaterra, país natal del autor y la obra, se está celebrando el aniversario con la impresión de una colección de estampillas postales en que aparecen las imágenes de Alicia, el Gato de Cheshire, el Conejo Blanco y la Reina de Corazones. Las ilustraciones corrieron a cargo de Grahame Baker-Smith.

Llevada al cine en 1951 y en 2010, la historia de Alicia fascina por sus diálogos y sus situaciones absurdas. En el país de las maravillas no hay espacio para la lógica convencional, lo que puede experimentarse como un puente hacia la incomodidad o la angustia. No sé ustedes, pero yo, mientras leo Alicia, a veces no sé si reírme, tronarme los dedos o ponerme a llorar.

Aprovecho la ocasión para recomendar la lectura de Alice I Have Been, de Melanie Benjamin, novela en que se aborda la relación entre Dodgson y Alice Lidell, la niña que inspiró la creación de la personaje y de la historia.

Y ahora sí, las mejores de frases del libro.

Alicia no tenía la menor idea de lo que era la latitud, ni tampoco la longitud, pero le pareció bien decir estas palabras tan bonitas e impresionantes.

Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo.

O el pozo era muy profundo, o ella caía muy lentamente, porque mientras descendía le sobraba tiempo para mirar alrededor y preguntarse qué iría a pasar a continuación.

Te regalo todo lo que dije hasta ahora.

¿Por qué es que siempre se es demasiado bajo o demasiado alto?

Creo que sí, estás demente. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.

Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía).

Todo tiene una moraleja, sólo falta saber encontrarla.

Si cada uno cuidara su propios asuntos, el mundo giraría mucho más rápidamente.

Y cuando termines de hablar… ¡te callas!

¡Qué extraño es todo hoy! ¡Y ayer sucedía todo como siempre!… ¿Habré cambiado durante la noche? Pero si no soy la misma, el asunto siguiente es ¿quién soy? ¡Ay, ése es el gran misterio!

—Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
—¿Cómo sabes que yo estoy loca?
—Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.

Es una pobre clase de memoria que sólo funciona hacia atrás.

Hay trescientos sesenta y cuatro días en los que deberías obtener regalos de no-cumpleaños, y sólo uno para regalos de cumpleaños, ¿sabes?

De modo que ella, sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad.

¡Felices 150, Alicia!

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