Sobreviviendo al frío con Torres

La publicación de “Torres” (2013) tiene más de 1 año, detalle que no quita fundamentos para destacarlo.

Estando en mayo, aún queda poco menos de un mes para que el invierno llegue al hemisferio sur de la tierra, odiado por unos y amado por otros. Pero incluso con el otoño vivo entre las estaciones, es necesario desde ya encontrar algún asidero para capear el frío que sin duda, calará hondo.

Mackenzie Scott es una cantautora de 23 años proveniente de Nashville, cuyo nombre artístico es simplemente Torres, alias que surge por el apellido de uno de sus abuelos, el cual tenía ascendencia española. En su corta trayectoria de apenas 2 años, sólo ha publicado aquel disco homónimo, que hoy convoca en esta seudo crítica/recomendación.

Para comenzar, lo más importante. La característica principal de la artista es su particularidad en el ambiente que genera con los instrumentos, asimismo con su voz. De aspecto crudo, el sonido y ruido de las distorsiones, convierten este disco que posee su piedra angular en el folk, en una obra que alcanza muchas más aristas.

Claro, porque sería una falta grave afirmar que simplemente es un disco folk. Más que eso, es una mezcla entre dicho género, Rock Alternativo y Lo-fi. Retomando el ambiente mencionado anteriormente, las 10 canciones generan el efecto de situar al oyente en un escenario vacío, donde la voz cálida de Mackenzie revolotea con una libertad reducida.

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Con una notoria desesperación, escuchamos una calidez y ternura vocal por parte de la artista, pero una musicalización bastante taciturna, más cercana al ruido blanco que a la “música oscura”, que termina varias veces absorbiendo casi por completo la voz de Torres.

Al escucharlo por primera vez, es probable que ni te des cuenta cuando termina una canción y comienza otra. El pulso se mantiene constante, aspecto un poco negativo, ya que a las canciones les dificulta – sólo un poco – conseguir personalidad propia.

De por sí, las composiciones son bastante sencillas. A veces son articuladas sólo por una guitarra, la batería y la voz, otras veces son acompañadas por un cello, teclado o un violín, los cuales no llegan a alcanzar protagonismo, sino que son simples ornamentos de esta conjugación de sonidos ruidosos, que calan hondo como el frío.

Las líricas de los temas, por su parte, tratan tópicos que nacen entre las personas cuando justamente están faltas de calor; desconfianza,  duda y espacio. Los demonios de los individuos un tanto lejanos. De manera particular, los tracks que resaltan del resto son “Honey”, “Jealousy and I”, “Waterfall” y – de aquí la inspiración del texto – , “When Winter’s Over”.

En cuanto a crítica se trata, el disco fue recibido calurosamente. Pitchfork Media le puso un 8.1 de 10, en Metacritic obtuvo un ranking de 84/100 y la revista NME (New Musical Express) le otorgó un 9 de 10, considerando la placa como una obra maestra. Sorprende que su música no se haya masificado, particularidad que no molesta para nada.

En síntesis, este disco es una recomendación excelente para aquellos que no reniegan el frío, por el contrario, conviven con él, incluso en la primavera y el verano. Las piezas que lo conforman no serán suficiente para subir la temperatura – de hecho, puede llegar a ser un tanto monotemático, lo que puede aburrir a varios -, pero sí hará más llevaderos los próximos meses gélidos.

Te dejamos con dos versiones en vivo de los temas destacados, que son una pizca de lo que aquí se ha escrito. A ver si convence.