¿Cómo construiste la persona que eres hoy? Te recordamos qué pasó, por Edmundo Campusano

Siempre es tiempo, sobre todo los de descanso y vacaciones, de mirarnos, de arriesgarse a inventarnos una idea de uno mismo, un yo más en movimiento, con más novedad, con nuevos aires, con un modo de “estar siendo”, más flexible, menos atrapado en el pasado, y con más posibilidades de ser en el ahora quien queramos.

 

 

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Imagen: Getty 

Una de las ideas más importantes en nuestra cultura, es que uno "es alguien", que tenemos algo así como un yo, una identidad, eso que nos define y nos hace ser quienes somos y hacer lo que hacemos cotidianamente.

¿Pero cómo se construye?, ¿cómo llegamos a "ser" ese que definimos, ese que defendemos tanto, ese que creemos ser constantemente?.

Recordemos algunas cosas:
1) El hacer consciente diariamente es casi imperceptible, casi ínfimo día a día, es decir, somos casi inconscientes diariamente de lo que hacemos, de lo que sentimos, en suma de lo que "somos".

2) Luego de vividas las experiencias y las situaciones, les damos sentido, pero a posteriori, las integramos a una trama, a una idea coherente de lo que somos, y las organizamos de modo tal que nos parezca que lo que hicimos fue consistente y coherente con lo que "somos".

3) Vivimos inmersos un "mar" de relaciones, de relatos e historias construidas por grupos y comunidades (amigos, familias, trabajos, redes sociales, etc..

4) Estas historias son contadas y recontadas una y otra vez, en los diversos espacios en que nos movemos, la casa, los amigos, el trabajo, lugares en que nos divertimos, vacacionamos, etc,…y en todos ellos somos y existimos, en ellos se cuentan y contamos historias, ideas, de todo y de nosotros mismos; es como si todos nos encargaran colectivamente de que cada uno sea el mismo de "siempre", que se siga siendo el que "es".

5) Le tenemos mucho miedo al cambio, a lo novedoso y además a lo incierto, le tememos a no saber, así mantenemos o preferimos mantener ideas de uno mismo, aunque sean feas, enfermantes, dolorosas, estigmatizadoras de uno, etc…, antes que atrevernos a vernos de otro modo, o al menos cuestionar las ideas que tenemos de nosotros mismos, ya que esa sola posibilidad, de no ser lo que creíamos, no aterra.

6) La cultura y la sociedad en su conjunto presiona fuertemente a estructurar un relato, una definición, una idea de lo que cada uno es; castigando y criticando duramente a quien "no sepa quién es", a quien no se "conozca a sí mismo"; así, en todas partes se nos exige tener un relato coherente y articulado de quienes somos.

7) Lamentablemente esa idea de creer que somos, está anquilosada en el pasado, en un tiempo pasado que tampoco sabemos dónde quedó "guardado"; le atribuyen a la experiencia vivida (siempre unas 4 o 5 experiencias…..algo bien extraño ¿no?) que al parecer habrían quedado en un espacio inventado, algunos le llaman mente, inconsciente, etc….pero tampoco saben qué es y dónde está (lo que sí sabemos hoy, es que no está en la cabeza, como ignorantemente se creía hace décadas atrás).

En suma, parece que cada uno es o más bien está constantemente siendo ese micro cosmos de relatos, de historias vividas, de historias contadas y recontadas, una y otra vez por cada uno y por los demás. Es como si todos de algún modo, nos encargáramos que en lo particular cada uno "sea alguien", como si el yo de cada uno fuera fruto de lo colectivo, o una rica mezcla de la parte y del todo, como si fuéramos toda la arena de la playa y un grano a la vez, lo uno no existe sin lo otro.

El modo en que esto es posible, el poder contar y contarnos a nosotros mismos, el poder tener la idea de un yo, de estar siendo, está estrechamente ligado con la posibilidad de moverse en el mundo, de hacer, de caminar, de hablar, de tocar, de tener experiencias y de fluir en el vivir, de aprender de lo novedoso, de abrirse a la posibilidad de experienciar emociones nuevas, que amplifiquen el espectro de ideas y vivencias de la realidad que tenemos y que muchas veces, lejos de ayudarnos a "ver" y entender, nos atrapan en lo mismo de siempre.

Siempre es tiempo, sobre todo los de descanso y vacaciones, de mirarnos, de arriesgarse a inventarnos una idea de uno mismo, un yo más en movimiento, con más novedad, con nuevos aires, con un modo de "estar siendo", más flexible, menos atrapado en el pasado, y con más posibilidades de ser en el ahora quien queramos, menos constreñidos por la propuesta social, y así no estar "condenados" a ser ese que creíamos ser, o al menos, poder soltar aquellas construcciones personales que no nos hacen feliz.