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Sonic Youth y Primus levantaron el polvo en cierre de Maquinaria

Estuvimos en la clausura de un festival con sonidos diversos y marcado por el que debería ser el penúltimo concierto de los neoyorkinos liderados por los desavenidos Gordon y Moore, y la revancha en Chile de la banda capitaneada por Les Claypool.

El cierre del festival que abrió el día anterior con una jornada repleta de asistentes, borrachos desordenados, y entre otras varias potentes presentaciones la extraña resurrección de Faith No More, ayer nos recibía con un grupo de peregrinos musicales mucho menor -que de hecho totalizó la mitad del sábado inaugural con 30 mil asistentes-, un sol al parecer menos abrazante, y una cartelera que nos paseó por la electrónica, los sonidos de un auténtico y fino heredero del reggae, hasta el hiphop más fiestero en manos de uno que conoce la fórmula de levantar públicos únicamente haciendo aparición sobre el escenario.

Pero para ser honestos, y bien sinceros, la edición 2011 de Maquinaria traía para mí apenas un par de recitales imperdibles. Sonic Youth estaba primero que todo, banda que pese a que el quiebre matrimonial entre sus dos arterias principales es conocido por el mundo entero, practicamente no quiso dar señales de despedida de ningún tipo. Su diálogo con sus fans se limitó a provenir en un 97% a las notas de sus instrumentos y de su sobrado talento sobre el escenario, y lo demás fue uno que otro saludo. El adiós simbólico sin embargo, sólo quedaría patente con aquella frase que se despachó Thurston Moore hacia el final del show y bajo un sol que coincidentemente también nos decía adiós. “Manténgase Libres”, dos palabras que acapararon la mayoría de las notas de prensa de la presentación de los neoyorquinos quienes lamentablemente, están en una acelerada vía de extinción.

Y si Primus en 2010 venía como invitado especial para la despedida en Chile de la banda de Mike Patton, hoy llegaba por segunda vez con formación original (Les Claypool liderando, en voz y bajo, Ler LaLonde en guitarras y Jay Lane en la batería) y acompañados de su par de astronautas inflables para cobrar revancha de lo que había sido un concierto que no los supo posicionar como era merecido. Fue una verdadera revancha que superó con creces el sonido y la puesta en escena, aunque el repertorio esta vez, sacó un poco de ronchas.

La culpa la tiene su última placa Green Naugahyde, que fuera de tener un par de canciones capaces de mover a un público festivalero, Primus se encargó además de hacer extensiones atmosféricas de sus temas con los típicos alargues donde predominaron los efectos de bajo. Hay que decir que a veces esto sólo servía para enfríar el ambiente en medio de sonidos que parecían sacados de un cocnierto de Pink Floyd.

La sorpresa y cuota emotiva del domingo festivalero me la llevé con el gran Damian Jr. Marley, quien se instaló con su impresionante cabellera acompañado de una orquesta tremenda, donde la película se la robaron lejos el dúo de coristas. Las alusiones a Marley padre vinieron de la mano de clásicos como Get Up, Stand Up y Is This Love?, entre otros clásicos, mientras la imagen del ícono histórico del reggae se proyectaba en las pantallas como el espíritu presente de un cancionero épico, demostrando una vez más que el género musical nacido en Jamaica, no morirá nunca.

Pero si Sonic Youth estuvo marcado por la polvoreda que se levantaba cada vez que el público prendía con algún hit, para Primus la cosa era irrespirable. De hecho, Snoop comenzaba a salir a escena en el escenario contiguo con propiedad y parafernalia total, y el polvo seguía posándose en forma de nube sobre las cabezas. La noche estaba ya instalada por completo en el Maquinaria 2011.

Fotos: Pablo Gutiérrez V.

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