Rayén Araya sobre su caso de discriminación laboral: “Pasé a ser la cara de una pelea que damos muchas”

Comenzó a trabajar a los 17 años y hoy la periodista –casada y madre de dos hijas– habla de su demanda contra la radio Bío Bío, de la importancia de dar cuenta de los abusos en todos los ámbitos, del sexismo en los medios de comunicación y su nuevo rol en 'Llegó tu hora', de TVN.

Sentada en un café de Providencia que acostumbra visitar, Rayén Araya  (37) no titubea. Segura de sí y con una voz vehemente, hace rato dejó atrás a la joven comunicadora que vimos nacer en Extra jóvenes a principios del 2000. A lo largo de su carrera, la periodista ha incursionado en radio y televisión, destacando en las áreas de espectáculo y prensa.

En diciembre de 2017 fue destituida de la radio Bío Bío, en la que permaneció por cinco años como conductora de los programas Radiograma y Expreso Bío Bío. Dos meses después, hizo pública una demanda contra la emisora por abuso laboral y despido injustificado. En marzo de este año tuvo lugar la audiencia preparatoria de su caso y, en julio, se enfrentaron ambas partes nuevamente.

“Cuesta asumir el concepto ‘abuso laboral’, porque implica darte cuenta de que fuiste víctima de ello”, dice.

El juicio de la periodista está en curso y depende del Primer Juzgado de Letras del Trabajo de Santiago, y hoy, a cinco meses de que tomara la decisión de hacer público lo que vivió con su ex empleador, se concentra en nuevos proyectos, prepara una serie documental con la que ganó un fondo del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), otra producción audiovisual que se exhibe en El Desconcierto y colabora en el Colegio de Periodistas con una mirada crítica hacia los medios de comunicación.

Reconoce que este período ha sido complejo, pero su testimonio da cuenta de que romper la barrera del silencio puede traer cambios positivos.

“Hay que atreverse a denunciar porque ‘el fantasma de que no te van a contratar’, no existe”, sentencia.

¿Cómo te diste cuenta de que estaba ocurriendo algo irregular?

En una reunión en que Tomás Mosciatti me dice que no quiere que siga en la radio y que mi compañero tampoco quería que estuviera en el programa. Fue violento y sorpresivo, yo estaba con fuero maternal. De ese encuentro salí bien afectada y hablé con Álvaro (Escobar), quien dijo que no trabajaría en un lugar donde despiden a una compañera con fuero y que, si terminaba así, él también se iba. Después, Tomás lo llamó a conversar y se echó para atrás. El 2017 fue un infierno, tuve que trabajar pese a que no me querían en el lugar y la única razón de esto fue mi embarazo.

¿Qué te hizo tomar la decisión?

Le pasó a una productora que trabajaba con nosotros, que cuando supo que estaba embarazada, tenía susto de comunicarlo, pero ¿cómo puedes sentir susto de eso si no es porque hay un ambiente adverso? Estuvimos embarazadas casi al mismo tiempo, pero cuando volví me dijeron que se había ido de Santiago. Cuando hablé con ella, me dijo que sintió una presión tan grande, que renunció. También le pasó a otra periodista, cuyo caso mencionó en la demanda. Además, me di cuenta de que había una diferencia de sueldo con Álvaro, que atentaba contra el acuerdo contractual que teníamos con la radio y que no había igualdad en el trato. Fui sumando cosas y dije “tengo que hacerlo”.

¿Sentiste miedo?

Claro, existe una cultura de desincentivar las denuncias porque vivir estos procesos es súper complicado. A veces no te permiten retirar parte de tu finiquito y te quedas sin plata durante quién sabe cuánto tiempo, o con la etiqueta de “conflictiva”. Gente me decía “no lo hagas”, “vas a quedar marcada”, pero para mí la responsabilidad social es más grande. No tiene sentido ir por la vida denunciando lo que le pasa a otros y quedarme callada cuando me pasa a mí. Hay un factor externo a lo mío y es mundial, tiene que ver con levantar la voz y decir: “Esto no puede seguir ocurriendo”.

A pocos días del despido de Rayén por parte de la radio, la periodista fue invitada a realizar un balance de lo que fue el 2017 en Mentiras Verdaderas, de La Red. En pantalla, el conductor del programa, Ignacio Franzani, plantea el caso de Harvey Weinstein y le pregunta si ha sufrido acoso en el trabajo. No supo qué responder.

“Me quedé helada y di la respuesta más vaga de toda mi vida, porque entendí que lo que me había pasado era eso. Después hablamos y me dijo: ‘A ti te pasó algo’, entonces le conté que estaba viviendo una situación súper compleja con la radio y me di cuenta que no podía dilapidar años de trabajo a partir de un tejado de vidrio que me estaba construyendo. No me podía hacer la loca con esto”.

¿Te dolió que te desacreditaran al momento de hacer pública la demanda? ¿Qué te pareció la reacción de Álvaro Escobar?

La única manera en que entiendo esto es que hay una animadversión hacia los embarazos en la radio. Creo que Álvaro no resistió la presión de la opinión pública que le exigía tomar parte. Yo en su lugar, lo hubiera hecho distinto. Salió diciendo que era mentira, que si los colegas no me apoyaban eran cobardes y ahora está entre los testigos de la radio. Sentí mucha decepción y pena. Luego de que entró a Rojo, vi que en una entrevista hablaba sobre la importancia del apoyo a los compañeros de trabajo en casos de denuncias. Quizás ahora tiene una opinión distinta.

Rayén-Araya

Trabajaste cinco años en la radio, ¿el ambiente siempre fue así?

Los medios son sexistas, lo vemos en sus publicaciones y, si llegan a ese nivel, imagínate el trato interno. No todos tienen los mismos códigos, pero para las comunicadoras, periodistas y productoras hay un montón de dificultades: se nos exige mucho más y el embarazo siempre “es un cacho”. He estado en más de un medio en el que, a la hora de contratar a profesionales, optan porque sea hombre; y si es mujer, aparecen las frases “ojalá no se embarace”, “ojalá no tenga niños chicos”.

¿Te han contactado otras personas para comentarte sus experiencias?

Me escribieron mujeres de la minería, profesoras, de entidades de gobierno, de instituciones públicas y del retail, quienes me contaban sus historias en señal de apoyo. A algunas mujeres las despiden a días de nacidas sus guaguas, o no les pagan las licencias. Una vez alguien se acercó a decirme “qué bueno lo que estás haciendo”,  y me di cuenta de que pasé a ser la cara de una pelea que damos muchas y ha sido un alimento esencial para llevarla adelante. Mi situación pone en cuestión la manera en la que los empleadores tratan a sus trabajadoras y deja en evidencia que no se respetan protocolos, que el lenguaje sexista es habitual y que el machismo está instalado. Espero que para mis hijas sea más sencillo a futuro.

¿Cómo ha sido tu vuelta a la televisión?

Antes de TVN me contactaron de otros medios y me decían “hablemos una vez que termine el juicio”. Cuando me llamaron del canal, lo primero que pregunté fue si les complicaba la demanda contra la radio, y me dijeron que no, que era mi derecho y que esperaban que se resolviera pronto. Lo tomo como una señal que no es sólo para mí, sino que global y demuestra que hay que atreverse a denunciar, porque el fantasma de que no te van a contratar, no existe. Me gusta Llegó tu hora, lo tomo como un desafío, es difícil hacer sólo una pregunta a un entrevistado.

Pese al juicio en curso, la demanda te catapultó a un buen momento en lo profesional. ¿Cómo lo evalúas?

Como dicen los gringos, fue una “oportuncrisis”; me trajo nuevos aires. He podido desarrollar varios proyectos audiovisuales como productora ejecutiva. Primero fue El resto es historia, una web serie en El Desconcierto, y otra sobre la historia del teatro en Chile, de seis capítulos, con la que ganamos un fondo del CNTV y se pasará por TVN en enero de 2019. He colaborado con el Colegio de Periodistas, lo que me ha llevado a seminarios y charlas, a estar en las tomas universitarias y con fundaciones que reivindican los derechos de las mujeres. No es muy común que una comunicadora se declare feminista y no estaba en mi plan de vida. Ha sido enriquecedor.

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