María José Quintanilla: “Nunca me encasillé en un estereotipo”

Aplicando las leyes de la física a la vida, su energía no se destruye, sólo se transforma. De niña Rojo a panelista de Mucho Gusto, conversó con Nueva Mujer sobre su amor a la música, su cercanía con la gente y la importancia de aprovechar todas las oportunidades que entrega la vida.

Pocas personas podrían decir que han vivido más de la mitad de su existencia con un club de fans a su lado. Ese es el caso María José Quintanilla y, aunque ese dato no lo aporta ella, es un hecho: desde el momento que entró a Rojo como cantante, a los 12 años, ha estado acompañada por una fanaticada fiel. Hoy, con 28 años, continúa en la música preparando su noveno disco y es parte de Mucho Gusto, el matinal de Mega.

Ni en comentarios de redes sociales, ni en los móviles que realiza en el matinal, ni en esta entrevista, Coté, como la llaman cariñosamente sus cercanos, puede desprenderse de su infancia, no le molesta. “Es bonito, una también se siente parte de una familia y eso se generó en Rojo. Estábamos justo en un horario donde la gente se sentaba a tomar once, que es algo tan chileno. A mí me gusta que me digan ‘uy, que está grande, yo la veía de chiquitita’. Ellos saben lo que me pasaba de niña, vieron mi adolescencia, una etapa que es súper profunda y complicada, y ahora en mi súper adolescencia adulta, me acompañan”, explica entre risas.

Mientras la maquillan, cuenta que viene llegando de Ibiza con una actitud muy “tranquila, relajada y zen”. El viaje que hizo junto a dos amigas es un hito en su vida, ya que es la primera vez que sale del país por razones distintas al trabajo. Reconocida trabajólica y optimista, pese a que disfrutó cada momento, no enfrentó el regreso a Chile como una tragedia, todo lo contrario: “Amo mi rutina, no tenía ni un problema en volver, me podría haber tomado más días y no quise. Me aburro cuando no estoy trabajando, empiezo a inventar cosas”.

¿Cómo miras desde acá tus primeros años de carrera?

Desde chica tenía muy claro que me gustaba cantar. Si las cosas no se hubiesen dado de esa manera, hubiese tenido que cambiar mis planes y, de verdad, me hubiese ido de vacaciones para borrar mi cotidiano. Salía del colegio corriendo porque quería ir a Rojo a cantar, esperaba la fecha de los conciertos como las niñas esperan que les celebren el cumpleaños, sentía que todo lo que me gustaba iba a pasar ese día. Mi primer amor era la canción que más me gustaba cantar, llegaba un momento del concierto en que la música se detenía y la gente se quedaba cantando. Esos momentos los atesoro mucho.

¿Te sentías consciente de que estabas viviendo algo grande?

No le tomé el peso a ser conocida, para mí era como un juego. Subirme al escenario, tener esta personalidad que en el colegio no podía mostrar porque tenía que portarme bien. Esto me permitía sacar toda la “perso”, hacer desorden. Nunca fui tan consciente de que la gente me conocía hasta Viña, ahí se marcó heavy. Dije “chuta, la gente en verdad me conoce y le gusta la música mexicana”.

¿Cómo fue para tu autoestima vivir la adolescencia en la tele? ¿Te sentías presionada con los estándares de belleza?

Nunca me encasillé en un estereotipo. Como crecí dentro de este juego estaba muy libre. Nunca me sentí ni bonita ni fea. Y siento que la personalidad que tengo es por las herramientas que me entregaron en la casa. Creo que más allá de sentirse bonita, una tiene que estar sana y eso tiene que ver con el cuerpo, con la mente y sobre todo con el alma. En la adolescencia, miraba a otras y decía “oh, qué regia”, pero desde la admiración. Igual creo que me salvé porque no había redes sociales. Siento que hoy te puedes hacer un perfil con una foto que no es tuya, con un nombre que no es tuyo y decir lo que quieras sobre una persona.

María José Quintanilla

Olfato y temple: sus herramientas

“Tenía todas las de perder: quería ser cantante en un lugar donde ser cantante era una utopía. La gente se reía de mí, esperaba que se me pasara. Por las herramientas que me dieron mis papás, pude decir ‘ríanse todo lo que quieran, pero voy a trabajar para que esas risas sean porque lo estamos pasando bien, y van a cachar que soy cantante’”, dice al referirse a sus inicios, donde la sola posibilidad de estudiar música resultaba imposible de costear para su familia.

De sus papás heredó la música. Con un padre criado en Mallarauco y una madre de San José de Melipilla, llegó a las rancheras de forma orgánica, porque son las estrellas de la música popular en Chile, protagonistas de la banda sonora que construyó junto a su familia. Su carrera la llevó a toparse con uno de los artistas que más sonaba en los casetes de su infancia: Juan Gabriel, con quien cantó en el Auditorio Nacional de Ciudad de México y compartió en su casa de Cancún. Grabó canciones que apenas conocía, se desplazó cómodamente de un estilo a otro y salió llena de elogios. Destaca que con él, aprendió que las oportunidades por sí solas no valían de mucho si no las aprovechas con inteligencia y temple.

Su jornada laboral comienza en el camarín antes de las siete de la mañana. Ahí, entre maquillajes y productos para el pelo, canta canciones de Maluma y Camilo Sesto con sus compañeras. Aunque nunca sabe a qué hora terminarán sus días, no transa con la energía y la buena onda. Ésa es la tónica del equipo que describe como “sólido, querendón y preocupado”, de quienes se considera regalona, una característica que la acompaña desde que debutó en televisión. Es que María José se vincula desde los afectos, sin barreras: “Hay gente que es temerosa con eso. Por mí, si hay que sufrir, ¡sufrimos!”, dice entre risas.

¿Cómo ha sido trabajar de panelista?

Muy distinto. Los temas cambian todos los días, es un programa muy vertiginoso. Lo que más me agrada y, donde más me siento cómoda, es cuando tengo que salir a móvil, donde la gente es parte de lo que estás haciendo. En un año me subí a un camión de basura, me puse en los zapatos de una persona no vidente, miles de cosas. Mucho Gusto me da ese feedback inmediato. Es genial verle la cara a la gente, me gusta que se respeten las opiniones de todos y es rico estar en un panel donde podemos conversar, donde hay señoras, gente joven, gente soltera que quiere tener hijos o no.

En el matinal, te toca hablar de cualquier tema. ¿Cómo te preparas para enfrentarlos?

Tenemos una pauta, sabemos los temas que vamos a hablar. No sé si hay temas con los que me quiera mantener al margen, pero sí algunos ante los que no me puedo quedar callada. Me pasa cuando me tengo que enfrentar a la desigualdad, ante abuelitos que no pueden pagar sus cosas o les ocurrieron situaciones terribles que no pueden arreglar porque reciben una pensión miserable. No me parece, ahí hay que alzar la voz.

¿Eres matea?

Trabajo en un matinal donde mi horario de entrada es a las siete y llego veinte para las siete todos los días. Soy entre matea y un poco obsesiva. Me gusta mucho mi pega. Si a mí no me gustara aunque sea un poquito, aborto misión porque se me nota cuando algo me desagrada. ¡No me puedo reír! Además, necesito aprender cosas constantemente. En este rubro, si no estás en constante movimiento, te oxidas. No me quiero quedar sólo con que canto bien.

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