Julián Elfenbein: “Mis hijos me han enseñado a ser feliz”

Regresó a la televisión con 'Pasapalabra', el exitoso programa de Chilevisión. Un buen momento que viene a coronar una vida familiar estable, respetuosa y lúdica, donde sus hijos ocupan todos los espacios.

Tras ser despedido del matinal 'Muy buenos días', de TVN, hace dos años, Julián Elfenbein (44) regresó de la mejor forma. 'Pasapalabra', el programa de concursos de CHV, se transmitía una vez a la semana y ahora se exhibe martes, jueves y domingos, transformándose en el gran éxito del canal. “El equipo, liderado por Carlos Valencia, ha sido fundamental. Es un honor trabajar en este equipo pequeño que hace un esfuerzo enorme. Estoy muy contento. Tuve varias ofertas para volver a la televisión, pero, más allá de haber pensando en volver o no, cuando me mostraron 'Pasapalabra', ya conocía el formato y no me costó nada aceptar”, confiesa.

Es que Julián se mueve muy bien en lugares impregnados de energía, donde el juego es el principal ingrediente. Basta recordar su paso por programas como 'Pase lo que pase', 'Fiebre de baile' o 'Talento chileno'.

Este tiempo fuera de pantalla se convirtió en una oportunidad, para compartir más con su familia, ir a dejar a los niños al colegio y no perderse nada. Lo invitamos a participar en nuestro Especial Día del Padre, y aceptó de inmediato. En la sesión de fotos, jugó y se sintió cómodo en medio de juguetes, muñecas y mamaderas. ¡Cómo no!

Su sueño era ser papá joven. Finalmente, junto con la periodista Daniela Kirberg, se convirtió en padre de Benjamín el 2006. Luego llegó Sarah (9) y Rafaela (5).

“Un año antes de casarme, tuve un tumor cerebral. La Daniela fue muy paciente y tuvimos que esperar porque no podíamos casarnos todavía. Mi primer hijo fue muy buscado, y cuando nació el Benja fue una locura”, recuerda.

 Y nos cuenta que desde esa oportunidad crearon una tradición bastante especial. Cuando llegaban a la sala de parto, iban con dos posibles nombres de sus hijos y el equipo médico votaba por el que más le gustaba. “Cuando nació mi primer hijo, pensábamos en Benjamín o Federico, el nombre de mi abuelo, y ganó Benjamín”, relata entre risas.

 ¿Cómo describes la paternidad con Benjamín?

Nació el 2006, y yo estaba en Chilevisión, haciendo el matinal, estaba en radio, y fue maravilloso, increíble. Siempre fui un papá chocho, guaguatero, y ahora  somos una familia muy aclanada. Claro que uno sabe dónde se acuesta, pero no sabe dónde despierta.

¿Todos se van a dormir con ustedes?

Sí, y todos durmieron hasta los cuatro años con nosotros. Ahora, si alguna se pone a llorar, cambiamos de pieza. Es que no somos papás que dejan llorar a los niños hasta que se acostumbren. ¡Odio todas esas técnicas! A los niños hay que disfrutarlos porque, cuando van creciendo, se alejan. De hecho, el Benja con suerte me da un beso ahora.

¿Qué actividades haces con tus hijos?

Con el Benja somos fanáticos de la “U”, somos muy partners. Es el único hombre además. Las niñas son mis princesas, pero él es mi partner. Soy medio obsesivo con los niños, los amo tanto. No hay nada que me guste más que estar en mi casa, somos súper caseros los dos. Igual salimos a veces de carrete, incluso llevo a los niños a los carretes y se acuestan tarde. No somos tan rigurosos en esas cosas. Si el Benja está viendo el bloque de deporte en las noticias y se terminan pasadas las diez de la noche, lo dejo no más.

¿Las tareas se reparten o las mujeres siempre nos llevamos el mayor peso?

Soy muy ordenado, casi maniático en el orden. Soy el que lava, si la cocina quedó mal cerrada, la voy a cerrar…, soy súper ordenado con eso. Viví solo muchos años, había que hacerlo y ahora nos repartimos las tareas totalmente. Más ahora que tengo la oportunidad de llevarlos al colegio. La verdad es que antes era un sueño llevarlos, porque nunca pude. Yo era el típico papá que no estaba en la foto del primer día de clases.

¿Existe culpa por eso?

No siento culpa. Siento que reflejo a mamás y papás de Chile. No creo que todos tengan la oportunidad de ir a dejarlos o buscarlos. Ahora que tengo la oportunidad, la disfruto. Me puedo acostar a las cinco de la mañana y me levanto igual.

Tu salida de TVN, ¿se convirtió en un golpe a nivel familiar?

Más allá del golpe interno, o que uno piense que era una injusticia o no, fue una oportunidad familiar. No es que antes estuviese ausente, pero me perdía muchas cosas que traté de recuperar.

Volvamos atrás. ¿Qué pasó cuando llegó tu primera hija?

La Sarah (9) es mi princesa. Es la más distinta de mis tres hijos, fisicamente es igual a su madre. Es una niña muy madura, increíble, con carácter. No hay nada que ame más que sus pies. Hay una tradición que tenemos con los niños: cruzarnos los pies. Estoy acostumbrado a la pata en la cara en la cama (ríe). Ahora llego y empiezo “pata, pata”. La pata de la Sarah…, ¡mira las cosas que estoy diciendo! (ríe), pero la pata de la Sarah es lo que más me gusta de ella.

 ¿Te tranquiliza?

Viví con su pata, le hacía masajes desde guaguita. Yo sin su pata no sería nadie (ríe).

 ¿Es diferente criar a un niño que a una niña?

No sé si es más fácil, pero mi hijo es cabeza de pelota, tiene los mismos gustos que yo, entonces no es que sea más fácil, sino que es más complementario de mis actividades.

Tus hijas son otro mundo…

Son otro mundo. Mis dos niñitas están ciento por ciento fanáticas de YouTube. Mis hijas no ven tele. ¿Tú crees que ven mis programas? ¡No los ven! El Benja es más de noticias, como más viejo chico. Si pienso en diferencias, un cumpleaños de niñito es más fácil: “Vamos a jugar a la pelota todos los cabros”. En cambio, un cumpleaños de niñita es otra cosa. Mañana mi hija celebra su cumpleaños número cinco en el colegio, y van a cocinar y hacer otras actividades.

¿Has aprendido del mundo femenino?

Principalmente sobre las sensibilidades. Por ejemplo, yo soy bien tallero, me gusta molestar a los niños y si digo “al Benja le gusta tal niñita” o “esta niñita anda atrás tuyo”, él solo me va a decir “Ay, papá”. A la Sarah le digo lo mismo, y se pone a llorar.

¡Qué bueno que tuviste niñitas!

Sí, y vivo con cuatro mujeres: la Daniela, que no es fácil, mis hijas y la Rosita que trabaja con nosotros. El Benja y yo siempre perdemos (ríe). 

¿Te sientes el rey de la casa?

Para nada. En mi casa los reyes y reinas son mis hijos. Ellos tienden a adueñarse de la escena. Aunque, insisto, somos dos hombres y en la casa vivimos con hartas mujeres, así que ellas son las dueñas de la casa y nosotros somos el último eslabón de la cadena.

¿Te consideras un papá lúdico?

Más que papá lúdico, soy lúdico en esencia. Cuando me ven el trabajo, encuentran que el papá está loco. Les hago personajes, los hago reír, hago de payaso, me pego en las murallas. Desde que nacieron vieron a un papá loquillo.

Los niños provocan que uno se conecte con su lado más infantil.

Absolutamente, aunque yo vivo conectado con mi parte más infantil. Uno va creciendo, pero siento que tengo mucho menos edad de la tengo. A veces soy un niño más en la casa (ríe).

Si pudieras resumir, ¿qué te han enseñado tus hijos?

De todo. Mis hijos me han enseñado que la familia es lo principal, a ser más sociable, a compartir más, y también a ser más riguroso. Uno puede ser amigo, pero también debe poner la cuota de rigurosidad en la casa. Me han enseñado a ser feliz.

¿Te preocupa la opinión sobre tu familia o hijos en redes sociales?

Al principio era muy celoso de eso, pero después lo he ido manejando más. No tengo redes sociales, excepto Instagram. En general, no necesito estar en contacto permanente. No tengo obsesión por estar siempre diciendo algo. Mi señora me dijo que me hiciera Instagram, y en general subo de todo, no tengo ningún problema.

¿Qué te heredó tu papá? ¿Mantienes alguna tradición hasta la actualidad?

El fanastismo por la “U”. En mi familia se es azul sí o sí. En ese sentido, también se lo he heredado a mis hijos. También otras características, como ponerse en el lugar del otro, saber que lo material no es importante.

¿Y era cercano, si hablamos de contacto físico?

Sí, muy. El arrumaco, hacerse cariño, darse besos, el abrazo permanente…, todo eso es parte de mi papá. Era muy de piel. Hago lo mismo con mis hijos, aunque les moleste a veces (ríe).

Viviste con tu papá en tu pieza cuando tus papás se separaron. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?

La verdad no fue algo agradable. Fue un momento difícil, no lo recuerdo con cariño. No se transformó en “mi hermano” al vivir conmigo en mi pieza tampoco. Los papás siempre son los papás.

Les pediste a tus papás que se separaran, además.

Fue difícil la situación. Ellos no peleaban delante de uno, pero la situación estaba fría. Como era el hijo más chico y estaba en la casa, fue más difícil. Cuando una pareja cumple un ciclo, si se luchó, se dio la pelea, hay que intentar lograr la felicidad por otro lado. Si existe una buena relación interna, se nota que hay cariño, es ideal. Si la situación no es así, y los niños están viviendo otro clima, al final podría ser mejor una separación.

Toda la razón. Algunos soñamos con el “para siempre”…

Por mi parte, me gustaría estar siempre ligado a mi familia, mi mujer y mis hijos, pero uno nunca sabe cómo es la vida.

Tu papá murió hace ocho años. ¿Le cuentas a tus hijos sobre su abuelo?

Los dos más grandes eran muy chicos y no tienen muchos recuerdos, así que les cuento cómo era mi papá. Nos perdimos hartos momentos juntos en la vida, pero las cosas son como son, no se puede retroceder el tiempo.

¡Revisa el backstage de Julián Elfenbein!