Ignacia Allamand: "No hay nada más absurdo que no desear un amor verdadero"

Cuantas veces me he sorprendido a mi misma diciendo que no quiero amor, que quiero compañía, diversión, pasarlo bien o (inserte aquí su excusa) cuando no hay nada mas absurdo que no desear un amor verdadero, profundo, duradero, que te vuele la cabeza y te ponga el mundo patas para arriba.

A veces soy amarga. Hay temas específicos que despiertan mi 'Grinch' interno de forma inmediata, como lo excesivamente romántico. Si soy honesta, podría tratarse de un caso severo de envidia no resuelta. Le dediqué una columna entera a San Valentín y aunque estamos en mayo, sigo sin superar los mariachis y los globos. Esta vez fue la famosa boda real la que me tocó todas las fibras.

En primer lugar, no estoy de acuerdo con la manera en que nos relacionamos con la ropa, y aunque me odien todas las fashionistas, me parece absurda la cultura de la moda. Miles de millones de prendas producidas al año, muchas veces en condiciones esclavistas, para utilizarse una sola vez y luego convertirse en basura. Como si no bastara con el plástico. Aborrezco la idea de que cualquier ocasión amerite 'estrenar' un vestido, y este tipo de eventos perpetúa y normaliza esa creencia de que lo que te pones es más importante que quién eres. Después: la Monarquía. Un sistema obsoleto y conservador, donde los impuestos de personas 'comunes y corrientes' mantienen las costumbres extravagantes y los gastos de una familia que considera la cacería como uno de sus pasatiempos estrella. Además, ¡se hereda! A mi parecer se asimila más al incomprensible sistema de castas de la India que a cualquier otra cosa. Para qué hablar de los montos que recibió la 'Familia Real' por los derechos de semejante espectáculo; suma suficiente, especulo, como para pagar la deuda externa de un país pequeño del continente africano. Y como guinda de la torta (en este caso de varios pisos), la idea del príncipe azul. A pesar de la simpatía natural que me produce Harry con sus mechas colorinas, sus pecas, y su interminable lista de condoros, pienso que Disney ya hizo suficiente daño con la idealización de este personaje que viene al rescate de la doncella como para que sigamos perpetuando ese ideal de hombre. Ya sé. Como dije al principio: amarga. Odiosa. Dispuesta a ver cualquier cosa o inventar cualquier panorama con tal de no caer en la tentación de ver quién se puso cuál sombrero, otra tradición sexista, ya que los invitados masculinos van a cabeza descubierta.

Entonces, estaba yo ese día, tratando de mantenerme ajena a todo lo que tuviera relación con el asunto, cuando por costumbre cometí el acto mas irracional posible cuando estás tratando de escapar del tema del momento. Abrí Instagram. Y ahí estaba, en todas sus versiones. Plano cerrado de él, ella se acerca, se miran… Él se muerde el labio como la protagonista de 'Las 50 sombras de Grey' y le dice “Te ves increíble, tengo tanta suerte”. El ruido fue ensordecedor, y no se trató como tantas otras veces de la alarma antisísmica que suena cada cierto tiempo en Ciudad de México. Fue la gruesa capa de hielo que cubría mi corazón, que explotó en mil pedazos que volaron por toda la habitación, como en la canción de 'Cristina y los Subterráneos'. Oh My God.

En tiempos donde todo es desechable, donde las personas se jactan de buscar relaciones pasajeras como si fuera un acto de fortaleza no vincularse emocionalmente, donde la primera impresión no se da frente a frente, sino a través de una App, donde la apariencia física es el filtro y la/los candidatos se descartan con el movimiento de un dedo, Harry me pareció, efectivamente, el hombre más afortunado del mundo. Y no por la belleza de Megan, ni por poder acceder a un matrimonio no convencional para sus estándares, con una norteamericana divorciada sin ningún título que mostrarle a su abuela. Sino por el hecho de mostrarse vulnerable y enamorado, y por tomar todas las fichas para apostarlas all in frente a, literalmente, todo el mundo. Cuántas veces me he sorprendido a mí misma diciendo que no quiero amor, que quiero compañía, diversión, pasarlo bien o (inserte aquí su excusa), cuando no hay nada más absurdo que no desear un amor verdadero, profundo, duradero, que te vuele la cabeza y te ponga el mundo patas arriba. No entiendo por qué, en el 2018, para reconocer eso se necesita más coraje que para caminar sola de noche por una calle oscura.

Efectivamente tienes suerte Harry, y espero de corazón que la sigas teniendo, porque para mantener un matrimonio, se necesita. Y aunque muchos amargos como yo van a estar esperando que fracases, aquí hay una rehabilitada que te creyó todo en un segundo. ¿Ingenua? Espero de corazón que no. Sería todo. Cierro por fuera y me voy a escuchar a Luis Miguel.

 

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