Betsy Camino y su buena vida en Chile: "me sentía egoísta porque mi familia no lo estaba viviendo"

Se vino de Cuba con 21 años; tres años demoró en lograr visibilidad en el medio artístico chileno, y en febrero fue Reina del Festival de Viña del Mar. Una exigente carrera como bailarina, que partió a los 7 años, la lleva a ponerse metas que parecen inalcanzables para algunos. Conversamos sobre rigurosidad, la personalidad de los chilenos y la masiva llegada de inmigrantes a nuestro país.

Fue la Reina del Festival de Viña tras una gran campaña de Canal 13. Se esforzó tanto que los cambios de temperatura la llevaron a la clínica con un fuerte dolor de garganta. Más allá de ese episodio, Betsy Camino (25) se siente feliz. “Nunca había pasado tanto estrés en mi vida. Representar a Canal 13, que se ha caracterizado por ganar y ser aperrados con la reina, para mí era una bendición. También había una presión personal, para mí era pega, y me gusta que hablen bien de mi trabajo. Además tenían nueve reinados consecutivos, ¡cómo iba a perder! (ríe). Dije ´Celia Cruz dame la bendición, porque tengo que ganar, perder no es opción´ (ríe). Muy estresante, pero lo volvería a hacer de nuevo feliz”, cuenta esta preciosa bailarina que se hizo conocida por sus participaciones en “Morandé con Compañía”, de Mega, y tras un corto romance con el animador Julio César Rodríguez.   

Sobre las polémicas en su campaña –incluidos comentarios como que el equipo de “Bienvenidos” no la quería– cuenta que “ellos mismos me dijeron que no era cierto, que yo era la persona que querían. A la persona que se le puso el contrato y se le preguntó si quería ser reina era yo no más, no había otra”.

Estos tres años en Chile los describe como intensos. “Cambié de idiosincrasia. Me tuve que adaptar a sus comidas, su personalidad, al primer mundo… He tenido mis altos y bajos. Al principio estaba feliz porque tenía la posibilidad de cumplir mis sueños, y triste porque por primera vez me alejaba tanto de mi familia, y yo era un soporte económico en mi casa. Aunque ahora puedo mandarles más plata y voy más seguido. Aquí conocí el lujo, comida rica, el Metro, 100 canales de televisión, pero mientras, me sentía egoísta porque mi familia no lo estaba viviendo”.

Hace pocos meses logró sentirse completamente adaptada a los chilenos, a nuestras palabras y tono, porque los cubanos tienen uno más alto y muchas veces creían que estaba discutiendo o molesta. Tanto la gente como las marcas creen en su talento, y por lo mismo la veremos como rostro del Beauty Club by Ripley.

Lograste todo en tres años, ¡muy rápido!

Si, rápido la verdad. Es que no tengo vida propia. Vivo como una persona de 60 años. Me levanto a las seis y media, me voy al canal (13), hago alguna entrevista, fotos y en la noche voy a algún evento. Llego tarde en la semana, y los fines de semana hago mis shows en todo Chile.

¿Cansada?

Al principio lo único que quería era no tener vida propia, sólo trabajar, porque venía con un objetivo. Para carretear voy a mi país y la paso bien con mi familia. Lo más importante en Chile es el trabajo, ni siquiera darme un tiempo para el amor; el trabajo es primero. Cuando veo mis transferencias, o mando más plata a mi mamá o pago dividendo adelantado, porque me compré un departamento acá, estoy feliz. En Cuba tengo casa y un departamento frente a la playa, pero vivo acá.

¿Qué te sorprendió de los chilenos? Quizás no somos tan alegres como ustedes…

Es verdad, incluso me pasó con la familia que me trajo. En Cuba estaban muertos de la risa y hablaban mucho, y aquí los vi muy estresados, hablaban poco. Pensé que era por mí, pero después me di cuenta que era su personalidad. Creo que es por el frío y la música. Aquí rara vez escuchas música fuerte. Nosotros tenemos todas las puertas abiertas, con música, y todo el mundo sabe de qué color está pintada tu pieza (ríe). Me chocó que no se rieran mucho, y que para expresar lo que sienten se dan mil vueltas; nosotros “vomitamos” todo lo que sentimos.

Son más sinceros, entonces.

Sí, acá me muerdo la lengua para no decir cosas. A veces acá la gente quiere que digas lo que quieren escuchar. Cuando les dices una opinión adversa, no es bienvenida. Tuve un intensivo en Viña del Mar (ríe).

Muy polémica tu elección, ¿no?

Es que si me río o lloro en cámara, me muestro tal cual soy. No guardo sentimientos. Quizás a veces digo demasiado las cosas de frente, pero la verdad es una y a algunas personas puede no gustarles.

¿Tienes algún mea culpa?

No, todo pasa por algo. Que en el camino me vaya regularizando, y vaya teniendo en cuenta qué hablar y qué no en ciertos momentos, lo aprenderé en el camino, pero no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida.

¿Te has hecho más fuerte?

Soy una mujer fuerte. Modestamente, soy muy fuerte. Dejé mi casa, mi país, a los 21 años, y mantengo a mi familia desde los 18 años.

Eres sumamente metódica. Pocos saben que estudiaste danza desde muy chica y de forma muy exigente.

Empecé a estudiar a los 3 años. A los 7 entré al taller pre profesional. Allá las carreras profesionales de arte empiezan a los 9 años. Mi papá, que es teniente coronel militar y mi mamá médico, pidieron un cambio de casa y nos mudamos frente a la escuela profesional, así que igual iba a mi casa. Pero de todas formas no tuve infancia normal. Nunca jugué. No sé lo que es caerme por estar jugando en la calle, no tuve tiempo para eso. En la escuela entran 12 niñas por provincia, de 1.000 que se presentan a una prueba, y eres una privilegiada de estar ahí. No es un hobby, porque sales con un título a los 15 años; te recalcan que tú vas a vivir de esto.

¡Qué exigente!

Claro, incluso me acuerdo que me tomé de la mano con un chico que me gustaba, sin beso ni nada, y le llegó una carta de amonestación a mi mamá porque me estaba desviando de mi camino. Entraba a las 7 de la mañana, entrenaba hasta las 6 de la tarde, y luego estudiaba con mi papá el mundo político. Me dormía a las ocho y media. Los fines de semana mi mamá me llevaba a un centro de baile en el barrio donde les enseñaba a las niñas, entonces me la pasaba bailando.

Ahora se entiende tu rigurosidad.

Imagínate que si me salía un poquito de poto, nos pinchaban con una agujita para que hundiera el poto y los omóplatos, para que fuera un palo. Era satánico (ríe). Jamás comí dulces cuando chica. Siento que mi niñez la estoy viviendo aquí: veo puros monos animados en la tele, como dulces como loca por todo lo que no comí (ríe). Para colmo mi hermana chica entró al colegio privado de deporte y mi hermana grande adoptiva estudió Medicina, entonces vivimos así. Sin tiempo para distracciones. A los 15 años me gradué y quería ir a la escuela profesional, donde entran 12 del país entero. Las pruebas se hacen desde los 15 años, y quedé entre las 12 primeras. Mi mamá dijo “la niña se me va para la capital”…

Y eras chica todavía para ese cambio.

Y no sabía freír un huevo. Mi mamá me peinó y vistió hasta los 15 años; sólo me exigía sacarme un 10 para que estuviera feliz. No podía llegar con un 9 a mi casa. En Cuba tenías que tener la especialidad y la escolaridad, que incluía matemática, español y todo eso, junto. No podías ser buena bailarina y una burra en matemáticas; tenías que ser buena en todo. Entré a esa escuela, estaba con niñas más grandes que yo que tenían relaciones sexuales, con novio, fumaban, y yo venía de una escuela que era como un kínder. Me sorprendí y caí en estrés. El primer año me costó mucho, se me cayó el pelo, vomitaba, casi caí en anorexia porque me hacía mal todo. El segundo año estuve más calmada y veía la vida diferente.

¿Cuando saliste comenzaste a trabajar de inmediato?

Sí, en el mismo hotel donde conocí a la familia chilena que me ayudó a venir. Ahí hice otro curso, así es que a los 20 años ya tenía 3 títulos profesionales. Pasé a ser primera bailarina, después coreógrafa, y tenía todo lo que quería. 

Cuando tengas hijos, ¿te gustaría criarlos con ese nivel de exigencia?

Veo los frutos de esa enseñanza. Si mis hijos optan por ser músicos, los voy a criar así si ellos quieren. De cierta manera, logro cosas en un país extranjero que muchas chicas quisieran. 

¿Te sientes exitosa?

Camino al éxito. Me falta mucho. No tengo límites para mis sueños, para mis metas.

¿Cómo te visualizas a futuro?

En muchas cosas, pero sí o sí me mueve el arte. Me gustaría crear un instituto de arte con profesores cubanos. Gracias a la danza me vieron en “Morandé…”, después me llamaron para “Bienvenidos”. Todo ha sido por el arte. No llegué como modelo, sino como bailarina. Me gustaría tomarlos desde niños…, ¡apenas tenga la plata lo haré! (ríe). Con el trabajo en “Bienvenidos” como notera me lancé también como animadora de eventos, y a veces ni siquiera bailo, sólo animo. Quiero hacerlo todo: bailar, modelar, animar, actuar, trabajar en la tele.

Una inmigrante más

Hablemos sobre inmigración. Algunos postulan que en Chile somos racistas. ¿Te has sentido discriminada?

No me he sentido discriminada. De momento la gente ha tirado comentarios, pero mi experiencia es buena en Chile. Si fueran racistas no estaría contigo ahora o no estaría en un programa de televisión. A veces te dicen negra, pero para mí no es problema. Soy negra, no soy blanca. Algunos me preguntan si me pueden decir negra, y claro que sí, ningún problema. Me dicen “negris”, “chocolatito”. Pero también conozco otra realidad. Me atiendo en el salón Ruby Hair, con chicas morenas, porque me costó encontrar un lugar donde peinaran bien mi pelo afro, y a su dueña sí le costó mucho insertarse en Chile; tenemos experiencias de vida muy diferentes.

Ahora llegan cientos de haitianos al día. ¿Crees que debe existir mayor control?

Estoy bien metida en el tema de la inclusión. Soy una reina inmigrante y, de alguna forma, represento al nuevo Chile en la inclusión. Obviamente hay que poner más control, pero no sólo con los haitianos, sino con todos. En estos momentos en Chile nos estamos sobrepoblando de inmigrantes; todos los que llegan vienen con maletas llenas de ideas. Si el Estado chileno siente que no tiene todas las herramientas o recursos necesarios para ofrecerles una buena calidad de vida, debe controlar más la entrada. Con control me refiero a saber si tienen antecedentes penales. Si va en esa dirección, no lo veo como racismo.

SER LINDA

¿Te sientes una mujer linda?

Sí, de todas maneras. Siempre me sentí bella porque mi mamá y mi abuelita me lo decían (ríe). Las mamás no mienten (ríe). Lo que más me gusta es mi sonrisa.

¿Cómo cuidas tu cuerpo? 

Recién empiezo a cuidarme la piel, voy a dos clínicas, Avanestetic y Clínica Skin. No me hago tratamientos en el rostro aún… Algunos me dicen que soy de esa raza maldita (ríe).

¿Te cuesta encontrar maquillaje en Chile para tu tono de piel?

Mucho. Hace tres años no había tantos inmigrantes de piel oscura, pero ahora hay hartos. Algunas marcas tienen bases más oscuras, pero igualmente cuando voy a Cuba me tengo que cuidar para no llegar más quemada. 

Tu secreto de maquillaje flash:

Sólo labial, un gloss con brillito.

Consejo de belleza para las chilenas:

La belleza se relaciona con la felicidad. No hay nada más lindo que sentirse bien, feliz.