Antonia Zegers: “Tengo un linaje femenino poderoso, libre”

Para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, la invitamos a conversar sobre los vínculos femeninos que la rodean; cree en nuestra fuerza para defendernos, en la libertad de escoger nuestras acciones –cualquiera sean–, y prefiere los grises porque los absolutismos le parecen muy complejos.

Llega a la entrevista justo después de un viaje a la selva peruana, con el pelo más negro y con decenas de experiencias encima. Sin ningún aire de divismo, no sabemos si intuye que sus papeles inspiran y entregan gran significado al público. Con un incuestionable talento se abrió espacio en diferentes industrias que la reconocen en el ambiente tanto nacional como internacional. Este 15 de marzo la veremos en cines protagonizando –junto con Alfredo Castro– “Los Perros”, la premiada cinta de Marcela Said, por la que ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival de Estocolmo. Interpreta a “Mariana”, una cuarentona de clase alta que se esfuerza por escapar del rol que su padre y su marido le asignan. Inicia un camino sin retorno al alzar la voz y recuperar el derecho a tomar sus decisiones. Pero además este fin de semana vuelve al Teatro UC con la obra “Tío Vania”.

También, por primera vez, protagonizará una teleserie en TVN. “Sólo puedo contar que me toca trabajar con Felipe Brown y Ricardo Fernández; con ambos había trabajado antes, son bonitos reencuentros. Tendré un hijo sordo, así es que estamos en clases de lenguaje de señas, y ha sido luminoso conectarse con esa manera de comunicarse. También encuentro valioso que TVN siga haciendo teleseries, que el género sobreviva, que exista competencia. Me siento muy contenta de estar ahí”. Pero su vida ahora no está cruzada sólo por su trabajo, sino que por sus hijos y su familia, compuesta por mujeres poderosas. En el marco del Día de la Mujer nos cuenta sobre su mamá, la fotógrafa budista Mónica Oportot; su abuela Alicia Salbach, productora de televisión y teatro, y no deja de lado a su padre, Fernando Zegers, destacado ginecólogo especialista en medicina reproductiva.

Antonia-Zegers

¿Las mujeres son fuertes dentro de tu familia?

En mi linaje materno, pertenezco a un matriarcado. Primero mi abuela, después mi madre, vengo yo y luego mi hija. Tenemos una foto de las cuatro que siento que es muy poderosa y marcadora. El linaje femenino es muy poderoso y tiene que ver con la libertad, algo con que la mujer en muchos momentos de la historia ha tenido que luchar. En mi caso tengo una marca de mujeres libres, poderosas, únicas, originales, y muy fieles a su naturaleza. Para mí ha llegado de manera muy orgánica, no me lo han enseñado en ningún pizarrón. He crecido mirando a estas mujeres, admirándolas. Debo decir también que tengo una herencia familiar de mi padre. Tengo un padre que tiene toda la belleza de lo masculino y femenino en él. El feminismo no excluye al hombre, sino que lo tiene que incorporar de alguna manera. También el hombre ha sido víctima del machismo, tuvo que responder a cánones de machos proveedores, exitosos… Eso también debe ser una carga poderosa.

¿Estás de acuerdo con las luchas por la igualdad?

No creo en la palabra igualdad, porque somos muy distintos. A la hora de recibir un sueldo, me parece justo que sean iguales en relación a la competencia en cualquier trabajo. Lo que tuvimos que vivir las mujeres, como los sueldos más bajos, sólo por hecho de ser mujeres, obviamente se tiene que derribar. Pero no creo que seamos iguales. Cuando las mujeres en nuestra lucha nos tratamos de empatar a los hombres, cometemos un tremendo error. Primero, nosotras acarreamos vida, tenemos tiempos distintos, seguimos el ritmo lunar de 28 días. Hay una serie de cosas distintas que no van en contra del mundo laboral, de poder coexistir en el mundo laboral y social, todo lo contrario; aportamos desde una naturaleza muy distinta.

¿Por qué es tan fuerte la figura de tu abuela Alicia? La vemos en tu Instagram @antoniazegers cantando…

(Ríe) Mi abuela inventó ese chu chu chu, y mucha gente pregunta qué es chu chu chu. Es como un enigma (ríe). Mi abuela, que tiene 95 años, siempre fue mi chacotera sentimental en el sentido que siempre le pedía consejos porque me gusta su mirada sobre la vida. Cuando llegábamos a un punto de la conversación donde no había vuelta, me decía: “Cualquier cosa, chu chu chu no más. Qué tanto, uno tiene que seguir, uno sigue viviendo. Vamos a analizar el problema, sí, pero al final chu chu chu, vamos para adelante”. Hace mucho tiempo hacemos esto.

Mantienen una conexión potente…

Siempre he tenido una inclinación poderosa por las personas mayores. Me quedé a vivir en Isla de Pascua porque me enamoré de una vieja de allá. Tengo una atracción poderosa con la gente que lleva mucho tiempo en la tierra, hay una sabiduría que no se encuentra de ninguna otra manera, que no aparece en ningún libro, que tiene que ver con la capacidad de vivir. Las viejas que llegan jóvenes de mentes, curiosas, lúcidas, son un tesoro viviente. Nadie te puede dar un mejor consejo. A mi abuela no sólo la admiro, la venero, me interesa lo que ve.

¿Sientes que no nos preocupamos de la tercera edad?

No, no. Y los viejos deberían tener altares. En todas las culturas antiguas uno les consultaba a los viejos, tenían un estatus por ser viejos. Un viejo me dará un consejo que nadie es capaz de darme, porque nadie más ha vivido tanto tiempo. Las experiencias se viven una y otra vez, y es uno quien cambia en el tiempo, no cambian tanto las historias.

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Tuvo gran influencia en tu trabajo, ¿no?

Sí, mi abuela fue directora de doblaje, productora de televisión, productora de Tomás Vidiella en el teatro, estaba muy vinculada a este ambiente.

¿Te pareces a ella?

Estoy en una juguera de mezclas, pero me encantaría parecerme a mi abuela porque la encuentro fantástica. De todas formas, somos bien distintas, y por eso me gusta estar tan cerca de ella.

¿Creciste con la idea que las mujeres podíamos hacer todo?

Sí, gracias a mi mamá también. Ha sido un ejemplo de libertad sin límites, de búsqueda. Mi mamá (la fotógrafa Mónica Oportot) viajó mucho tiempo con monjes budistas, caminó de Auschwitz a Nagasaki. Es una mujer que me abrió el mundo. Todas las ventanas que pueden existir en mis herramientas de vida, muchas tienen que ver con mi mamá. Me refiero a las ventanas porque muchas veces uno está aprisionado en algo, y abre una ventana para mirar desde otra perspectiva, o abre una ventana para buscar una herramienta para salir de algún problema.

Mucha suerte contar con ese apoyo.

Sí, es increíble mi mamá. Hasta el día de hoy la busco, le pido ayuda, me encanta su mirada porque es muy original, es la mujer más original que conozco. Tiene una mirada distinta frente a todo, es muy libre. No sólo libre en lo que hace, sino libre en cómo mira. Muchas veces la esquina que mira es una esquina no mirada por el 90% de la gente.

Has hecho cine durante muchos años. ¿Ves una evolución en la mirada sobre la mujer?

Hoy es importante abordar historias femeninas que no solo se traten sobre si se enamoró o no. Mujeres con un mundo interior tan interesante y poderoso como el de los hombres. Creo que eso existe hace un buen rato, y cada vez más. Hay historias potentes, series con personajes mujeres. Por ejemplo, en “House of Cards” el papel de la mujer es inmenso. Sí, está cambiando.

¿Cambia cuando hay una mirada femenina tras las cámaras?

Creo que ponerse absolutista en el tema de la mujer es complejo. Tengo un linaje femenino poderoso, libre, me siento tremendamente afortunada porque hay una serie de cosas que no tuve que romper para encontrarme conmigo misma y mi autenticidad, porque vienen de mi formación, pero no puedo desconocer lo trascendente que ha sido mi padre en mi formación. No por ser una figura masculina, sino que por un hombre que contiene en sí mismo lo femenino y masculino de manera armónica. La polarización es sumamente tóxica. También hay una zona que tiene que ver con los grises que es muy importante. Un hombre bien ubicado en su femenino y masculino es una joya, igual que una mujer en su femenino y masculino.

Se dogmatiza el tema de la mujer…

Hoy además está muy de moda. Siempre la moda es peligrosa, sospecho siempre de la moda. Cuando algo está muy en el discurso oficial, hay que pararse en una esquina para mirar desde otro lado. Tengo esa tendencia, lo siento, no puedo sólo mirar el discurso oficial que ahora es muy femenino, aunque me parece fantástico que así sea.

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Qué te parece la decisión de algunas empresas de sacar las promotoras o dejar de realizar eventos como Miss Reef para no cosificar más a la mujer. ¿Apoyas la iniciativa?

Creo que las iniciativas no tienen que venir de ningún gerente. Si una mujer quiere ser objeto, tiene toda la libertad de serlo. Si un directorio decide que no contratará promotoras para no dejar a la mujer como objeto, es nuevamente un directorio decidiendo sobre la mujer, hombres decidiendo sobre la ley de aborto, es un directorio decidiendo si la mujer puede dar teta en la plaza o no. Si una mujer quiere dar teta en la plaza, da teta en la plaza; si no quiere porque se siente incómoda, bien también. Si a una mujer le gusta exhibir su cuerpo, tiene un goce en eso, que lo exhiba, qué importa. Si otra mujer siente que no es su cuerpo el elemento que se va a comunicar, sino que con su intelecto, su alma, su mirada, que lo elija. No son decisiones de directorio Miss Reef, ni el aborto, ni las libertades sexuales, ni las orientaciones de ningún tipo. Una mujer que quiere ser Miss Reef pasa a ser casi un atentado contra la mujer, y no me parece. No me ofende que una mujer quiera serlo y que le guste ponerse un bikini muy pequeño.

Hablemos de #METOO. ¿Te sentiste acosada en algún momento de tu carrera?

Afortunadamente no. Sí me ha pasado que iba en la micro y me agarraron el poto. Tengo una lista de cuando era más chica, cuando crecí generé autonomía. Era un tiempo donde las cosas no tenían nombre. Que el abuso tenga un nombre es fundamental, es otra realidad, otra sociedad. Cuando el abuso se pone encima de la mesa, tiene nombres, tiene víctimas y victimarios; para alguien que está creciendo eso es bueno. Cuando era chica no sabía cómo se llamaba. No sabía cómo llamarlo, no sabía dónde ubicarlo, no sabía cómo acusarlo porque no tenía nombre, porque era imposible pensarlo. De repente te pasaban historias complejas y no sabías dónde ubicarlas, y menos denunciarlas. Entregar una guía para que los jóvenes puedan verbalizar, encuentro que ha sido fundamental.

¿Lo hablas con tu hija?

Sí, le digo que hay un cuerpo, ese límite es sagrado, es protegible. Hay un video donde aparecen niñas de África aprendiendo a protegerse. Primero les hacen un coaching para aprender a decir que no, y si no resulta poner un límite con la palabra no, aprenden a golpear. Hay ahí una clave importante que se relaciona con no victimizar a la mujer, no victimizar al género; la mujer no puede ser tocada ni con el pétalo de una rosa, porque es muy frágil y hay que cuidarla. La mujer también puede aprender a defenderse. Es muy importante enseñarles a las niñas a decir “no” con fuerza. Si uno como mujer quiere defenderse, tiene que aprender a defenderse. Enseñarles a poner límites claros, no desde la victimización, sino desde la energía, desde la autonomía de poder decir que no. Si ese límite no es respetado, llegar a otra instancia: denuncia, por ejemplo. Eso es criar mujeres ….

¿Empoderadas?

Es que me carga esa palabra, estaba buscando otra. Criar mujeres conscientes de su poder, tanto como los hombres. Ahí hablamos de igualdad. No sólo que el hombre me tenga que cuidar a mí del acoso, sino que yo también me puedo cuidar. Obviamente nosotras somos más frágiles físicamente, pero hay maneras. Yo puedo defenderme.

Antonia-Zegers

Se habla mucho sobre ser solidaria entre mujeres, la sonoridad. ¿Tenemos que ser solidarias con el género?

Hay que ser solidario con la humanidad. Hay una frase de Huberto Eco, llevándola a una síntesis muy básica, que dice que la ética es la consciencia de que existe otro. Y le agrego: ese otro soy yo. La solidaridad tiene que ver con un principio ético que tiene que ver con cuidar al otro, lo cuido como me cuido a mí. Hablamos del otro o la otra. Claro que las mujeres hemos sido víctimas de cosas espantosas. La historia de la mujer no podemos desconocer que ha sido abusiva, dolorosa. Aquellas que lograron el voto son mujeres que se sacaron la cresta. Hay una historia de sometimiento espantoso de la que nos tenemos que cuidar y liberar. Eso por supuesto que es mejor en conjunto. Creo en las tribus de mujeres porque han sido necesarias para vencer un montón de injusticias de las que hemos sido víctimas. Viendo la historia también uno se encuentra con hombres que han empatizado con estas causas y luchas. Las luchas son poderosas cuando son transversales, cuando atraviesan al ser humano en su sensibilidad. También invito a los hombres a la lucha de mujeres, por supuesto que sí. Si no, no se cruza el umbral, no pasa al espacio social real donde sí estamos todos juntos.

Pasemos a otra esfera. Eres mamá de Juana (10) y Pascual (7). ¿Existe la mamá perfecta?

Me inspiro mucho en amigas mamás. No porque las encuentre perfectas, sino que tienen cosas que me dan luces en nebulosas que tengo. Es una pega súper difícil criar un niño. Sigo súper apegada, es una experiencia muy compleja. Es un nivel de amor demente, fuera de toda lógica. También me genera muchas dudas de cómo hacerlo. Son un espejo poderoso de uno mismo, y no siempre lindo…, a veces difícil.

¿Es la tarea más importante en tu vida?

Sin duda. Ahora toda mi vida está cruzada por ellos. Alguien me preguntaba cómo me veo a futuro. Antes de tener hijos era muy libre. Me gusta mucho viajar, y sentía que podía irme a vivir a otro país o dedicarme a trabajar la tierra. Siempre sentí que mi vida podía cambiar en 360 grados; ahora no. Sólo sé que tengo que criar a mis hijos. Todo lo que voy decidiendo, lo que me va pasando, está cruzado por ellos, hasta que sean grandes y tengan autonomía.

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