Carta abierta de Martin Scorsese a su hija

La misiva está dedicada a Francesca (14) que es fanática del cine y ha aparecido en un par de films de su padre.

El director de cine Martin Scorsese publicó una carta abierta en el diario italiano L’Espresso en el cual habla sobre el futuro del cine.

La misiva está dedicada a su hija de 14 años Francesca quien es fanática del cine y ha aparecido en un par de films de su padre. El director le explica a su hija los cambios que está experimentando el séptimo arte.

Además, Scorsese escribe lo optimista que está por la nueva forma de hacer cine con muchos menos recursos que en décadas pasadas. El artista comenta que hace unos años no habrían logrado filmar ni un día de rodaje con los presupuestos actuales.

También Martin destaca la gran ayuda que ha significado en toda esta transformación la tecnología. El cineasta comenta lo increíble que es poder subir las películas a internet y que cualquiera pueda verla.

Sin embargo, esta publicación ha despertado algunas críticas como la de Michelle Dean de Flavorwire quien lo tacha de misógino porque no destaca el trabajo de ninguna directora en todo el escrito.

Queridísima Francesca,

Te escribo esta carta para hablar sobre el futuro. Lo observo desde la óptica de mi mundo. Desde la óptica del cine, que ha estado en el centro de ese mundo.

Durante el último par de años, me he dado cuenta de que la idea del cine con la que yo crecí, esa que se ve en las películas que hemos visto juntos desde que eras una niña y que triunfaba cuando yo comencé a hacer películas, se está acabando. No me refiero a las películas que ya se han hecho: me refiero a las que están por llegar.

No quiero ser pesimista. No escribo estas palabras sintiéndome derrotado. Todo lo contrario: creo que el futuro es brillante.

Siempre supimos que las películas eran un negocio, y que el arte del cine era posible debido a que coincidía con los requisitos del negocio. Cuando empezamos en esto allá por los 60 y los 70, ninguno de nosotros se hacía ilusiones al respecto. Sabíamos que tendríamos que trabajar duro para proteger aquello que amábamos. Y también que tendríamos que pasar por momentos duros. Y creo que nos dábamos cuenta, en cierto sentido, de que tal vez habría de llegar un momento en el cual todos los elementos incómodos o impredecibles en el negocio de hacer cine serían minimizados, tal vez incluso suprimidos. Y, ¿cuál es el elemento más impredecible de todos? El propio cine. Y la gente que trabaja en él.

No quisiera repetir aquello que muchos otros han dicho ya acerca de los cambios en el negocio, y me conmueven las excepciones a esta tendencia global: Wes Anderson, Richard Linklater, Alexander Payne, los Coen, James Gray y Paul Thomas Anderson se las apañan para que sus películas salgan adelante, y Paul no sólo consiguió rodar The Master en 70mm, sino que también pudo exhibirla con ese formato en unas pocas ciudades. Cualquier aficionado al cine debería estar dar las gracias por ello.

También me emocionan los artistas de todo el mundo que siguen esforzándose por hacer películas, bien sea en Francia, en Corea del Sur, en Inglaterra, en Japón, en África. Cada día es más difícil, pero ellos siguen adelante.

Pero creo que no soy pesimista al decir que el arte del cine y el negocio cinematográfico se encuentran en una encrucijada. El entretenimiento audiovisual y lo que ahora llamamos “cine” (películas concebidas por individuos) parecen encaminados hacia direcciones diferentes. En el futuro, seguramente verás cada vez menos cine en las pantallas de las multisalas y más en locales pequeños, en internet y, supongo, en espacios y en circunstancias que no puedo predecir.

Entonces, ¿por qué es tan brillante el futuro? Porque, por primerísima vez en la historia de este arte, las películas pueden hacerse por muy poco dinero. Esto era impensable cuando yo era joven, y las películas de presupuesto extremadamente bajo siempre han sido más una excepción que una norma. Ahora es al revés: puedes obtener imagines hermosas con cámaras asequibles. Puedes grabar el sonido. Puedes montar y corregir el color en tu casa. Todo esto es una realidad.

Pero, mientras prestamos toda esta atención a la maquinaria y a los avances tecnológicos que nos han llevado a esta revolución, debemos recordar una cosa importante: las máquinas no hacen la película, la película la haces tú. Tomar una cámara, rodar y después organizar el material con Final Cut Pro es liberador. Hacer una película (la película que tú necesitas hacer) es otra cosa. Y para eso no hay atajos.

Si John Cassavetes, mi amigo y maestro, estuviera vivo ahora, seguro que utilizaría todo el equipo que está disponible. Pero seguiría diciendo las cosas que siempre decía: tienes que estar absolutamente entregado a tu obra, tienes que darlo todo, y tienes que proteger la chispa de inspiración que te llevó a rodar la película. Tienes que protegerla con tu vida. En el pasado, teniendo en cuenta lo caro que era hacer películas, teníamos que protegernos del agotamiento y de las concesiones. En el futuro, tú tendrás que ponerte en guardia frente a algo muy distinto: la tentación de seguir la corriente, y de dejar que la película se te escape de las manos.

Esto no es sólo aplicable al cine: no hay atajos válidos para nada. No quiero decir que todo tenga que ser difícil. Quiero decir que la voz que realmente brilla es tu voz: esa, como dicen los cuáqueros, es tu luz interior.

Esa eres tú. Esa es la verdad.

Con cariño,

Papá.