¿Quién es?: Rosario Castellanos

Una maestra en el arte de liberarnos de la imagen que nos impone la sociedad.

A veces, tan ligera

como un pez en el agua,

me muevo entre las cosas

feliz y alucinada.

Feliz de ser quien soy,

sólo una gran mirada:

ojos de par en par

y manos despojadas.

(Misterios gozosos,Castellanos)

No existe mejor presentación para ella que sus propias obras, ella es Rosario Castellanos una mujer poeta, novelista, diplomática y promotora de la cultura mexicana. Toda su vida representa un continuo esfuerzo de liberación y su obra creativa es el testimonio de su afirmación feminista.

Mediante su poesía, novelas, cuentos, artículos periodísticos y dramas siempre buscó demostrar el valor de la mujer como ser auténtico en contraste con la imagen femenina que la sociedad impone.

Nació en la Ciudad de México en 1925, pero pasó gran parte de su infancia en el hermoso estado de Chiapas, un lugar selvático, donde la gran población es indígena, esto marcó la atmósfera y estilo de sus obras.

Fue hija de una importante familia de terratenientes, ahí experimentó el desamor de mamá y papá, ya que ambos hubieran preferido tener un varón, pues como su  padre era dueño de fincas cafetaleras y de caña de azúcar, necesitaba hombres para que se ocuparan de sus negocios.

Sin embargo ahí también  se dio cuenta de las injusticias que impedían el progreso de los pueblos indígenas.

Rosario era una mujer de baja estatura, alegre, jovial, que despertaba simpatías en cualquier persona que la conociera. La escritora Elena Poniatowska la define así: “Rosario, en la vida diaria, era una mujer que reía y hacía reír con enorme facilidad. Estar con ella era un verdadero gusto. Escucharla, la garantía de una hora de deleite”.

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Castellanos  dedicó gran parte de sus obras a la defensa de los derechos de las mujeres, por esto es recordada como uno de los símbolos del feminismo latinoamericano, pero también fue una de las primeras intelectuales preocupadas por reivindicar los derechos de igualdad y justicia de los indígenas.

Dentro del feminismo una de sus más grandes obras es El Eterno Femenino, donde muestra que aunque ella lucha por romper las ataduras que mantienen a la mujer  ordinaria presa en su imagen, se da cuenta que no ha llegado el momento ni llegará hasta que la mujer que esté consciente de su propia identidad para poderla sustituir con estructuras más eficaces su realidad.

Cada tema lo trataba ligado con lo cotidiano y con el interés por el papel de la mujer en la sociedad y por la crítica del enfoque sexista, ejemplificado por su cuento Lección de cocina: cocinar, callarse y obedecer al marido.

“Si asumo la otra actitud, si soy el caso típico, la femineidad que solicita indulgencia para sus errores, la balanza se inclinará a favor de mi antagonista y yo participaré en la competencia con un handicap que, aparentemente, me destina a la derrota y que, en el fondo, me garantiza el triunfo por la sinuosa vía que recorrieron mis antepasadas, las humildes, las que no abrían los labios sino para asentir, y lograron la obediencia ajena hasta al más irracional de sus caprichos” (Lección de cocina, Castellanos)

Cuando Castellanos habló de las mujeres en su obra, ella remarca  que todas las mujeres tienen una cosa en común: la soledad. En su obra, hay un conflicto en que  percibe el papel de la mujer y el efecto de su entorno y lo que pone ella en una sociedad ordenado por los hombres.

Su obra también trata temas políticos, ya que concebía al mundo como “lugar de lucha en el que uno está comprometido”, como lo expresó en su poemario Lívida Luz. Consideraba la poesía como “un intento de llegar a la raíz de los objetos” mediante la metáfora.

El indigenismo es otro de los temas que ocuparon la pluma de Rosario Castellanos. Lo trata en las novelas Balún Canán y Oficio de tinieblas y en los relatos de Ciudad real. En estos textos denuncia la discriminación y las humillaciones de las que son víctimas los indígenas. Desde ahí, ella luchó por un trato igualitario para indígenas y blancos.

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Acerca del desamor, otro de sus temas, dice en un poema.

Tal vez cuando nací alguien puso en mi cuna

una rama de mirto y se secó.

Tal vez eso fue todo lo que tuve

en la vida de amor.

Su vida personal fue intensa, tuvo un matrimonio desastroso y continuas depresiones ella misma lo definía así: “permanecí soltera hasta los 33 años. Contraje un matrimonio que era estrictamente monoándrico por mi parte, y totalmente poligámico por la parte contraria”.

Sus últimos años los dedicó al servicio exterior. Fue nombrada embajadora de México en Israel en 1971, desempeñándose como catedrática en la Universidad Hebrea de Jerusalén, además de su labor de diplomática.

Falleció en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974, a consecuencia de una descarga eléctrica provocada por una lámpara cuando acudía a contestar el teléfono al salir de bañarse, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres el 9 de agosto de 1974.

Las obras de Rosario son una simple y contundente invitación a que todas las mujeres nos liberemos de la imagen creada por la sociedad y el papel que el hombre nos impone por default, eso es cosa del pasado ahora nosotros misma nos imponemos nuestra propia imagen.

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