No era necesario

¿Cuánto estás dispuesto a entregar en una relación?

Pude haberme ido desde hace mucho tiempo.
Pude haber renunciado a ti, a nosotros con más calma.
Con más delicadeza.
Pude haber hecho un corte limpio en el proceso, sin derrames ni tanta gasa alrededor.
Pude haber no respondido ese mensaje aquella mañana de marzo.

En este momento de lo único que estoy segura es que pude haber evitado el desastre que se formó dentro de mí hace un tiempo.

Evitar no escucharte cuando me hablabas de cualquier cosa con tu fantástico léxico que me tenía encandilada.
Evitar no extrañar lo que no tenía.
Evitar el no prestar atención a todas las alertas que se me presentaban.

Debí evitarte aquella noche de marzo y seguir mi camino, seguir con la persona en la que poco a poco fuiste destruyendo.

Poco a poco destruiste mis ganas, mis anhelos, mis deseos.
Poco a poco destruiste mis ilusiones con cada decepción, una más grande que la anterior.
Decepción tras decepción.
Mentira tras mentira.
Palabra tras palabra.

Y adivina qué.
También debí evitar voltear a otro lado cuando me advertías que eras un canalla.
Que eras el peor de todos.
Y que, además, me ibas a desencajar el alma.
Que ibas a tomar mi corazón para utilizarlo como repuesto del tuyo porque a ti te ha faltado siempre.
Quisiste tomar un poco de mi sobrada bondad para malgastarla en las cosas superfluas que querías destruir.
Tomaste mi ser, lo ensuciaste y a duras penas lo devolviste.
Me advertiste que ibas a tomar todo de mí y que a duras penas me lo devolverías.

Fuiste cuidadosamente pasajero, ibas y volvías a tu antojo.
Viniste tan rápido como te lo permitiste para poder desarmarme, robarme e irte como si nada antes del amanecer.
Viniste tan sigiloso e hiciste tanto ruido al irte.

Y de lo único que debo reconocer es que al menos pediste perdón sobradas veces antes de aventarme al desastre, al vacío.

Pediste perdón para no sentirte mal cuando me hayas devuelto toda rota y desencajada.

Pobrecita niña, pobrecita niña tonta, pobrecita niña ingenua.
Pobrecita de mí por haberme cruzado a alguien tan ruin como tú.
A alguien tan cabrón como tú.