Lecciones de vida: adaptación

Adaptarte es una especie de trueque con la vida. Enfócate en lo que quieres y pronto las cosas se acomodan.

Piensa cuántas veces te quejas al día; una, dos, o de plano hay veces en que quién sabe por qué te levantas muy al estilo grinch y no hay poder humano que te haga sentirte mejor.

Amanece, y antes de poner un pie en el piso, ya idealizaste todo tu día y ya arreglaste la vida de todos para que todo salga perfecto…y a tu favor, claro. Lo que nunca nos pasa por la cabeza es que ese tipo de pensamiento (el de “tengo el control de todo”), te resta capacidad para reaccionar a los imprevistos.

Digo, suena muy lindo eso de creer que todo depende de tu actitud y la forma en que te conduzcas en la vida. Pero también es cierto que no lo puedes controlar todo y es aquí cuando uno de los más grandes retos del ser humano aparece para ver de qué estamos hechos: la adaptación.

Cuando estás más chica y eres más caprichosa, de alguna manera las cosas se tenían que acomodar a ti conveniencia. Yo creía que de eso se trataba todo; hacer estrategias para ganarle la carrera al destino y hacer huelga cada vez que me negaban algo o me cambiaban los planes.

Luchar por lo que uno quiere está bien, pero llega el momento en que debes elegir mejor tus batallas y cuidar la energía que le pones a cada cosa para no malgastarla en algo que no valga la pena. Como dice mi abuela “nunca pongas todos los huevos en una canasta”.

Adaptarse no quiere decir conformarse, por lo tanto no implica que te sientes cómodamente a cooperar tantito mientras sucede lo que quieres. Más bien es una especie de trueque que haces con la vida y sus circunstancias para que, cuando no estés obteniendo lo que quieres, trabajes y te enfoques en tu meta final para esperar tu recompensa.

Los seres humanos somos súper camaleónicos y nuestro instinto de sobrevivencia nos permite hacer los cambios necesarios de adentro hacia afuera y adaptarnos a las distintas atmósferas. Pero la verdad a veces somos muy obstinados y cuando nos aferramos a algo, nos cuesta trabajo cambiar de opinión.

Empieza por quitar esa cara de grinch porque ya te dieron la primera mala noticia del día y mantente relajada para poder pensar con claridad lo que harás para resolverlo. Cuando nos mantenemos bajo el efecto del estrés, muy probablemente tomemos la peor decisión.

La lección es cooperar y fluir con los altibajos. Que tengamos días buenos y malos es lo normal, que no te convenzan de lo contrario. Sí depende de tu actitud cómo tomes lo que venga, pero las situaciones también requieren de un esfuerzo doble de tu parte para improvisar y hacer nuevos planes.