Mi primer departamento

La aventura y los tropiezos de mudarse sola por primera vez

Hace unos años me imaginé que cuando me mudara sola haría de mi hogar un pequeño reino lleno de las cosas que más me gustan. Nada de cuadros rústicos, no manteles con frutitas y muchos, pero muchos artículos que fueran una “extensión” de mi personalidad.

El problema con el que me topé es que esto no es nada fácil. Entro a los departamentos de otras chicas de mi edad y me encuentro con que casi todas tenemos mucha decoración de imanes en la puerta de la nevera… y prácticamente nada adentro.

Por supuesto que el baño está lleno de shampoos, acondicionadores, tratamientos, cinco tipos diferentes de crema, exfoliantes, gel, spray para el cabello, cepillos y todo lo que uno se pueda imaginar, pero siempre se es parte del peligroso juego de “este es el último rollo de papel de baño” y nunca sabes cuándo puede gastarse a media noche.

Encontrar un sofá es una cuestión un poco complicada. Los nuevos son caros o de pésima calidad, los de segunda mano requieren de una mega limpieza y algunos simplemente son la prueba palpable de que los gatos podrían ser responsables del siguiente holocausto. Y con eso de que me mudé a la Ciudad de México sin conocer a nadie, encontrar a alguien que me ayude a cargar los muebles hasta el tercer piso de mi edificio es más complicado que encontrar una aguja en un pajar.

¿Cuadros? Pero es que es difícil decidir dónde poner un clavo en la pared. Y, claro, cuando lo haces algo sale completamente mal y terminas resanando tu grave error con un poco de yeso, no sin antes cambiar de opinión y optar por un póster que no requiera de un martillo. (Cualquier parecido con mi realidad es pura coincidencia)

Pero, al final del día, me encanta llegar a mi casa y que sobre la mesa estén mis libros, un par de zapatos junto a la puerta del baño y un cactus (la única planta que estoy segura es casi imposible que se me muera por falta de agua). Será un espacio pequeño y tal vez me falten muchas cosas todavía para que se vea como “el departamento de mis sueños”, pero si algo me hace sentir bien es saber que es mío.

 

*Eh, y el departamento de la foto no es el mío. Yo todavía no tengo sofá 😉