Aprendiendo de los errores

Solo hay dos maneras de salir victoriosa: con una sonrisa, o una lección bien aprendida.

El fin de semana me topé con una frase que decía que nadie tropieza con la misma piedra dos veces, porque la segunda vez ya es opcional. Creo que tiene algo de cierto, siempre y cuando estemos conscientes de qué es lo que estamos haciendo mal y aún así decidamos seguir adelante.

Aplica en todos los ámbitos de la vida. En mis años de escuela si me sentaba hasta el fondo del aula era un hecho casi seguro que acabaría dormida sobre el escritorio, y creo que así me pasé todo el bachillerato -deliberadamente- pero cuando en la universidad comencé a ver que se repetía el patrón, de inmediato mudé mis cosas a una de las sillas de enfrente. El resultado fueron excelentes calificaciones y 9 de 10 clases aprovechadas satisfactoriamente.

Hay tantos refranes alusivos a los errores que creo que podría dar una cátedra de cada uno; sobre todo porque considero que si algo he hecho en esta vida es cometerlos – pero siempre llevándome conmigo una enseñanza. Soy de esas que tiene que poner la mano en el fuego para comprobar si realmente quema, pero después de eso ya jamás lo vuelvo a hacer.

Lo mismo con las amistades y las parejas. Cuando he fallado como amiga, y lo he notado o me lo han hecho saber, anoto esa falla en la lista mental de Cosas que no debo repetir jamás porque creo que tengo derecho a fallar una vez pero no más.

Por lo mismo no entiendo a las personas que constantemente tienen que estar perdonando a la gente que las rodea. Yo no puedo. Creo que no podría estar con alguien que cada fin de semana tiene que disculparse conmigo por haberse pasado de copas o por haber olvidado llamarme el viernes, el sábado, el domingo… 

Creo que a lo que quiero llegar es que está bien cometer errores; y perdonarlos. Pero también es muy importante jamás olvidar nuestro valor; y hay personas a quienes les encanta usar a otras de tapete y pisarlas si se ponen en su camino — más aún cuando con un simple ¿me perdonas? se arreglan las cosas.

He aprendido algo y es que, para mí, de todas las experiencias solo hay dos maneras de salir victoriosa: con una sonrisa, o una lección bien aprendida.