De pronto todas mis amigas se están casando

Pienso que no me gustaría casarme tan joven y al mismo tiempo me da un poco de envidia

Llegó ese momento en mi vida que pensé tardaría más en hacerse realidad: todas mis amigas y compañeras de la escuela se están casando. Y no sé cómo me siento al respecto.

Vengo de una ciudad pequeña donde la única manera en la que puedes salirte de tu casa sin que la sociedad te critique es con un anillo en el dedo. La mayoría de mis amigas cree que el ciclo natural de la vida de una mujer actual es terminar el bachillerato, estudiar una carrera y casarse justo después de tituladas.

Justo el verano pasado comenzaron a graduarse todas por montones y un par de meses después, la página de inicio de mi cuenta de Facebook se llenó de fotografías de las manos de mis amigas presumiendo sus anillos de compromiso o anunciando con mayúscula y negritas que LA BODA ES EN MARZO.

Y la verdad me da mucho gusto. Aunque yo difícilmente me vería casada a mi edad, siento inmensa alegría porque están logrando sus sueños; y no soy partidaria de criticar los sueños de los demás solo porque no se parecen a los propios.

Por un lado pienso que yo jamás me casaría tan joven y por el otro lado, una parte de mí siente un poquito de envidia. La idea de comenzar con los preparativos, de hacer una despedida de soltera memorable, diseñar los vestidos de las damas… y por supuesto, saber que dentro de poco comenzará una etapa de la vida en la que compartir es todo.

Mientras tanto, aquí estoy yo, viviendo la vida tranquilamente y siendo siempre una invitada más o si tengo suerte, una de las damas de honor. Pero no tengo prisa. Sé que voy a disfrutar todas y cada una de las bodas a las que tenga la oportunidad de ir, lloraré con el vals de la novia y su papá y pelearé por el ramo como si mi vida dependiese de ello.

Todo sabiendo que en algún momento, espero, me tocará a mí ser la que llega con la gran noticia. Pero todo a su tiempo.