A mí también me gustan los chicos malos

Los de espíritu libre que escuchan a The Smiths mientras fuman un cigarrillo son mi debilidad

Por “chicos malos” no me refiero a los groseros machistas ni mucho menos a los que les encanta meterse en peleas y presumirlas como si fuesen medallas de honor. No, me gustan los chicos que parecen un caso perdido; los enigmáticos. Los que no saben cuándo fue la última vez que lavaron sus pantalones de mezclilla, tienen un tatuaje lleno de color y escuchan a The Smiths mientras fuman un cigarrillo.

Desde que era una niña llamaban mi atención los hombres de cabello largo y pantalones de cuero negro; recuerdo que en ese entonces el máximo representante de chico malo con sentimientos era Ricky Martin montado en su motocicleta.

Qué tiempos aquellos. Claro que la moda ha cambiado, pero la esencia del rebelde sigue intacta desde James Dean hasta Johnny Depp, pasando por Colin Farrell.

Y es que hay algo muy atractivo en los que a primera vista son casos perdidos, esos que vienen decepcionados de una (o varias) relaciones pasadas y que disfrutan contarte de su nueva filosofía de vida. Me gustan porque también son a los que se les ocurren las citas más románticas, como escaparse a la playa a tomar una botella de vino frente al mar y los que te acorralan contra la pared para robarte un beso apasionado.

También son los que te dejan con la interrogante todo el tiempo. Nunca sabes si el detalle que tuviste lo conmovió o si para la próxima habrá que intentar algo diferente para derribar la muralla que muchas veces ponen para evitar que te acerques demasiado. En el corazón de toda chica enamorada de un chico malo está la esperanza de ser aquella que le devuelva la esperanza en el amor, y quedarse con el enigmático hombre.

Lo admito, seguro no suena como la mejor de las decisiones enamorarse de un chico malo, pero no puedo hacer mucho al respecto. Además, desde que tengo memoria me han dicho que me mantenga alejada de ellos. Y todas sabemos que lo prohibido es excitante ¿no lo creen?