Te digo una cosa para que entiendas otra

Las indirectas son un arma de doble filo

Nos gusta complicarnos la vida, es un hecho. Lo hacemos todos los días y a veces ni cuenta nos damos de que estamos remando en círculos. Para mí, un claro ejemplo de esto es cuando no sabemos decir las cosas como son o sin darle tanta vuelta.

Siempre he sido una persona directa pero confieso que, como todos, también he hecho la típica maniobra de decir algo en código morse en lugar de ser franca desde el inicio. Y la verdad es que lo he hecho porque muchas veces me da un poco de pena ser clara.

Como cuando digo “lo que más me gusta hacer es tener un rato tranquilo y huir del mundo” que realmente se traduce a “de ninguna manera quiero ir a bailar” o la infalible “no me molesta pero preferiría que no pasara tal cosa” y realmente quiero decir “si lo haces vamos a tener un serio problema”

Creo que es algo de lo que se quejan mucho los hombres, pero quisiera saber cómo reaccionarían si fuésemos cien por ciento francas y sonásemos como dictadoras a la hora de hablar.

Ahora, no lo tomen a mal, no estoy diciendo que está bien mentir y siempre voy a ser partidaria de una buena comunicación. Pero la verdad es que he utilizado este recurso para hacerle saber a alguien que quiero o no quiero algo; lo malo es que no siempre funciona.

Y bueno, siempre está el lado negativo, que por no ser lo suficientemente clara siempre queden esas lagunas que dejan cosas importantes a la deriva.

¿A ti cómo te han funcionado las indirectas?