Para ser bella ¿hay que ver estrellas?

Aquellas situaciones que te hacen pensar en que es mejor irse por lo natural.

Si bien soy pretenciosa, me gusta tener mi pelo perfecto, la piel maravillosa y tratar de verme guapa cada vez que salgo de mi casa, me pregunto si es necesario llegar a medidas extremas. O sea en gusto no hay nada escrito, pero hay ciertas cosas que en cuanto a belleza no me sometería ni amarrada.

Hace un tiempo vi dos situaciones por las que pasaron unas amigas y me hicieron ponerme a pesar en lo complejo que es ser mujeres. A una de ellas se le ocurrió hacerse el delineado permanente de ojos. Lo hizo en un lugar muy conocido y bastante profesional, pero le dejaron la embarrada. Parecía como si le hubiesen pegado un combo y hasta el día de hoy se arrepiente de no seguir ocupando su fiel lápiz.

Por otro lado, una amiga se hizo la permanente de pestañas. Le quedaron horribles. Todas desordenadas, unas más crespas que otras y con el tiempo fueron volviendo a su estado normal pero disparejamente. Más encima, muchas las fue perdiendo. De todas formas, ella no se las hizo en el lugar indicado. Así que hay que informarse. En mi caso, prefiero mantener el uso de la cucharita y en algunos casos, del encrespador –No hay que usarlo tanto, porque también maltrata las pestañas-.

La historia más trágica, fue la de una amiga que tuvo que perder su larga cabellera luego que en una peluquería, literalmente le quemaran el pelo. Ella iba por un cambio de coloración y al parecer, la peluquera ocupó más producto del que debía y tuvo a mi amiga más tiempo del necesario debajo de la máquina de calor. Resultado: Pelo quemado. Sin encontrar más remedio, porque realmente le quedó del terror, tuvo que casi raparse.

No tengo problema con aquellas mujeres que se arreglan, que se hacen un par de retoques con cirugía, que van al gimnasio o que hacen dietas, pero matarse por ser perfecta no es muy recomendable.

Y tú, ¿cómo te sacas partido?