Debí ser adolescente en la década de los ochenta

Para mí es una década llena de magia y colores brillantes que me hubiese encantado disfrutar

El sábado pasado pasé una de las noches más divertidas en mucho tiempo: mi mejor amiga y yo vimos una película ochentera llamada Heathers mientas bebíamos vino y comíamos una deliciosa pizza.

Después de un rato me salió del fondo del corazón decirle que casi todo el tiempo siento que debí nacer mucho antes; definitivamente me hubiese encantado ser adolescente en la década de los ochenta. Y platicando un poco sobre eso, me di cuenta de por qué.

Primero que nada está la ropa. No la entiendo y me encanta. Los ochenta fueron una época donde todo estaba permitido; el cabello corto o largo con un permanente fatal, hombreras y mallas de colores y estampados varios. Nadie podía equivocarse, cualquier bota iba con cualquier vestido y bailar ridículamente te subía el rating entre tus amistades.

Además, después de los 60s y 70s donde la gente abusó y disfrutó de la sexualidad como nunca antes, los ochenta regresaron un poco a la inocencia de los cincuenta. La ropa ya no era tan reveladora, no se hablaba abiertamente del sexo y las canciones eran más románticas y fantasiosas que nunca. Eso me gusta, porque el romanticismo volvió a resurgir.

En películas de adolescentes de esa década vemos las horas que una chica se pasaba frente al espejo antes de que la pasara a buscar su galán, las citas en los parques, los helados de limón y un exceso de Aqua Net en el cabello.

También estaba de moda especular cómo sería el futuro; para el año en que vivimos ya deberíamos estar moviéndonos en patinetas voladoras y tele-transportándonos de un lugar a otro con la menor dificultad. Eso engloba un poco lo que quiero decir con la inocencia de la época.

En los ochenta no se hablaba de la escasez del agua, no eran tan poderosas las grandes corporaciones y los videojuegos se multiplicaban como renacuajos en un estanque.

A mi gusto, los ochentas hubiese sido una gran época para vivir mi adolescencia. Me hubiese encantado ir a un concierto de Michael Jackson y tener pósters de los New Kids on the Block en mi cuarto, hablar por teléfono por horas con mi mejor amiga y no tener un celular donde me pudiesen localizar todo el tiempo.

Creo que lo que más extraño de una época que no me tocó es haber vivido el cambio tan radical que se ha dado en los últimos 30 años. La tecnología y las comunicaciones han revolucionado a la sociedad de una manera tan acelerada que, a veces, lo único que queda es recordar los buenos tiempos.

Sin embargo no me puedo quejar. Mi adolescencia estuvo llena de Dawson’s Creek y música de las Spice Girls y definitivamente lo prefiero a una adolescencia llena de Justin Bieber y reality shows.

 

¿Alguna vez has sentido algo así?