Mi domingo navideño

No hay como disfrutar en familia, ¿no creen?

Por lo general el día de navidad es relajado. Hay un almuerzo gigante con toda mi familia, armamos una piscina inflable con mis primas chicas y pasamos el calor dentro de ella.  Además, aprovechamos todos de pasar el estrés de la semana luego de haber estado todo el mes en torno a la preocupación de la celebración, con la lata de los regalos y de que éstos sean perfectos, sobre todo para los niños.

En mi cuanto al almuerzo, siempre es lo mismo. Comemos porotos granado, un plato muy chileno hecho con choclo, cebolla, albahaca, zapallo, entre otras cosas, que es maravilloso. Mi papá es el encargado del postre, pero él no se complica. Compra mucha fruta, la pica y luego le echa mucha azúcar. Además lo acompaña con helado.

Después de almorzar, todos agarran alguna cama y se disponen a pasar el cansancio durmiendo una rica siesta. Como somos varios, algunos se echan en el patio de la casa de mi padrino-que es donde pasamos las celebraciones- y otros, como yo, disfrutan con los niños.

Cuando ya el sueño pasó, viene la once. Nuevamente todos nos juntamos en la mesa. Nos comemos unos ricos panes con la carnecita del asado de Noche Buena y comienzan las anécdotas de la familia y las carcajadas.

Después todos nos vamos a nuestras casas, quedamos comprometidos para la cena de año nuevo, todos juntos nuevamente en el mismo lugar. No hay como disfrutar en familia, ¿no creen?