El fútbol tiene esos días mágicos en los que el reloj parece avanzar más lento, el corazón late con el ritmo de una barra brava y la historia aguarda con los brazos abiertos. Hoy, martes 9 de junio, es uno de esos días. A partir de las 18:00, el mítico Estadio Olímpico Atahualpa de Quito se vestirá de gala para ser el escenario de un duelo electrizante: la Selección Femenina de Ecuador se enfrenta a su par de Argentina. No es un partido más; es la gran final de nuestra Tri en la Liga de Naciones de la Conmebol, son 90 minutos donde nos jugamos el boleto definitivo hacia el sueño del Mundial de Brasil 2027.
Para entender la magnitud de lo que se vivirá hoy en la capital de los ecuatorianos, hay que mirar la tabla con ojos de estratega. Actualmente, el torneo continental ha sido una auténtica montaña rusa de emociones. Con Colombia y Argentina ya clasificadas de forma directa gracias a sus campañas impecables, la lucha por los cupos restantes está que quema.
Venezuela se ubica tercera con 11 puntos, Ecuador marcha en la cuarta posición con las mismas 11 unidades (pero menor diferencia de goles), y pisándonos los talones está Paraguay con 10 puntos. ¿Qué significa esto? Que la Tri femenina depende única y exclusivamente de sí misma. Un triunfo hoy ante las albicelestes blinda matemáticamente el cuarto lugar y nos otorga el pasaporte directo al repechaje internacional.

La gran ventaja de este equipo dirigido por la estratega mexicana Eva Espejo es que llega con el ánimo por las nubes. El reciente y sufrido triunfo por 2-1 frente a Chile no solo otorgó tres puntos de oro, sino que demostró la resiliencia y el carácter de un grupo de jugadoras que no se achican ante las adversidades.
Jugar en los 2.850 metros de altura de Quito debe ser nuestro jugador número 12. La velocidad del balón, el ahogo físico de las rivales y el aliento ensordecedor del público local son factores que las tricolores deben aprovechar desde el pitazo inicial para desgastar a una Argentina que, aunque clasificada, no regalará nada por el orgullo y la rivalidad histórica.
¿Pero qué pasa si la pelota no quiere entrar y el resultado es un empate o una derrota?
Es ahí donde la tranquilidad se transforma en drama y nos tocaría sacar la calculadora, esa vieja conocida del fútbol ecuatoriano. Si Ecuador no logra sumar de a tres, su destino quedará en manos de lo que suceda en Asunción, donde Paraguay recibirá a la poderosa Colombia.
Necesitaríamos que las paraguayas pinchen y no ganen su partido para mantener nuestra posición de privilegio. Como a nadie le gusta depender de otros, la consigna en el camerino nacional es clara: salir a proponer, adueñarse de la posesión y buscar el arco rival con la misma intensidad que se ha mostrado a lo largo de este proceso.
Atrás quedaron los años donde el fútbol femenino se veía de reojo. Hoy, los nombres de nuestras seleccionadas inspiran a niñas, jóvenes y adultos por igual, rompiendo barreras de género y demostrando que la pasión no tiene distinciones. El camino que vendría después de ganar hoy es fascinante: una repesca global en diciembre con seis selecciones de todo el planeta, buscando quedar entre las mejores para avanzar a la fase final de febrero de 2027.
El sueño de volver a una cita mundialista absoluta está a la vuelta de la esquina y este equipo ha demostrado tener el fútbol y el corazón necesarios para reclamar su lugar en la historia. ¡Ponte la camiseta, sintoniza el partido y ruge con las chicas, porque hoy Ecuador juega el partido de sus vidas!
