Dejen la envidia: Epa Colombia merece ser feliz en Rusia

Tenemos una gran tradición de famosos colombianos haciendo estupideces en mundiales.

¿Les horroriza la canción de Epa Colombia? Sí, a mí también. Pero qué hacemos. Es lo que somos. Así como Perú, que por más que quiera, no podrá negar que tiene su Tigresa del Oriente. Pero por más que Epa al cantar se oiga como cualquier troll promedio comentando una noticia de Publimetro en Facebook, no entiendo por qué despierta el odio que despierta solo por ir al Mundial y ustedes no. Es que al menos ella se pagó el viaje.

Porque si hablamos de gente a la que llevan solo para hacer nada a los mundiales, tenemos un amplio repertorio. Y eso me lleva a otro punto: ¿por qué los medios llevan, precisamente, a gente que ni fu ni fa? ¿Que ha hecho verdaderos osos? ¿Que va a hacer notas tontas e irrelevantes? ¿Por qué no llevan a tanto comunicador social que de verdad sabe de deportes, de cultura, que se ha quemado las pestañas y sí a tanta reinita y famosita que solo por ser bonita simplemente va a pasear a costa del canal y ya? ¿ A lagartos y a charlatanes que no dicen nada a los televidentes sino que aparte de fútbol, muestran que hay un déficit de calidad informativa impresionante en los medios colombianos, que nos condenan a ver imbecilidades aparte de lo que verdaderamente importa ?

"Pura embidia", dirán ustedes, al mismo estilo de Epa Colombia. Pero qué hacemos, si ustedes son los que la critican. Que por lo menos ella hace su contenido y no usa a los medios tradicionales para mostrarnos cómo tratan de bailar como los rusos, cómo se embriagan, cómo hacen taradeces, desde tiempos en los que como Selección no valíamos nada. Como por ejemplo, Amparo Grisales en el mundial de Francia 98, de la que se burlaron en "El Siguiente Programa" tratando de entrevistar a Pelé (de hecho ella sí fue y pueden ver acá una de sus grandes entrevistas, #sarcasmomodeon):

No, señores, si van a criticar a "Epa", esa regañiza también va para toda esa caterva que se fue a Moscú a pasear y a hacer gala de su ligereza periodística y mental. Que la envidia sea repartida. O mejor, dejen la envidia, pero que se note que el sentido crítico no va impregnado de su tufillo de clasismo ya mandado a recoger.

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