Maly Jorquiera: “soy triste-fóbica, huyo del dolor”

Con Sergio Freire acaban de convertirse en padres de Lucas, hace dos meses. Sí, se siente un poco cansada, pero enamorada de su hijo como nunca pensó. Y con una divertida mirada de la maternidad vuelve a “MILF” el 15 de enero. ¡La estamos esperando!

Siente que hacer humor es casi un servicio público. No sólo desde el escenario. María Paz “Maly” Jorquiera (37), actriz, comediante y panelista de MILF, el programa estrella de UCV-TV, anda de buen humor por la vida. También ahora, que se convirtió por primera vez en mamá hace dos meses; Lucas se llama el hijo que tiene junto al comediante Sergio Freire.

Nos recibe en su casa con su gran sonrisa, mientras su suegra cuida a Lucas en el piso de arriba. Deja pasar sólo segundos para comenzar a lanzar bromas sobre su enclaustramiento voluntario, como todas las mamás de guaguas que sólo duermen y amamantan.

“No estaban exagerando nada. Me cargaba cuando me escribían ´aprovecha de dormir´ como si llegara Belcebú a mi vida. No llegó Belcebú, pero mi hijo toma leche cada dos horas y después hay que sacarle los chanchitos y prepararlo para dormir, así es que lo que más cansada me tiene es el sueño. Me encanta ser mamá, lo veo y me derrito. Sé que no se ríe conscientemente, pero sonríe desde que nació. Nosotros vivimos de que la gente ría, nuestro hijo ya ríe, y estoy loca de amor”, cuenta.

Se siente un poco aprensiva, aunque con Sergio decidieron aprender en el camino la paternidad, sin leer tanto libro. Criar a su manera.

¡Y no desesperen! Vuelve el 15 de enero al panel de MILF con todas las energías que, aunque sienta lo contrario, no pierde. “Espero que el programa dure mucho más, como el ‘Buenos Días a Todos’, que duro mil años. Súper agradecida. Uno tiene un humor diferente, soy súper prendida, a veces hiperventilada y que te acepten así es bacán, se agradece mucho. Contenta de que la (Claudia) Conserva haya creado este proyecto. Llevaba muchos años pidiéndole a Dios, al arquitecto, algo así. Yo no puedo operar cerebros, no puedo hacer por la humanidad nada muy práctico, no puedo revivir a nadie. Siempre me sentí mal al estudiar Teatro porque no veía el aporte real a la sociedad. Alguien me dijo que a través de la risa podría ayudar a alguien momentáneamente a que se olvide un poco de sus problemas. Quizás por ahí va mi aporte al mundo. Me siento más útil, y MILF me ha dado esa posibilidad, mostrar mi forma de vida para que otras la escuchen y sepan que uno no tiene la vida perfecta, pero tiene que ser positiva ante las cosas. Hablar de mi mamá muerta sé que suena raro, pero a mucha gente le pasa y quiero que vean que la vida continúa, que las mamás nos cuidan desde el cielo”.

¿Te sorprendes siendo, por ejemplo, haciendo cosas ridículas frente a Lucas?

Le hablo todo el día, pobre niño, como si me fuera a responder. Le tiro tallas, le hablo y le hablo. Es súper despierto, creo que porque lo tengo mareado. Me he pillado sobre preocupada. Me daba terror llegar sola a la casa cuando me echaron de la clínica (ríe). Tenía mucho miedo, no estoy con mi mamá y no contaba con mucha ayuda. Pero mi suegra sí ha sido fundamental en todo esto. Es de San Antonio, pero cada vez que la necesitamos viene volando, y Lucas la escucha y sonríe. Ella lo ama, él sonríe, se aman.

¿Tendrás nana en algún momento?

¡Estoy buscando! No es fácil encontrar. Tengo una que venía dos veces a la semana, porque me parecía barsa tener nana. Ella trabajaba con una amiga; se ofreció a venirse conmigo, pero yo no robo nanas (ríe), así es que consiguió otra pega y se va. ¡Nos deja a las dos! Mi suegra es mi mejor amiga ahora, es lo máximo, te morí. Vuelvo el 15 de enero a MILF, así es que le estoy rogando a mi madre muerta que me mande a la persona perfecta. Si fuera sólo hacer el aseo no me importa, pero cuidar a mi hijo… Escuchaba a las mamás decir que les quedaba la cagá cuando dejaban a su hijo en el jardín, y yo pensaba ‘qué aprensivas’. Ahora estoy con los nervios tomados de pensar que me voy a alejar, pero serán sólo tres horas. Es que no quiero soltarlo, estoy enamorada más de lo que pensé.

Siempre has abarcado muchos temas. Me imagino que estás en el periodo de sólo hablar de guaguas…

Sí, soy una latera, el escupo me cayó en la cara. Cuando mis amigas tuvieron hijos, dejé de ir a verlas. Me parecía una lata tremenda. Si nos juntábamos en la tarde era para tomarme un copete, una champañita, fumarme un puchito, y no se podía porque la guagua estaba ahí, así que omitía a esa amiga. Ahora soy la omitida (ríe). Mi único tema es el Lucas: la gracia nueva que hizo, cómo lo baño, me encanta juntarme con mamás. El otro día fui a un evento y había una sicóloga que daba una charla y terminé preguntando tanto que las otras mamás vinieron a abrazarme, ¡me decían que todo iba a estar bien! (ríe). Y me daban su teléfono por si tenía alguna duda…

Pese a que lo adoras, dijiste que no querías tener otro. ¿Por qué tan rápida la decisión?

Mi parto fue muy fuerte. Estuve 15 horas con trabajo de parto, tuve una hemorragia, quedé con una anemia fulminante. Fue muy traumático. Casi me morí, literalmente. Después, venirme para la casa con la episiotomía, pues hija, cosida hasta la nuca, con la guagua tomando pechuga. El segundo parto es ir al baño, es parir un dinosaurio, un huevo de avestruz. Llorando decía “Señor, qué quieres de mí”. En la clínica no iba a hacer pipí porque tenía miedo que se me cayeran los puntos. Pensé que había quedado como Frankenstein, y el doctor se ofendió porque hizo un trabajo de joyería y no se notan los puntos (ríe). Además, me embaracé vieja, tengo 37, y quiero aprovecharlo unos años. A los 40 me parece más peligroso un parto, y económicamente quiero darle todo. Espiritualmente, nunca me imaginé con más de un hijo. Siempre supe que tendría un niño.

¿Ya volviste al carreteo?

(Ríe) Es que era muy carretera. Si no tenía nada que hacer, me veías con la copita de champaña, mi pucho e invitando amigos. Muy relajada. Llegábamos de trabajar con Freire, preparaba una cosita, copita de vino… Me embaracé y ni olí el vino. Después de tenerlo, me dijeron que le diera papa, que me tomara una copita no más porque no pasa nada. ¡No podía! Terrible. Es que él es tan inocente, pulcro, no quiero que me sienta olor a pucho. No me dan ganas de carretear tampoco, estoy raja. Después de estos dos meses, con todo el calor que hace, una michelada me vendría muy bien (ríe). Tuve la guagua y me enteré de que estábamos nominadas al Copihue de Oro. Ahí vino el show de aprender a sacarme leche, averiguando por todos lados; logré juntar 20 bolsas. ¡Como si no fuese a volver en un mes! (ríe). Y la pediatra me dio relleno por si le faltaba también (ríe). La loca, como si me fuera a tomar la vida. Llegué a los Copihue, tenían champañita, así que me tomé dos copas y quedé chicha altiro, se me calentó el hocico, y paré.

¿Y para tu cumpleaños (17 de diciembre)?

Ocupé el resto de la leche, como cuatro bolsitas más. Le pedí a Freire que me sacara, contratamos a una niñera que ya lo conoce, fuimos a un peruano, comí cebiche, cebolla, ajo… todo lo que no puedo comer por dar leche. Me tomé dos piscos sours, me compré mi cajetilla de cigarros, ya no sabía ni cuánto costaba. La niñera duraba doce horas, así es que llegué a la una a la casa y me dormí. Iba a tener una noche de pasión, pero no se pudo (ríe).

¡Cuéntanos la verdad! ¿Cómo lograste volver a tu talla tan rápido?

Pucha, no sé. Volví a comer azúcar, porque el cuerpo me lo pedía en el embarazo, pero no como a deshoras. Mi mamá siempre me decía que comiera de todo, pero no desordenada. Tenía razón la dama, que en paz descanse. No sé cómo volví a estar delgada. Aunque soy crossfitera y runner, durante el embarazo no hice ejercicio. Llevo doce meses sin hacer nada; sólo hice gimnasia para embarazada que era levantar la pata y la pelotita. Ahora nada, porque no tengo tiempo. No sé por qué Dios no me odia tanto; se llevó a mi madre, pero no se llevó mi cuerpo (ríe).

¿Y Sergio incluirá a Lucas en su rutina del Festival de Viña?

Sí, ya está incluido. No la he visto porque no puedo salir en la noche, pero sé que tiene varios chistes sobre ser papá, porque obvio que tiene que meterlo, y le nace con el cabro chico aquí.

¿Te da miedo Viña?

Durante hartos años no sabía por qué no lo llevaban. No me voy a meter en eso, porque con el tiempo uno se da cuenta que las cosas pasan en el momento preciso. Este año, de un día para otro, lo llaman para decirle que está listo para ir. Lo bueno es que lleva un año de rutina nueva; fue a Olmué, Talca, hizo todo el camino a Viña. Estuvo con público de 100 mil personas, se maneja con grandes multitudes, pero igual me pone nerviosa, porque es el escenario más importante de Chile y América. Lo estamos apoyando.

¿Le das tu opinión?

Me cuenta más cosas aquí, en la casa. Me cuenta el chiste, y le comento, trato de ayudarlo en lo que puedo, pero él es bacán poh. Sería muy cara de raja decir que le escribo el guión y lo mando a Viña (ríe). En Chilevisión él era mi jefe de guión, y así me conquistó. Como necesitaba pantalla, me lo comí (ríe). La trepadora.

“ME CARGA LA COMPETENCIA”

Viviste la niñez en El Salvador, en el norte. ¿Te acostumbraste 100% a Santiago?

Allá no tenía rejas, nada, ahora no sé cómo estará; me vine hace 18 años. ¿Sabes qué me cuesta después de tantos años, aunque nací aquí y toda mi familia es de acá? El carácter del santiaguino. Es pesado, somos pesados, somos serios. Yo te converso si te pillo en la calle, te comento en la cola del supermercado para pasar el tiempo, me gusta esa cosa más pueblerina. Ahora lo hago menos porque no quiero que me rechacen o me pregunten sobre la vida privada. Mi papá todavía lo hace, y pobre, no lo pescan. Pero uno se acostumbra a todo, ahora manejo y soy brígida. Antes daba la pasada, ahora no la doy ni cagando (bromea).

Eras súper matea en el colegio, ¿matea pesada?

Tengo buena memoria y capacidad de asociación. Estudiaba una hora, y me sacaba un 7 o un 6,9, pero ahora no me acuerdo de nada de la materia (ríe). No pasaba encerrada ni nada, siempre fui carretera, de toda la vida. Era terrible, porque mis papás no me podían decir que no porque tenía buenas notas.

¿Siempre fuiste competitiva?

Antes sí, ahora no soy competitiva. Me di cuenta que cada persona tiene sus cosas que vivir, sus procesos, aprendizajes, no quiero la vida del otro, quiero vivir mi vida. Muchas veces quería pegas que las otras tenían, hacer más teleseries, cine, al ritmo de las otras, pero me di cuenta que era desgastante, no me sumaba. Me llegaban cosas buenas cuando me calmaba. Me carga la competencia, abandono cualquiera que se me cruce. Si quieres mi trabajo, te lo cedo. Si es competir por talento, voy, porque “esto es lo que yo sé hacer”. Pero de codazos no soy. Si me pegas un codazo porque quieres mi trabajo, te digo “no pegues codazos, guachita linda, tómelo. No voy a entrar en este juego”.

¿Es verdad que cuando estabas estudiando Teatro te dijeron que no lo hicieras, que mejor hicieras tele porque tenías buen cuerpo y eras bonita?

Porque era muy bonita (ríe). No, porque tenía buen cuerpo, el pelo lavado con manzanilla, rubio, largo, era una niña como para el Miss 17. De hecho quería ser como Claudia Conserva, y ahora la toco y le corro mano (ríe). Es tan bella, es terrible. La miro y me quedo pegada pensando “¿qué se sentirá ser así?” (ríe).

Bueno, y ¿cómo te tomaste ese comentario por tu cuerpo?

Me dio más fuerza para seguir, porque tuve que demostrar. Además mis papás daban una oportunidad por hijo, no para andar en varias carreras. Yo había apostado todo por Teatro. Mi papá es profesor de Castellano, orientador, y por mi promedio –tenía 6,9 y saqué muy buen puntaje en la Prueba Aptitud– me rogaba que estudiara otra cosa. Lo único que me pidió cuando le dije que sólo quería Teatro, era que estudiara en la Chile o en la Católica (quedó en la primera).

¿En la Chile realizan teatro más dramático?

Claro, y yo no era tan dramática. Lo hago súper bien, pero no me llaman para hacer dramas. Mis exámenes finales fueron dramáticos, y soy seca. Me encantaría hacer una obra de teatro, algo realista. Me gusta el drama y el humor, me gusta todo. Hice una obra muy conocida llamada “La casa de Bernarda Alba”, con Tomás Vidiella dirigiendo, y estaba la Rosa Ramírez, la Loreto Valenzuela, la Coca Rudolphy, un elenco potentísimo. Nos fue la raja, y mi personaje era el más dramático de todos porque era la protagonista.

“CON FREIRE NO PELEAMOS NUNCA”

Uno te asocia sólo con el humor. ¿Te da miedo quedar con esa etiqueta?

Siento que la vida me presenta cosas nuevas y no me abandona. Nunca pensé ser panelista de nada ni conductora, nunca pensé hacer stand up, siempre voy renovándome. De hecho, justo antes de quedar embarazada, filmé una película que cuenta la historia de una madre que tiene a su hijo con una enfermedad terminal, y me llamaron. Lo hice súper bien, me aplaudían después de cada escena (ríe).

Te ves súper feliz, y uno no suele toparse con gente con esta energía todos los días.

Es que no soporto la pena, no tengo tolerancia al dolor. No me gusta la sensación de sufrimiento. Soy triste-fóbica y enojo-fóbica, huyo del dolor. Cuando me pasa algo malo, le doy vuelta la tortilla, “por algo será”, digo. Cuando una amiga me hace daño, no me enojo, me alejo, no la vuelvo a ver. Con Freire no peleamos…

Eso es muy llamativo…

Nosotros dialogamos, pero en esta casa no se grita ni se discute, porque los dos somos triste-fóbicos. Pero cuando estaba embarazada el primer mes lo odiaba, y él es un encanto. Lo miraba, y pensaba “mírenlo con qué felicidad pasea, y yo acá. Mira, respira, vive” (ríe). Pero nunca se lo demostré, porque la rabia no tenía que ver con él, cómo iba a empezar a vengarme. A esa gente que dice “hoy amanecí idiota, aguántenme”, no la entiendo. No tengo por qué aguantarte si no te he hecho nada, así es que no me vengo de nadie con mis problemas.

Eres muy generosa. ¿Cómo te desahogas?

Es que no tienen la culpa de nada, la gente tiene muchos problemas. Yo pienso, lloro, lo converso. Le digo a Freire que tengo un poquito de rabia porque tal persona me hizo esto, y Freire me dice que lo vea de tal forma, y me calmo. Igual soy nerviosa, ansiosa.

¿Te gusta alegar?

No, la verdad. Quizás digo las cosas, pero nunca prepotente. Si llego a una tienda y no me saludan, le digo “disculpa, me estoy dando el tiempo para saludarte, con todo el tiempo del mundo. Podría pedirte lo que quiero altiro…”. ¡La mina latera, tres horas comprando! (ríe). Ayer en Instagram subí una foto haciéndome las uñas, porque mis amigos vinieron a cuidarme a la guagua para hacerme las uñas. Una mina puso “la mina tonta, loca c…, pobre guagua”. Nunca contesto esos comentarios, porque puede ser una persona un poco loca; las redes son democráticas. Pero me dio tanta pena ella, que sintiera eso, que le respondí “señorita Isabel, no se preocupe por mí y mi hijo; preocúpese de usted que la noto con mucha rabia. No sienta tanto odio, y espero que sus problemas pasen luego”. Borró el comentario al final.

Pocos piensan así del otro. Eres la empatía en persona.

La empatía hace falta en el mundo, somos individualistas, creemos que somos los únicos que sufrimos. Mi mamá se murió cuando yo tenía 23 años (de cáncer de mama), mi hermana tenía 18, y siento que hay gente que le pasan cosas peores. No ando diciendo “oye, no tengo mamá”.

Bromeas harto con ese tema…

Es que mi mamá era buena pal´ hueveo también (ríe). Tengo un poquito de humor negro, y la gente se asusta. A veces digo unas cosas espantosas. No hablo muy en serio, porque me cuesta. Se me ocurren webadas.

¿Qué porcentaje del día hablas en serio?

Con el Sergio hablamos en serio a veces, pero agarramos para el leseo al poroto y nos morimos de la risa. Sergio le saca unas fotos que no hemos subido a Instagram, porque quizás dónde nos manden. Es nuestro hijo, pone caras graciosas, le ponemos cosas. Creo que el Lucas se rió tanto en la guata que por eso tiene una sonrisa permanente.

¿Cómo es eso que ves muertos? ¿Es verdad?

Es que juraba que todo el mundo los veía. Cuéntale tú (le habla a un espacio al lado mío, a un “muerto”) (ríe). He tenido una relación con la muerte desde muy chica. Tenía una profe particular de inglés, y murió; mi mejor amiga murió quemada con su papá en un incendio cuando tenía 16 años, fue horrible. Mis abuelos han muertos todos, mi mamá murió muy joven. Todos los que se acercan a mí, mueren (ríe).

¡Qué heavy!

Mi profesor de Enseñanza Básica murió cuando estaba en Tercero Básico, y se despidió en mi sueño la noche anterior. Cuando mi mejor amiga murió, muchas veces se iba a sentar a mi cama, se me aparecía en los sueños. Despertaba y la veía sentadita, no le hablaba ni nada, poh. Después vi personas, pero desde que nació el Lucas siento pocos miedos en ese sentido. Antes Sergio se iba de gira y no podía dormir, cagá de susto porque sentía presencias que me aplastaban, me desdoblaba…

¿Fuiste a ver algún especialista para que te guiara?

No me quiero meter en eso. No me lo compro a mí misma, lo cuento así no más. Cuando lo conté en el programa después me llamaba mi familia para preguntarme por qué andaba hablando eso. No sabía que iba a prender tanto; pensé que era de lo más común. Ahora duermo raja eso sí, porque tengo dos horas para dormir (ríe).

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