Yazmín Vásquez en su mejor momento: “Soy feliz a rabiar”

Con 43 años, la animadora del programa “MILF” no sigue estereotipos. Le gusta usar pelo largo, mini y crop tops. Hablamos sobre la importancia de la sinceridad en la amistad, qué no perdonaría jamás, y su definición del éxito, a fines de uno de sus mejores años.

Si pudiera escoger a la entrevistada más simpática del 2017, el premio sería para “Yaz”. Pocas veces te encuentras con mujeres tan genuinas, espontáneas, chistosas y sin maldad. “Soy una mezcla de mi papá y mi mamá, qué ñoña. Mi papá es súper extrovertido, le gustan las fiestas, las luces, invita gente a la casa, y mi mamá es más quitada de bulla, pero es muy tierna, cálida, amorosa”, resume. Yazmín Vásquez (43) llegó a Santiago desde Villarrica para convertirse en modelo porque era su sueño, aunque ahora asume que no tenía los parámetros que exige esa industria. Finalmente se decidió por Periodismo.

Da la sensación, especialmente cuando se escucha a seguidores del programa, que hoy todos quieren ser amigas de “Yaz”, pero su carrera lleva más de una década. Trabajó en televisión desde que comenzó su práctica en TVN, participó en un programa de viajes en Canal 13, y su rostro se volvió reconocible en “Pollo en Conserva”, de La Red. Este año, junto a Claudia Conserva, Maly Jorquiera y Claudia Hidalgo –quien remplaza a Maly hasta enero– se transformó en animadora del exitoso y querido “MILF”, de UCV TV.

Sigue en el programa –que continúa durante el verano y el 2018–, pero también tiene otro proyecto: junto a su marido, terminar de habilitar un hotel boutique que tienen entre Villarrica y Pucón, que estará listo a mediados del próximo año.

En su vida personal todo funciona perfecto: se siente felizmente casada, es mamá de Rafaela (10) y Santiago (6), y hace dos semanas contó públicamente que se hizo un aumento de busto. “Me demoré 12 años en tomar la decisión. Me sentía bien ‘niño’ porque soy flaquita, chiquitita y pensaba que con un poco más de pechuga tendría más cuerpo. Con el ejercicio, al tener más fibra, más músculo, te ves más plana, y me daba lata ponerme relleno todos los días. Ahora que lo hice me he sentido increíble, sin dolor, al tercer día volví a trabajar. Cuando me pruebo ropa, ¡me amo!”, cuenta entre risas.

Has dicho que estás en tu mejor momento físico, ¡y se nota!

Lo digo un poco riéndome, porque no quiero ser malagradecida. Siempre me he sentido cómoda con mi cuerpo, cuando he estado más gordita o flaquita, pero me merezco este cuerpo porque me saco la cresta entrenando. Ahora paré un poco por la operación. Lo extraño, pero también contenta por no tener que levantarme en la mañana después de dejar a los niños en el colegio. Hago yoga, TRX intensive, step con pesas, spinning…, voy cambiando. Lo único que no dejo es el yoga, y sigo estudiando para certificarme como profesora.

¿Y cambiaste el tipo comida?

Nada. Según la Claudia (Conserva) soy de la raza maldita que come y no engorda, pero tiene mucho que ver con mi enfermedad de Crohn; no paso preocupada de la comida. Intento ser más sana por salud que por el peso. Si me invitan a comer a las 10 de la noche y hay que comer torta, como no más. Me lo perdono porque sé que al otro día voy a correr o a hacer algo, no me voy a quedar echada. ¡La vida no puede ser sólo privarse!

En un capítulo de “MILF” le insinuaste a la Claudia que se había dejado estar…

Ay, sí, me lapidaron por eso. Siento que uno se deja estar como mujer porque se preocupa del millón de cosas que pasan alrededor, como el orden de la casa, comida, hijos, tareas. Todo combinado con flojera, porque eso te da el pie para decir “es que no tengo tiempo”. De verdad algunas personas no les da, pero otros se levantan a las 6 de la mañana para hacer algo. Yo prefiero entrenar al día siguiente, porque dormir es fundamental. A los 39 años estaba en un probador, me miré al espejo y vi que me había venido abajo, y es normal, porque a los 40 años no te ves de 20, pero caché que podía revertirlo. Ahí tomé la determinación de cambiar, porque el metabolismo después de los 40 no vuelve a ser el mismo. Contraté un personal trainer para que me obligara los dos primeros meses a ir mucho al gimnasio, y dio resultado.

¿Qué te decían tus cercanos, pensaban que era una crisis de los 40?

Nadie me creía, pensaban que era una chifladura más de pagar el gimnasio y no volver. Le decía a mi marido que me obligara a ir. Cuando pasaron los dos meses alargué un mes más al profe, porque las ganas no estaban tan grandes, hasta que llegué al yoga. Ahí empecé a ir todos los días, solté al profesor y me enrielé. Después ya era necesidad. Si no iba al gimnasio, me faltaba, y me sorprendía yendo al gimnasio a las 9 de la noche hecha bolsa, pero salía tan contenta que valía la pena.

Y ahora éxito laboral en “MILF”. ¿Qué te parece?

Siempre le digo a la Claudia que ni en el mejor de nuestros sueños nos imaginábamos esto. Era buena la idea a largo plazo, pero ha sido súper rápido.

¿Cuál es la receta?

La magia está en que lo pasamos muy bien haciendo el programa, y eso se trasmite. Cuando me río de verdad lo paso bien, se traspasa que tenemos onda entre nosotras. Cuando la Claudia me dijo que quería hacer un programa con “alma”, me reí a gritos. “Qué linda ella”, pensé, pero tenía razón, tiene que tener onda.

Las tres son súper espontáneas…

Ese es el ojo de la Claudia. Ella buscó la espontaneidad. No me llamó por ser su amiga, sino que porque soy media loca, deslenguada, y soy así acá y en el programa. Ella teme a veces porque puedo decir cualquier cosa. Tengo mi criterio, obvio, porque soy madre y tengo marido, pero lo que te digo aquí lo puedo decir en la tele, y da lo mismo. Me he dado cuenta que es lo que de verdad la gente quiere escuchar, no a una mina siútica, sino la verdad.

¿Falta gente espontánea en la televisión?

Antes la tele era muy empaquetada, ahora se soltaron más, o si no el público se quedaría en redes sociales. Ellos premian la espontaneidad y también, algo que agradezco a UCV y la productora, la libertad de poder decir lo que uno quiere. No hay pauta y nadie te dice que no puedes hacer algo.

Tampoco hablan de farándula o mal de la gente.

Es que a nadie le importa todo eso. Lo único que genera es negatividad, y generalmente se da entre mujeres. Este es un programa de amigas y tratamos de apañarnos. La gente percibe que somos súper sinceras en todo. Cuando le digo a la Claudia que no se veía tan bien con esa ropa, se lo digo de corazón, nadie se enoja y seguimos amigas como siempre… Bueno, se enoja un poco (ríe).

¿Te has arrepentido de contar algo?

A veces me voy a mi casa y me pregunto “para qué lo dije”, y algunas tardes me he ido bien angustiada. Con el tiempo me doy cuenta que pasaba piola. Cacha lo tonto; no iba a contar lo de las pechugas porque es algo personal, pero después pensé cuántas minas se ponen pechugas, se sacan, se hacen una lipo. Qué tiene de malo si no le pido plata a nadie, no le hago daño a nadie y le puede servir a alguien que está ultra dudosa con este tema, que piensa que se va a morir, como yo. Yo pensaba que me iba a morir con la anestesia y no pasó nada, ¡y estoy más feliz que nunca!

“MILF” serían las siglas de Mujer Independiente, Libre y Feliz….

Mentira (ríe). Sí, siento que soy independiente. Obviamente tengo respeto hacia la persona con quien vivo, y por muy independiente que me crea debo tener criterio por cosas que algunas veces pueden herir al resto, pero eso no me quita independencia. Tengo claras las cosas que hago… Bueno, a veces no tanto, pero pienso en el resto porque los quiero y los cuido. Soy feliz a rabiar. Mientras mi familia y mis hijos tengan salud, está todo perfecto, no hay nada más que pedir en la vida.

¿Te sientes exitosa?

Depende de cómo uno valore el éxito. Si ser exitosa es estar en la tele, soy exitosa; si es tener una familia linda y sana, soy exitosa; si tener salud es ser exitosa, soy ultra exitosa. Siento que soy una persona trabajadora, positiva, que le pongo el hombro, trato de levantarme contenta, no generar mala onda, de andar siempre con una sonrisa.

¿Eres ambiciosa?

Pucha, re poco. Un director de televisión me dijo que yo no llegaría arriba porque no tenía ambición, y tiene razón (ríe). No tengo ambición. Si el lugar donde trabajo me hace feliz, me quedo ahí. Si me llaman de otro con más plata y no me hace feliz, no me iré. Mi felicidad pasa por muchas cosas antes que el dinero o ser reconocida. Obviamente tengo ambiciones, como que mis hijos tengan una buena educación, tener plata para costear alguna enfermedad, pero lo básico, tampoco quiero ser multimillonaria… Todos quieren tener mucha plata, pero no me quita el sueño.

¿Sientes que ahora todos quieren ser amigos de “Yaz”?

Un poco; de hecho el otro día le pregunté a la Claudia “¿tan simpática soy? Mira que ahora todos quieren invitarme y carretear conmigo” (ríe). No tengo tiempo ni de ver a mis hijos, menos para carretear. Lo agradezco igual. Hoy estaba en una multitienda comprándome sostenes nuevos, y se me acercó una señora con cáncer. Me dijo que la hacía mucho reír a ella y su marido, que no ve nunca tele, y me alegré mucho. Se va, se devuelve y me dice “me haces pasar contenta la enfermedad”… Uf, me da pena de nuevo…, capaz que ande ovulando. Entre más vieja, más lloro. Después pensé qué buena onda que en una hora y media del día, con estupideces –porque tampoco hablamos de cosas trascendentales como política o economía– uno pueda regalar una sonrisa, que alguien quede feliz antes de acostarse o sienta que una amiga televisiva te quiere. Se genera eso, porque en el fondo estás webeando con ellos.

¿Tienes muchos amigos?

Sí, muchos. Es un poco enfermante, porque entro a un lugar y quiero saludar de besos a todos. Soy de piel, sureña, la gente de región –sin desmerecer a los de Santiago– somos cálidos. Tengo esa cosa de que uno pedía fiado, todos nos conocíamos. Me gusta abrazar…

¿Eras popular en el colegio?

Sí, también. O sea, eso pienso yo, capaz que mis compañeros crean que soy barsa. Si no era popular, era querida, no tenía mala onda con nadie.

No te imagino enojada…

Sí, me enojo, pero por puras leseras. Trato de no enojarme mucho. Típico que los hijos te sacan de quicio, aparte soy la bruja porque paso todo el día con ellos. No los dejo jugar para que hagan la tarea, soy la pesada, y hay minutos en que pierdo la paciencia.

¿Y como amiga?

Me enojo poco. Nunca me he peleado con ninguna amiga, que nazca de mí. Quizás cuando chica por alguna tontera. Ahora evito el conflicto, me carga los problemas. De hecho, si tengo una diferencia de opinión con alguien, no soporto saber que esa persona está enojada conmigo; mando WhatsApp o hablo al día siguiente porque no quería hacerla sentir así.

Qué amorosa. ¿Y cómo haces para decirle la verdad a las amigas y que no les duela?

Capaz que peco de sincera. No callo, creo que con cariño uno puede decir cualquier cosa. Hay que buscar la forma, el minuto. Si estoy vestida a punto de salir a alguna parte, y me dices que me veo horrible, me vas a joder porque no tengo otra opción. Pero si me dices que me podría cambiar la ropa media hora antes, está bien porque hay solución. Uno no tiene que ocultar las cosas por hacer sentir un buen momento. Mejor que se lo diga yo, que la quiero, a que se lo diga otra persona que no conoce.

¿Hay algo imperdonable en la amistad?

La deslealtad es imperdonable en todo tipo de relaciones. Cuando uno le entrega la confianza a alguien, que ese alguien te quite el piso es lo peor que te puede pasar. Se quebró todo no más. Obviamente los maridos de la amiga son asexuados, no existen, no los miro con esos ojos. Nunca me ha pasado, dejaría de ser mi amiga, no podría tener a una traidora. A propósito, fui a ver la primera función de “No estoy loca” y habla un poco de eso, de la deslealtad entre las amigas. Qué heavy, porque uno confía mucho en la amiga, sabe tus secretos, tus debilidades, imagínate que esa persona te juegue chueco. Yo trato de ser súper leal.

¿Has ido al psicólogo?

Cuando más joven, porque era muy regalona. Me costó acostumbrarme al ritmo de Santiago. No caí en depresión, pero me afectaba la guata, así es que necesitaba ir a un lugar para que me enseñaran a relajarme, a desenvolverme sola. Estuve un mes seguido, desde que llegué a Santiago, haciendo la maleta todas las noches; lloraba, me devolvía, y al otro día iba a la universidad. Llamaba a mi mamá llorando y me recordaba que yo quería estar aquí…

Querías ser modelo en un principio…

(Ríe) ¡Si poh! Ahora le pregunto a mi papá por qué, si él veía que yo medía 1 metro 62 y no tenía ni una cualidad para ser modelo, no me dijo nada. Y me dice que como tenía tantas ganas, o llegaba a ser una buena modelo, o iba a cachar que no tenía por dónde. Duré dos meses y caché que no era lo mío. Todas medían más de 1 metro 65, me daba lata aprender a caminar con taco y las clases de locución.

Impulsiva. ¿Se te pasó?

No, sigo siendo impulsiva. Lo que no me gusta nada es que dejo botadas las cosas en el camino. Digo “voy con todo a esto”, y en la mitad me desinflo.

¿En qué, por ejemplo?

Quería tener una tienda de ropa. La tuve, me fue bien, pero después estaba chata. Y dije que no, que tengo que terminar lo que empiezo. El día de mañana no puedo devolver a los niños porque estoy cansada. No les puedo decir “váyanse porque la mamá no tiene ganas”.

Has asumido que te vistes como “lola”. ¿Te lo cuestionas?

Sí, un poco. Mi hija a veces me dice “mamá, no te ves tan bien así”, porque encuentra que el peto está corto, pero te juro que me siento de 20 años (ríe). Me gusta el crop top, siempre me dicen “tanto crop top” (ríe). Me gusta verme jovial. No concuerdo con la mina que dice que por tener 40 años tienes que tener el pelo corto, no puedes usar mini ni mostrar pechuga, ¿por qué?

¿Te has sentido observada por otras mujeres que puedan cuestionarte?

“Qué desubicada ella”, pueden decir. Me pasó que estaba comprando una chaqueta para mi hija y, como soy tan flaquita y chica, me compro la talla 14 para mí, entonces había una señora y le digo que quería la chaqueta para mí, y me dice “qué feo, para ti y para tu hija, qué feo. Qué mal gusto que anden las dos con chaqueta rosada con blanco y brillo”. Le dije que lo encontraba increíble, y mi hija goza cuando nos vestimos iguales. ¿Por qué uno tiene que privarse?

Te casaste hace 4 años. ¿Cambió algo el papel?

Nada de nada. No me importaba el matrimonio, porque llevábamos 7 años, pero empecé a cachar que cuando entraron al colegio era un trámite todo, y cuando viajábamos nos pedían libreta de familia. Me he dado cuenta qué bonito es estar casada, que es sólo mío. Obviamente me puede dejar e irse con otra, pero es lindo saber que moriremos juntitos y que nos unen nuestros hijos. Y me gusta decir “cuidado que tienes argolla”. Me di cuenta de que me gustan los ritos, les hace bien a los niños, a mí, y mi familia quedó contenta. Nosotros seguimos igual, nos amamos igual. Apenas lo vi supe que era el hombre de mi vida, pero a veces quiero matarlo (ríe).

¿Te sientes una mamá chora?

Trato de ser simpática, lúdica, pero soy normal no más (ríe). Me gusta echarme a mirar tele, me gusta que jueguen solos, se entretengan. Siempre les digo que a mí nadie me entretenía, que en los cumpleaños no había animador. Mi mamá me hacía naranjitas con jalea, su torta de galleta, y yo con mis amiguitas jugando. Me gusta que se aburran y se entretengan solos. A ninguno les he regalado artefactos tecnológicos, pero les presto mi teléfono y debo reconocer que a veces agradezco tenerlo a mano para que se queden tranquilos (ríe).

CREDITOS ROPA:

VESTIDO, AC MARE; ACCESORIOS, SOPHIA SCHNEIDER.

SHORTS Y TÚNICA, AC MARE; ACCESORIOS, FALABELLA.

SHORTS Y TÚNICA, AC MARE; ACCESORIOS, SOPHIA SCHNEIDER; BOTINES, A.S.98 ( IG:@as98chile).