Diversión

Pablo Alborán se confiesa: “En el escenario no tengo inseguridades”

Tras dos años de ausencia, su nuevo disco “Prometo” nos permite conocer distintas facetas de este guapo cantante malagueño. Nos contó qué pasó con su vida estos años, sus fuertes lazos con reconocidos artistas, y cómo encuentra otras aristas en el amor.

Amable, genuino y sumamente expresivo fue Pablo Alborán (28) en esta entrevista. Tras dos años de ausencia, nos vuelve a encantar con un nuevo disco, “Prometo”, resultado de su evolución musical. “Creo que al final ha resultado un disco que abre puertas o, mejor dicho, que tiene las puertas abiertas, aunque no sabría decir hacia dónde, y eso es precisamente una de las cosas que me gustan de él. Que haya canciones donde de repente oyes un acento jamaicano, venezolano o colombiano, o que de pronto se oiga un reggae donde aparece un cuatro venezolano o un tres cubano… Ese tipo de libertades no las tuve en discos anteriores, hubo muchas facilidades en ese sentido”, confiesa.

Todas las canciones fueron compuestas en el último año y medio, y encontramos su sello, las baladas, pero también canciones movidas como “No vaya a ser”, con ritmos electrónicos. Incluso en la carátula rompe los esquemas con muchos colores y personas de diferentes razas. “Quería que se viera mucha libertad, muchas puertas abiertas, que de repente aparecieran fotografías con imágenes de paisajes que pueden ser de México, Chile, Argentina o palmeras tropicales. Quería algo universal. Me pasé con tanto color (ríe), pero rompe con lo que estaban acostumbrados a ver de mí”.

En el video te vemos bailando. ¿Te gusta?

Un poquito. Lo que hago en los shows, donde no bailo ni hay una coreografía como tal, es “desmelenarme”, soltarme la coleta, reírme.                                                                                                    

Pero muchas de tus canciones siguen siendo de amor…

Sí, pero en este disco hay una canción protesta, un cara a cara frente a los políticos; otras hablan de la vida simplemente. Una ahonda precisamente en que debemos darnos cuenta de que hay que vivir, que la única religión que persigo es trasmitir una sonrisa.

¿Es difícil encontrar otra arista al amor? ¿Cómo lo logras?

Parando, desconectando, estudiando, leyendo y viviendo, porque el amor no va a parar, el amor es eterno. La manera de transmitir lo que uno siente siempre se enriquece más cuando tú te enriqueces viviendo, aprendiendo cosas nuevas, juntándote con gente diferente, viviendo experiencias nuevas. Llegó un momento en que me sentaba a escribir y me faltaban palabras. Lo que escribía no era exactamente lo que sentía, y ahí dije “tengo que parar”.

¿Lees poesía?

Sí, leo, leo, pero incluso en la poesía cuesta encontrar otra arista. Depende de dónde hables del amor. Cuando te ponen los cuernos, sientes desilusión, desengaño, vacío…, muchos sentimientos, pero si le das la vuelta a esa historia y hablas sobre por qué me han puesto los cuernos o qué puedo sacar de positivo de que esa persona no está en mi vida, es otra historia. Eso sólo te lo da el parar, dar un paso atrás y ver las cosas con perspectiva.

Estuviste casi dos años fuera del espectáculo, ¿qué hiciste?

Sí, paré de esta locura y ritmo frenético. Me fui a mi casa, a Málaga; estuve con mi familia porque necesitaba estar con ellos.

¿Tus amigos siguen siendo los mismos?

Sí, y he ganado nuevos también. He conocido gente maravillosa que jamás pensé que podríamos congeniar. He compartido con compañeros de profesión a los que admiro que siempre me han dado la oportunidad de colaborar con ellos, pero nunca pude tener una cena tranquilos, como con Alejandro (Sanz) o Miguel (Bosé) o Pablo López, otro malagueño con quien nos hemos hecho súper amigos. Tengo una pandilla de amigos súper buena, hacemos Facetime mientras trabajamos. Jamás pensé tener esta relación, no sólo con gente de toda la vida, sino que con personas dentro de la industria.

¿Te costó retomar tu carrera?

No, al revés. Tenía ganas y me estoy divirtiendo mucho hasta ahora. Agradezco, pero además hay más gente revitalizando la música pop, la urbana, y me parece bueno que nuevos rostros tengan la oportunidad de arrancar su carrera, como la hemos tenido otros.

Con qué artista español te sientes más identificado: Miguel Bosé, Enrique Iglesias, Alejandro Sanz o Melendi.

Un poco de los cuatro, aunque a Enrique no lo conozco aún. Melendi era amigo de mi hermano, vivieron en la misma casa mientras estudiaban juntos, era muy divertido, tenemos una amistad muy grande y referentes en común como Sabina, Serrat o Cerati. Alejandro es un referente desde que era pequeño, y ser su amigo es maravilloso, nos cuidamos mucho y es muy honesta nuestra relación. Y Miguel es como mi padrino. Mi hermana era mega fan de Bosé, fui con ella a un concierto en Madrid cuando tenía como 15 años, y me acuerdo que me dijo “algún día vas a cantar con él”. A los 22 años, con mi segundo disco, Miguel me invitó para cantar en una gira, luego a cantar en Chile, después a Madrid. Luego lo invité yo, con muy poca vergüenza, y me dijo que sí. Desde ahí se convirtió en un gran consejero, amigo, conoce mi familia y yo la de él.

¿Te gusta algún artista chileno?

Sí, Mon Laferte, a quien no conozco pero me gustaría trabajar con ella; Camila Gallardo, una niña que descubrí hace poco y canta muy bonito, y Francisca Valenzuela, con quien canté en Viña del Mar.

“ME GUSTAN LOS RETOS”

¿Tienes inseguridades? ¿Cómo luchas con eso en el escenario?

Tengo inseguridades, pero en el escenario no. En el escenario es el único momento cuando me siento yo mismo, y donde podría estar desnudo y me da igual. Es el único lugar en el que lo único que tengo que hacer es tocar y cantar. Mi único objetivo es que la gente lo pase bien y liberarme de los problemas del día a día. Es la única manera de desconectar, canto y …., (hace el gesto de despegar).

Y después no puedes dormir más…

(Ríe). No, no puedo dormir, y no tomo nada raro en los conciertos, ni café (ríe). No hay droga más maravillosa que el público y el sonido de los gritos. Claro que cuando llegas al hotel el cambio es grande, es un gran contraste.

Estás muy guapo…

(Ríe) Gracias, pero no me siento guapo. Ves, otra inseguridad, no me siento guapo.

¿Crees que la belleza ayuda a que más gente escuche tu música?

Si ayuda, maravilloso, pero te juro por mi madre que no me siento guapo, me cuesta hasta hacerme fotos. Claro que estoy todo el día con cámaras y uno quiere verse bien; cada vez más piensas en qué te vas a poner, pero en mi día a día me da mucha vergüenza, te lo juro.

¿Hay envidias dentro de la industria?

Una pregunta complicada. No sé si ha sido envidia cuando he sentido que algunos no se alegran de que te vaya bien, o les molesta que te vaya bien. No quiero pensar que doy envidia, me daría mucha pena. No me da envidia nada, al contrario, me alegro de los éxitos de los demás. Siempre hemos sido así en mi casa, mi familia es así. Precisamente, el otro día en una comida en casa de Alejandro Sanz con otros artistas, vino mi gestor, que es abogado, y nos vio a todos charlar, reírnos. Luego, mientras conducía, me dijo “si la gente supiera lo normal que es todo, que todos somos iguales, que el glamour es para la televisión…”.

Entonces, ¿has sentido mucho apoyo?

Sí. Por ejemplo, cuando saqué el video de “No vaya a ser”, me llegó este mensaje de Alejandro (saca su celular para leer el WhatsApp): “Un beso enorme, hermano. Qué alegría me da todo tu éxito, nos vemos pronto. Vente”. Si lo pienso, yo lo escuchaba cuando caminaba al colegio y hasta lo imitaba con una amiga que imitaba a Shakira (ríe). Qué bonito sentirte arropado en la industria. Hay que apoyarse, la industria es muy jodida cuando quiere.

¿Cómo es tu relación con las fans?

Muy buena. Aquí acabo de alucinar. Los clubes de fans se han puesto camisetas de distintos colores para que se identifiquen y me haga una foto grupal con cada grupo. A veces hay locura, pero me parece precioso que ellas se organicen para que todos estemos bien, si no a veces se complica y no hay foto. Me doy el tiempo para estar con ellas, y más ahora que puedo.

¿Qué locuras de fans te llaman la atención?

El otro día se tatuaron el logotipo de “Saturno”. Deja ver si lo tengo aquí en mi teléfono (me muestra la foto del tatuaje). ¡Te estoy enseñando muchas cosas hoy! (ríe). ¡El logotipo de Saturno es la portada del disco! Mi hermano diseñó la tipografía, y me decía que pedirá derechos a las chicas (ríe). Me parece que tatuarse o escribir frases de mis canciones es una locura. En Chile, la primera vez que vine como jurado del Festival de Viña del Mar, alquilaron un avión con una tela que decía “Viña te espera” o “Chile te quiere”. Imagínate cuánto costará eso…

¿En qué no transas en la música?

Me gustan los retos, pero no me gustan las imposiciones ni el radicalismo de ningún tipo. Hasta el día de hoy somos un equipo y nadie es más que nadie.

¿Eres más rebelde o nerd?

Ni uno ni otro. Soy géminis, tengo las dos caras.

Géminis es el signo más inteligente del zodiaco…

¿De verdad? (ríe). Me “flipa” la astrología también. Sabes que septiembre es el mes de Saturno, porque es el único mes donde se puede ver, y justo sacamos la canción “Saturno” en esa fecha. Y estoy pensando que se alinearon las estrellas. Estoy un poco loco, y la gente me mira un poco friki (ríe). Bueno, con respecto a tu pregunta, soy muy racional, me gusta tomarme las cosas con calma, luego tengo un lado de querer escapar, pero nunca rompo ninguna norma. A veces pido dos días, y me voy a Londres solo o me pego una fiesta de locos con mis amigos, vuelvo y soy el primero en trabajar. Tengo esos dos lados que me mantienen en equilibrio.

¿Qué te parecieron los desastres naturales en Miami, Puerto Rico, México? ¿Cuál es tu reflexión?

Todos tenemos que estar preocupados. De hecho teníamos viaje a México y se canceló. Tengo muchos amigos viviendo ahí. Lloré porque uno, en ese momento, me envió un audio donde me decía que no podía salir de su edificio, estaba en el piso 19, y su escalera se derrumbó.

Personalmente, ¿tienes miedo de algo?

No, ya tengo una hipocondriaca trabajando conmigo. Sí tengo miedo de que le pase algo a alguien de mi familia mientras yo estoy lejos, porque cada día viajo más y mis padres están mayores. Además, mi madre no me cuenta nada y se calla todo para no preocuparme. Tengo dos hermanos, pero soy el más pequeño, así que estoy pendiente de todo. Lo pienso mucho y me pregunto si debo preparar a mi equipo para que, aunque les digan que no me cuenten, me lo digan si pasa algo.

Ah, te enrollas…

Sí, y a veces me digo “Pablo, ¿te quieres calmar? Duérmete” (ríe).

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