Malucha Pinto sobre su nuevo amor a los 62 años: "Tenemos mucha pasión"

A los 62 años vive una relación de pareja con un espacio erótico pleno. No pretende vivir en la misma casa, pero sí disfrutar de conversaciones profundas, tan sabias como ella. Se define como una mujer política desde la médula; no duda en dar a conocer su opinión, y realiza una crítica a nuestra falta de memoria y a la carencia de sentido en la vida.

Por Carolina Palma Fuentealba.

Fotografías Gonzalo Muñoz F. Maquillaje y pelo Sole Donoso A. Vestuario y accesorios: Helia Witker, @HeliaWitker.

Los adjetivos valiente, aventurera, enérgica, no logran definir completamente a la actriz Malucha Pinto (62). Es parte de una familia mestiza, política –descendiente directa de los presidentes Francisco Antonio Pinto y Aníbal Pinto Garmendia– y de gran exigencia artística e intelectual. Quizás su rol más recordado es "la señorita Priscilla" de "Los Eguiguren", aunque las nuevas generaciones gozan con sus papeles en las teleseries de Canal 13. Próximamente la veremos en el mismo canal, en "Soltera otra vez 3".

Apasionada como pocas, formó parte de un grupo de actores que luchó por defender la democracia en plena dictadura, y también defiende el potente rol femenino en todas las esferas. Su estandarte más reciente es que la sociedad no olvide la humanidad que querían construir los detenidos desaparecidos. Por lo mismo invita a ver su obra –en el marco del proyecto Memoria de la Luz– "Mi abuelo Horacio", en Teatro Camino, desde el 20 de julio. Este cuentacuentos combina la biografía del detenido desaparecido Horacio Cepeda con elementos de ficción, a través de la mirada de uno de sus descendientes.

También vivió duras luchas personales. Mientras estaba casada con el cineasta Joaquín Eyzaguirre (hijo de la actriz Delfina Guzmán), nació Tomás, su segundo hijo, con un severo daño cerebral. Este fuerte joven de hoy 29 años se convirtió en un regalo. Aprendió el lenguaje no verbal, a descifrar las miradas, los gestos, y vino a entregarle mucho más de lo que ella puede retribuir. Pese a estos golpes disfrazados, sabe que la vida es perfecta tal cual es.

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"Estoy amorosamente marcada por el Tomy, que me invitó a muchas reflexiones, a mirar de manera diferente y a preguntarme de mi vida, de su vida, de mi pasado, mis padres. Siempre le di muchas vueltas a las cosas. Tengo la sensación de que estamos viviendo tiempos tan carentes de sentido, y eso se nota en cómo nos relacionamos. Cuando uno siente que tiene sentido levantarse todos los días, la vida se hace rica, positiva, perfecta. Cuando analizas, te das cuenta que cosas que estaban en tu infancia o adolescencia, que quizás te parecieron horrorosas o difíciles de transitar, son exactamente las experiencias que necesitabas vivir; te prepararon, te guiaron y desviaron a los lugares que debías transitar. El universo es infinitamente bondadoso".

Cuando escucho tus entrevistas, siempre pones el foco en la importancia de la comunidad. ¿Volveremos a ese sentido de comunidad del que disfrutábamos?
Estoy segura que vamos a volver, aunque no de la misma forma. No somos máquinas, no somos una mente que en un mundo virtual se desarrolla con otras mentes virtuales. Somos humanos, tenemos cuerpo, emociones, sensorialidad. Hay miles de vínculos que necesitan ejercerse. Se necesita ejercer la palabra, la conversación, la mirada, el olor ¿Cómo puedo aprender del mundo sin oler, sin emocionarme, sin mirar, sin emocionarme?

¿Cómo se transmite eso a los niños que viven en Internet?
Tiene mucho que ver con nosotros los adultos, que tampoco estamos presentes, también estamos pegados. Tenemos que hacer el precioso trabajo de salir a caminar con ellos, de decirles "mira qué linda montaña, qué rico el olor". Despertarlos. Es nuestra tarea leerles cuentos, llevarlos al teatro, aunque no tengan ganas. Mi mamá compraba todos los viernes abonos para la Sinfónica, y era obligación ir. En plena adolescencia, quisiera o no, iba a escuchar Beethoven, ¡y hoy cómo lo agradezco! No sólo por el barniz cultural, sino por la emoción y experiencia de estar sentada frente a violines, chelos, que invitaban a viajes increíbles. El mundo de la cultura y el arte construye, inspira, entrega significado.

El mundo del arte es más amplio ahora que hace 3 décadas. ¿Es mejor?
Es distinto. Hay mucha diversidad. Es tal la gama de posibilidades, lenguajes, sensibilidades, que es imposible abarcarlo todo. Hay menos leyenda…

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¿A qué te refieres?
Había un relato. La cultura estaba al servicio de una sociedad que se estaba soñando, inventando, que tenía que ver con "nosotros", el bien común, con la construcción de un país desde espacios solidarios. Después vino la Dictadura y mayoritariamente los artistas estábamos al servicio de terminar con ella, ganar espacios de libertad, de conversación. Hoy no hay relato que convoque a un espacio común. Algunos hacen arte por arte, otros abarcan la diversidad sexual, el medioambiente, las mujeres…

¿Te gusta ese escenario?
No sé. Soy de otra época. Hace 4 años me empecé a dar cuenta que no había un Chile de antes. No había nada a lo que uno podía volver, que Chile era lo que se había construido, ya vemos hijos de este sistema. Eso fue súper chocante. La gente fue educada en este mundo individualista que se mueve por el factor económico, el otro es medio difuso.

¿Encontramos teatro con sentido social?
Vemos de todo. Por ejemplo, fui al Museo de la Memoria, donde se está realizando un ciclo de teatro de la Dictadura, y curiosamente, estaba hecho por gente joven. Me impresionó la nostalgia que tienen de algo que no conocieron. Creo que tienen nostalgia de la pertenencia, de sentido. Eso de "vamos todos juntos para alguna parte", "por ti y por todos mis compañeros", nostalgia de humanidad.

En la obra que escribiste y diriges, "Mi abuelo Horario", nos traes una historia del pasado, que busca recuperar la memoria histórica…
Sí, con nuestra fundación Aracataca. El colectivo nació hace 10 años y queríamos retomar un teatro al servicio de los invisibilizados, un teatro crítico que invitara a la gente a reflexionar sobre quién era. Este trabajo surgió por motivos personales. Tengo dos primos detenidos desaparecidos desde 1975, y el año pasado se dictó sentencia. Hubo culpables, están presos. No tenemos los cuerpos porque los tiraron al mar, pero de alguna forma se cierra el caso. Hicimos un tipo de homenaje en el Museo de la Memoria muy bonito, sanador. En Chile, aunque no se tenga conciencia, hay 3 mil personas chilenas desaparecidas, y con ellos un proyecto humano, social. Nadie habla de la historia de este país.Imagen foto_00000002

De todas formas, la obra no habla de la oscuridad, sino de la luz que existía en ese momento. ¿Cómo se hace?
Siempre en nuestros trabajos intentamos hacerlo. Recuerdo que Andrés Pérez me decía: "Malucha, ¿te das cuenta que todo lo que hemos soñado los artistas, lo que hemos escrito, lo que hemos puesto en el cine, finalmente ocurre? La fuerza de la imaginación es tremenda. De algún modo, los artistas nos anticipamos, o lo que imaginamos ocurre. Entonces, hay que hacer obras con finales felices". Eso lo he tomado muy en serio. También mirar con el ojo bueno, rescatar lo luminoso. Hay mucha luz en la Unidad Popular, en todos los detenidos desaparecidos. Cosas bellísimas ocurrieron mientras la gente estuvo presa. Gestos de enorme generosidad. En medio del horror, de la tortura, siempre está la presencia humana dando fe de que es posible, y que podemos transformar el mundo.

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La obra se ha presentado en colegio públicos, ¿cuál es su reacción frente al tema?
En los colegios empezamos con este cuentacuentos, donde relatamos la historia de Horacio Cepeda, un detenido desaparecido. Muchos alumnos de Cuarto Medio ni siquiera saben que existió la Unidad Popular, no saben quién es Salvador Allende. El esfuerzo del olvido en este país es dramático. Te guste o no te guste, eso está presente.

Vivimos un momento muy politizado por las elecciones. Tú apoyaste a Bachelet en el primer periodo. ¿Actualmente estás involucrada con algún grupo o prefieres mantenerte al margen?
Soy totalmente política, vengo de familia política. En definitiva todos lo somos, lo demás es indiferencia. Todos queremos un mundo determinado; pero que no nos comprometamos con nuestra queja, con nuestros sueños y ganas, es otro cuento. Somos los reyes de la queja, pero después no vamos a votar.

¿Apoyas a algún candidato?
Es un momento complejo. Sigo siendo una persona de izquierda, libertaria. Sigo creyendo en que hay que generar un mundo donde el bien común sea protagonista; sigo creyendo que hay que formar comunidad; sigo creyendo que hay que establecer lazos colectivos, que tiene que existir un mundo donde la cultura y el arte sean protagonistas. Estoy mirando quién representa ese sueño. Me gusta el Frente Amplio.

¿Y qué te pasa cuando las encuestas dan por ganador a Sebastián Piñera?
No quiero decirlo. Para todo el trabajo que hemos estado haciendo en Memoria de Luz he investigado muchísimo, y de verdad creo que la derecha ha sido la gran responsable del holocausto chileno. La derecha se mueve por intereses que no tienen que ver con lo humano, sino con el yo, con la libertad individual. Si algo no quiero es el retorno de la derecha, al menos de la derecha que conozco.

¿Hay una gran diferencia con el gobierno de Michelle Bachelet?
Siempre peleo por eso. Existen diferencias. Tal vez efectivamente los gobiernos de la Nueva Mayoría han defendido a los empresarios y no al pueblo de Chile, pero siento que hay un espacio cultural en el sentido más amplio, ha habido otros acentos en el tema de género, en el respeto a la diversidad sexual. Efectivamente no ha habido una intención de transformar el sistema de libre mercado, que ha destruido mucho en Chile, pero también ha habido políticas públicas interesantes, como Chile Crece Contigo.

¿Te pone contenta esta fuerza femenina, que hablemos tanto de feminismo?
El tema de la mujer está agarrando cada vez más relevancia. Tengo un acento, voy por lo femenino. ¡Ojo con masculinizarnos! De verdad siento que no hay que dejar fuera la emoción, la intuición, el vínculo. He leído mucho sobre la época matríztica, lo circular, el vínculo con la tierra en un sentido muy profundo. El vínculo con la tierra se relaciona con tus ancestros, con tus ciclos.

¿Has sentido el machismo en carne propia?
Está en todas partes, incluso en televisión. ¿Cuáles son los arquetipos femeninos? Todo muestra una visión machista, masculina. En la literatura aún se dice "esa mujer escribe como hombre. Es buena".

¿Y personalmente te ha tocado?
"Ay la Malucha, qué divertida es con todas sus cosas pachamámicas". Lo dicen muy descalificativamente, incluso mujeres. No hay gran valoración del intelecto como camino de búsqueda, de resultado. Hablar de los afectos también es cuestionado. Todo se ve desde el punto de vista masculino, desde el patriarcado. Es importante conversar entre mujeres sobre cómo ganar pequeños espacios, instalar otras conversaciones, otras miradas, ir a las marchas, votar por candidatos que podrían realizar un cambio, participar en tu sindicato, en tu junta de vecinos. No quedarse fuera, sino entrar al ruedo.

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Te realizaste una manga gástrica porque siempre sufriste por tu peso. Las mujeres sufrimos toda la vida por eso al parecer…
Porque estamos colonizadas por esta mirada masculina, esta mirada pública masculina. Nosotras nos desciframos a través de esa mirada. Hay un texto de una obra que hicimos que se llamaba "El desembarco de las reinas del mambo" que decía "por qué nosotras siempre tan lábiles a la mirada de los hombres, siempre a la caza de esas pupilas. Como si ellas nos conformaran, nos dieran sentido, como si el otro nos diera la vida". Desde ahí nos construimos. Me operé porque llegué a pesar más de 100 kilos, y no resistía la vida con ese peso sobre mis hombros. Me hice la manga gástrica, bajé 40 kilos, me sentía divina, pero volví a engordar. No tanto como antes, claro. Me ayudó a salir de un entuerto importante. Ahora, mi tema con el peso, la aceptación de mi cuerpo, lo estoy trabajando aún. Espero morirme en paz con el tema (ríe). Es uno de mis pequeños pendientes.

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¿Estás en pareja?
Sí, después de 20 años. No estuve irremediablemente sola, pero ahora abrí mi corazón. Cambié mi paradigma. Siempre miraba para allá y encontraba lo mismo y me pasaba lo mismo. De repente, miré para acá y he llegado a este amor desde la conversación, desde la espiritualidad.

¿Qué hace? ¿Es actor también?
No, es profesor de matemáticas. Trabaja en el colegio de mi nieta, y como la iba a buscar, lo conocí. Es 7 años menor que yo, que no deja de ser. Es de otra generación. Llevamos 9 meses juntos.

¿Cómo describes enamorarse a los 62 años?
Es muy distinto. Se da desde una profundidad y libertad enormes. Te das cuenta que el amor es parte de un todo, donde están tu hijos, amigos, tu familia, tu creación, tu misión. Es algo muy importante, como otras cosas también. Si estamos medios desencontrados, eres capaz de decir "nos vemos en un rato más". No te mueres. También te da paz, calma. Te acercas y te alejas sin ansiedad.

¿Te imaginas viviendo con él?
No, no me imagino viviendo con alguien ni casarme tampoco. Vivir juntos tiene que ver con construir juntos. Tener familia, hijos. Él tiene sus hijos, sus sueños, su camino de sanación. Va a mi casa, a veces se queda y al día siguiente se va. Eso me viene muy bien, porque cuando se va, puedo mirarlo de lejos, volver a admirarlo, volver a saber qué me gusta.

¿Te da miedo la soledad en tu vejez?
No, para nada. Viví muchos años sola y creé mi reino. Es espléndido. Vivo de la mejor manera que se puede vivir: en comunidad, en el mismo sitio viven mis nietas, mi nuera-socia-amiga, al lado vive mi ex cuñada. Vivo muy apañada. Somos muchas mujeres alrededor del Tomy, nos cooperamos mucho. Mi vida es rica, y él llegó a esta vida rica.

¿Y la pasión está presente?
Tenemos mucha pasión, y de esa manera es rico encontrarse en el erotismo. Ha sido maravilloso. No pensé que uno pudiera vivir un espacio erótico tan bonito, tan pleno. Intuyo que tiene que ver con no vivir juntos, con no dormir juntos todos los días.