Margarita Laso cuenta varios secretos sobre su impulso musical

Margarita guarda en el fondo de su corazón el impulso musical que le dio su padre. Se considera una seguidora de la moda andina para subir a los escenarios. Ha escrito cinco libros de poesía.

Por Gabriela Vaca Jaramillo

La escritora y cantante ecuatoriana, Margarita Laso, hace un recuento desde sus inicios musicales y su pasión por las letras, el arte y su familia.

1. ¿Desde cuándo Margarita está en la música?
Siempre me refiero a mis años de infancia, mientras estamos disfrutando del abrazo familiar, de la voz de mi padre, de sus ojos felices mientras nos enseñaba canciones y nos escuchaba cantar. La música, el canto, han sido esta comunicación insondable, este tocar y poseer el corazón del otro por unos fragmentos del tiempo. Pero unos fragmentos entrañables.
Mis primeras canciones contaban con los oídos amorosos de la familia tal como las últimas. Pero esos pequeños públicos han ido creciendo. Cuando empiezo a andar con la guitarra en un estuche de un lugar a otro y soy convocada para una y otra causa, el sentido de la música en la vida mía me pone en un lugar en la comunidad. Me da una y muchas formas de pertenencia. Es un camino.

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2. ¿Por qué interpretar la música ecuatoriana?
Porque es parte del universo, porque es parte de lo que ha regalado y llorado la humanidad. La música de esta geografía es bella y estremecida como suele ser la música de otros horizontes. Canciones y géneros de otros países me cautivan, los canto. Y he persistido en esta idea de fortalecer o ampliar el escenario y las versiones de estos temas ecuatorianos. Son parte de lo que la humanidad ha puesto en el mundo.

3. ¿De dónde viene su estilo musical?
Quizá ha sido una búsqueda, quizá he explorado en las múltiples formas de expresión de los cantantes y las voces que admiro. Mi papá me arrobó siempre por su entrega al papel. Un narrador frente a un escenario, un actor en el clímax de un drama, una voz cálida, sobre todo. Me ha encantado sentir la afirmación en su canto. Cualquier frase es una sentencia, cualquier verso, una verdad.

4. ¿Su padre influenció en el amor a la música?
Mi padre es un coleccionista. Un hombre sensible y en el caso de la música, un corazón generoso elástico expansivo. Los registros, cintas, casetes, grabaciones y discos que hemos tenido al alcance han traído diversos y abundantes contenidos. Todo ha sido escuchar historias, imaginar personajes, festejar conquistas y triunfos, llorar. Todo ha sido sentir este delta expresivo del alma humana.

5. ¿Le asesora alguien en su vestuario y accesorios o es de su gusto personal?
Durante mucho tiempo he pensado que el vestuario sirve para enriquecer o facilitar la comunicación. A veces puede distraernos de lo esencial, a veces puede llevarnos pronto a un contexto. Los elementos del vestuario andino, los collares como prendas de orgullo, los colores de las diseñadoras ecuatorianas, los tejidos de la montaña me han acompañado, me han protegido, han sido mis escudos, han sido también mis estandartes. En otros momentos se ha tratado de dejar ver el corazón y no estos ornamentos que me encanta lucir. Siempre estoy buscando un equilibrio para la puesta en escena. Creo que hay que buscar también una parada para ese lugar y ese momento mágico que es la escena. Lo que ocurre ahí no se repite en los atajos de la vida cotidiana.

6. ¿Cómo es compartir la música con un esposo músico?
Los músicos son seres especiales. Los artistas, estos que tienen oídos en el corazón y una forma matemática de trasladar la belleza a los instrumentos. Convertir el soplo de un caminante en el canto de una trompeta dorada es un arte de hechicería para mí. Admiro el lenguaje y los códigos con los que se transfiere este material acústico al corazón de la gente.
Pablo es uno de ellos. Es pues de repente amanecer con brotes. La música deja ver estos cogollos verdes esperanzados, púas dulces que encuentran una madeja.

7. ¿Siente que el público recibe su mensaje de su estilo musical o falta algo?
Creo que nos entendemos mucho. Pienso que tengo un privilegio que es este de contar con el encuentro y el abrazo en muchas ciudades y plazas ecuatorianas. El cariño del público siempre ha sido un motor y un motivo.
Ocurre que el escenario es un lugar de confesiones, ahí deben ocurrir el dominio y la entrega que es al mismo tiempo el abandono. Es decir que una va por el dominio de los temas que propone pero es obligatorio que se deje ir dentro de ellos. Que se produzca un viaje: en el tiempo, en el paisaje. Vivir unas mudanzas colectivas, visitar la experiencia compartida que conocemos bien. Cuando más intenso es el recorrido, más hondo el territorio que se reparte.

8. Como ser humano, ¿le falta a Margarita estar más al alcance del gran público,  esa complicidad entre público y artista?

Mi búsqueda en el corazón de la gente es la misma búsqueda esencial que me moviliza a escribir, a cantar, a interpretar las palabras de los compositores, a celebrar la música que nos acerca. Dudas y reflexiones atraviesan esta ruta. Nada me parece final. Creo que toda búsqueda debe ser verdadera, ir al fondo de las inquietudes humanas, ir al fondo de las expresiones artísticas, ir al máximo nivel profesional. Me gustan mucho los auditorios cerrados porque permiten un encuentro más cercano. Pienso en este lugar donde la sensibilidad de la comunidad es creciente. Donde tenemos la apertura y la generosidad como forma de actuar socialmente. Y creo que la música, las canciones, los recorridos, las giras, los recitales nos seguirán acercando.

9.¿Cómo ve en el futuro a Margarita Laso?

Pues creo que se ha tratado de persistir. Hemos empujado una carroza, un bus, una carretilla a veces. Hemos trazado algunos senderos que otros siguen, hemos alentado el canto en estos escenarios y sobre todo la producción independiente como forma de ponerse en escena. Hay que seguir caminando mientras la voz nos ayude a sobrellevar la necesidad aguda del contacto con los otros, mientras nos lleve a su calidez y su acogida. Canciones nuestras y canciones lejanas tendremos en nuestros recorridos, estas palabras con su música, las que he hecho mías, las mías mismo, las palabras hermosas de otros, llevaré por ahí como una carga, un pabellón y un pasaporte.