Zaida González Ríos sin lágrimas ni culpas

Conversamos con la fotógrafa chilena sobre su nueva obra, su familia y aquella fortaleza que tanto la inspira.

Ser diferente, verse diferente, comportarse diferente a la masa es muy probable que te valga la crítica y el menosprecio de la sociedad, pero para la fotógrafa chilena Zaida González Ríos es justamente ahí donde se encuentra tu valor, tu belleza, tu fuerza.

Zaida es una mujer tierna, habla despacio, no grita, sonríe tímida cuando algo le toca la fibra, es sensible y muy femenina. Pero dentro lleva una gata fiera, una ex metalera con polera de calavera, una luchadora que ha debido forjarse como mujer y artista a pesar de las vicisitudes propias de la vida. Por eso su obra mezcla un poco de estas dos caras de Zaida. Podemos ver, a simple vista, los colores saturados, la representación de la festividad, de aquello que evoca momentos de inspiración y alegría, pero en el fondo, si nos acercamos y enfocamos bien descubriremos otro mundo u estado, mucho más violento e impactante, más crudo, más real. Pero no por eso más horrible, al contrario.

Esta fotógrafa de 39 años es reconocida en Latinoamérica y Europa por su lenguaje dicotómico y bizarro. Ha realizado exposiciones en varios países como Colombia, Argentina, EEUU, Bélgica, España, Barcelona, Francia, Portugal, Lituania y México.

Pero todo este éxito no pudo evitar que durante los últimos años la artista se enfrentara a la dureza de la vida que le exigió poner el pecho ante la enfermedad de su madre y la de su hermano, el músico y compositor chileno Jorge González. Zaida está ahí al pie del cañón dando su vida si es necesario por su familia. Y claro, cualquiera necesita sacar las emociones que este tipo de situaciones le genera. Así que lo hizo y a su estilo. Montó una nueva serie fotográfica que lleva por nombre “Ni lágrimas ni culpas” en la cual vuelca todo su mundo interior y su sentir, en montajes más surrealistas que nunca.

Conversamos con Zaida González Ríos sobre sus nueva serie fotográfica, su familia y aquella fortaleza que tanto la inspira.

zaida3660x650.jpg

Zaida González Ríos.

-¿De dónde viene tu pasión por los objetos?

Yo creo que viene de la casa de mi mamá porque ella siempre compraba cachureos. Por ejemplo, teníamos la losa oficial pero siempre iba a la feria y llegaba con otros platos porque tenían un decorado distinto o con servicios o adornos para la casa. Ella es muy cachurera y a mí se me pegó. Muchos años fui bastante dark, era bien fome la estética. Yo creo que durante al menos 10 años me vestí con pantalones negros y polera de calavera. No sentía el gusto por los chiches, las cosas coloridas pasaban a ser de mal gusto. Pero logré volver a mis raíces.

-¿Qué fue lo que te hizo regresar?

Estábamos veraneando en Valparaíso con una amiga, un día íbamos caminando y pasaron dos chascones metaleros, nos miraron de pies a cabeza y dijeron “estas son perras”. Entonces ahí yo dije: “Ah no, estoy siendo parte de una tropa de machistas y trogloditas. ¡Basta!”. Y ahí volví a ser como antes, como mi mamá… si te gusta algo y es de plástico te lo pones igual.

-¿Recuerdas algún objeto especial de tu infancia que te evoque recuerdos familiares?

Me acuerdo una vez que mi mamá llegó con unos platos rosados de la feria; tenían flores y bordes dorados. Con mi hermano le dijimos que eran muy feos y ella se sintió un poco mal. Y después los artistas conceptuales y modernos los usaban para sus obras.

-¿Qué significan los colores en tu obra?

Los colores tienen que ver con la cultura popular latinoamericana, cómo nosotros somos de verdad. Cómo somos los de clase media, los de clase media baja. En realidad más de clase baja, porque generalmente el que está en medio es más arribista y le copia a los cuicos. Si tu te fijas en comunas más populares siempre hay mucho colorido, es cosa de ir a los puertos y ver cómo son. También en los ritos como la muerte, está ese funeral prototipo en el que se visten de negro pero también está el del campo donde se canta toda la noche, se toma, se emborracha, se come y está todo lleno de flores de distintos colores. Es de esa cultura que me inspira el colorido, lo saturado.

21660x650-1.jpg

Zaida González Ríos.

-Las mujeres son un centro en tu obra, están en cada detalle. ¿Por qué la escoges como musa?

Me encantan las mujeres. Las modelos tienen que ver conmigo, con mi vida. Me gusta la mujer sin tapujos sobre su cuerpo, la que está súper consciente de su sensualidad independiente de lo que socialmente se imponga como bello. Aunque lo establecido diga lo contrario.

-Trabajaste con Hija de Perra, con guaguas muertas, con modelos que no son las típicas. ¿Cuál es la importancia de las imperfecciones o la idea de “ser diferente” en tu lenguaje artístico?

Creo que cuando somos personas que en cierto punto de nuestras vidas hemos sido marginados por nuestra apariencia, por nuestros gustos, por nuestro cuerpo, por nuestra forma de pensar; nos vamos formando con una fortaleza que en el común yo no veo. Se va haciendo gente más empoderada y eso me parece muy atractivo. Por ejemplo, si veo en la calle a alguien que va caminando muy seguro y le falta un brazo o una pierna eso me produce mucha curiosidad, como ganas, como una obsesión. Me parece muy bello cómo el ser humano se desenvuelve entre la crítica y el prejuicio. Es hermoso, no por tener eso diferente, sino por la fortaleza. Como Hija de Perra, ella es un ícono que ya no está solo en el margen, ahora muchos saben quién fue.

-Hace poco se conmemoró un año de la muerte de Hija de Perra, ¿qué me puedes contar de tu trabajo con ella?

Cuando la conocí, en 2008, ya era famosa, era un personaje bien under pero bastante conocido en ese circuito. Estábamos preparando una expo con unas amigas donde los protagonistas serían hombres que se destacaran en sus labores. La idea era que no fueran los típicos ingenieros o médicos. En este caso, Hija de Perra era un performista. Me llamó mucho la atención porque yo había visto algunos shows y fotos, entonces pensaba que era bizarro de verdad, no sé por ejemplo, que iba a llegar a la reunión con la caña o que iba a llegar y pedir un copete al tiro. Y nada que ver, era súper profesional con su personaje. La sesión fotográfica duró horas porque su maquillaje era tan perfecto que se creaba lento, paso a paso. Incluso se hizo su vestido. Fue súper lindo y seguimos colaborando en dos ocasiones más. Fue increíble conocerlo como persona y también al personaje.

-Haz dicho en algunas oportunidades que tu trabajo es principalmente autobiográfico. Te veo muy sensible aunque creas imágenes fuertes. Todo esto de encontrar la fortaleza en la rareza, ¿es algo que te pasa a ti también?

Claro que sí. Yo me siento parte de eso, mis inseguridades y mis miedos trato de vivirlos a través de la fotografía. Lo extraña que de repente me siento, veo que todos marchan a un ritmo y que yo me escapo de eso y me cuesta saber por qué, asumirlo, concientizarlo y empoderarme también de eso. Decidí que no voy a ser madre, no me voy a casar, no me voy a comprar un auto ni una casa. Asumir eso que ya decidiste como persona, es difícil porque la masa te arrastra a un comportamiento único y este camino que escogí me expone a la crítica de los demás. Sobretodo si eres mujer. Se genera la presión del machismo, como ser la única hija, quién hace las cosas de la casa… etc.

-Tuviste una exposición en México hace poco. ¿Cómo estuvo eso?

Viajé a París a exponer y a México. Fue increíble, el DF es un lugar donde me gustaría vivir. Es muy distinto a Santiago. Son muy amables. En general en Latinoamérica son todos muy amables. No como acá que son muy idiotas y prepotentes. Los chilenos creen que por sacar su auto a la calle pueden andar tocando la bocina a todo el mundo, las clases sociales son muy marcadas y se nota mucho la pesadez.

-Es interesante que a pesar de la marcada diferencia entre clases sociales, el maltrato a la mujer es transversal. ¿Qué opinas de eso?

Se supone que no hay machismo, lo dicen porque hay marchas, porque se logran algunas cosas pequeñas. Pero los chilenos son súper machistas y súper saco de hueas’. No se dan cuenta. ¡Son machistas y no se dan cuenta! Te dicen que son bromas, que para qué te lo tomas tan en serio. Finalmente, una queda como la tonta grave a la que le molesta cualquier comentario.

-Por eso me parece buenísimo que en tu propuesta artística no haya una definición de género. ¡Todos pueden usar vestidos!

Claro, la mezcla híbrida me encanta. Tengo amigos que salen a las fiestas vestidos de mujeres y usan barba. O como la Divina Tota de Valpo, no la conozco personalmente, pero me encanta. Me gusta eso de tener personalidad para hacer lo que quieras. Me encanta todo lo que es auténtico.

-En una entrevista dijiste que tus obras probablemente no son para exponerlas en el living de las casas.

Nunca se han interesado las galerías en mí porque buscan trabajos que vendan. Hay gente adinerada más superficial que compra arte para que le haga juego con el living y las cortinas y otros que son coleccionistas. O sea, yo retrato mujeres besándose, gordas desnudas, guaguas muertas deformes es difícil vender eso en Chile.

-Aunque ahora viene una nueva generación mucho más liberal. ¿Qué piensas de los jóvenes de hoy?

Creo que se les ha dado más seguridad con respecto a sí mismos. Por ejemplo, sobre la sexualidad ahora no es tan terrible asumirse gay o lesbiana. Antes era imposible hasta dentro de las mismas amistades. Ahora es más normal. Es aceptado. Obviamente, aún queda gente discriminadora que le choca, pero eso tampoco se ve bien. En las redes sociales sí porque no dan la cara y aparecen todos los fascistas, pero en la calle no.

-¿Cómo ves el futuro de Chile?

Está cagado este país, no le veo futuro. Es un país sin identidad, no tiene raíces, está perdiendo todo, se ha vendido todo, la educación es como la mierda… Entonces ya si la educación sufre esto, no le veo futuro. Los cuicos estudian medicina porque es una carrera con estatus, pero tu los ves trabajando en las clínicas y les da asco tocar a los viejos que vienen cagados, que vienen mal. Y en la salud pública se quedan los que realmente tienen vocación y esa área también está cagada.

-Tu mamá es de la tercera edad y han debido pasar por hospitales y clínicas, ¿cómo han sido las experiencias con ello?

Claro, yo puteando. A mi mamá le dio un derrame cerebral y la llevamos de urgencia a la Clínica Santa María, pero entrábamos por la ley de urgencias, no teníamos para pagar. Había muchos jóvenes cuicos como personal, esos que te tratan de . No atendían nunca a mi mamá, y después cuando llegaron no saludaron, no preguntaron, no pidieron permiso. Recuerdo estar realmente muy enojada. Después con el trámite de la ley de urgencia, el médico me dice “eso hay que evaluarlo”, le respondí que “no hay nada que evaluar, mi mamá entró por la ley de urgencias, no me huevees. Aquí no hay plata, dónde hay que hacer el trámite”. Cuando mi vieja se fracturó la cadera la llevamos a la Posta Central, la mayoría eran técnicos paramédicos y se portaron súper bien con mi mamá. Seguro que la posta donde están las urgencias y jóvenes no es lo mismo pero al menos donde están los de la tercera edad es bien respetuoso.

“Ni lágrimas ni culpas”, la nueva expo

gatasdoblesmexico700x514660x650.jpg

Zaida González.

-Cuéntame un poco sobre tu nueva serie de obras “Ni lágrimas ni culpas”.

Este fue un FONDART que me gané en 2015 y tenía que ver con un tema nada que ver, pero comenzaron a suceder tantas cosas en mi familia y en mí que decidí hacer algo muy personal muy autobiográfico, eran ideas, pesares, sueños que transformé en fotografía. Además, no es lo mismo que hago siempre, hay otras imágenes que tomé con el celular donde aparece mi mamá cuando la bañaba, cuando estaba hosptalizada, también la enfermedad de mi hermano. Es como abrir un poco esa vivencia que fue bastante fuerte.

-Lo necesitabas…

Sí, revisando las fotos me di cuenta que hubo muchas cosas que olvidé, entonces pensaba que si no las hubiese fotografiado el recuerdo habría sido mucho más ambiguo. Cuando uno enfrenta situaciones difíciles bloquea un poco los sentimientos y ahí algunos recuerdos se olvidan, porque los hiciste en modo automático como por sobrevivencia.

-Igual fue heavy porque llegó todo junto. Como lo de tu hermano Jorge, cuando recién ocurrió todo el mundo salió a opinar y armar conjeturas. Todos eran jueces, ¿qué piensas de lo que pasó cuando él enfermó?

Eso fue muy triste, me duele mucho ver cómo opina la gente, como hablan sin razón, sin saber. Por eso yo trato de no opinar ni criticar tanto a los demás. Como cuando se ríen de la gente, por ejemplo cuando Cathy Barriga salió electa alcaldesa y todos se reían. Aunque sea facha, aunque sea del Opus Dei no estoy ni ahí con reírme de ella. Lo que pasó con mi hermano claro que me afecto, pero hay cosas que nunca quise ver. Nunca quise ver cuando Jorge estaba actuando y estaba mal, porque igual encontraba extraño que quienes se movían a su alrededor no lo pararan. Nosotros como familia no estábamos ahí, él tenía su equipo con su manager, con sus compañeros de banda. La gente le gritaban que estaba borracho, que estaba drogado, fue muy fuerte.

img20161227191320660x650.jpg

Gato Cuchillo. <3

-Recuerdo que en ese momento en redes sociales, principalmente en Facebook, interviniste, opinaste te hiciste presente súper fuerte. Ahora que te conozco un poco más veo que eres muy sensible y delicada. Pero en ese momento pensé que eras una fiera. ¿De dónde salió todo eso?

Es que soy como picada, me enoja mucho que hablen de mi familia. No me gusta que se metan con los míos, saco toda la fuerza. Estoy dispuesta a pasar cárcel por uno de los míos. Los quiero mucho, son personas muy especiales y han sido un aporte. No me gusta esa gratuidad de gente opinando y que no sé quienes son. Critican desde su comodidad, desde su trabajo que no les gusta, desde su consumismo estúpido… están criticando a una persona que igual fue un grande y se enfermó. Y bueno ya sería, para qué aprovecharse. En este tiempo han sacado tres libros de Jorge, los otros Prisioneros arman giras tocando canciones escritas por Jorge, entonces ¿qué onda? ¿dónde está tu ética? Se aprovechan de los momentos malos del otro.

-Tienes un guerrero interno. ¿Eso te lo enseñó tu mamá? ¿De dónde viene?

Yo creo que eso se hizo solito, aunque puede ser por mis hermanos que han tenido que pasar por muchas cosas, Jorge sobre todo. Mi mamá es más conforme. Cuando uno está medio solo en el mundo te sientes así como luchando contra la corriente o atacas o sigues con ellos.

-Esta última expo te sirvió como sanación para sacar fuera todo lo que acumulaste en este difícil proceso. ¿Tu eres la “Mujer Gato”?

Sí, el gato tiene que ver con mi adoración al felino, mi familia también los ama, desde muy chicas siempre pelamos el cable con los gatos. Mi mamá me tejía chalecos con gatos. Creo que es un animal muy poderoso, muy fuerte. Creo que es la última etapa de reencarnación del ser humano.

¿Por eso quisiste convertiste en esta “Mujer Gato”?

Es una máscara, la Gatuti González que es una ilustradora y tatuadora que hace gatos. Cuando yo estaba muy mal acudí a ella y le pedí un gato que esté llorando y sacándose el corazón. Así como “estoy muy mal pero igual tengo fortaleza”. A partir de este tatuaje, Pedro me hizo la máscara. Yo no quería un gato tierno, quería uno medio brujo, uno que representara la idea de “no te metas conmigo, porque sabes yo estoy detrás de esto y puedo ser muy oscura”. Es como un ahuyenta ratas.

¿Cuándo y cómo podemos ver tu exposición?

La expo se va a Coquimbo a la Galería Chile Arte, quiero itinerarla en varias partes. Va a terminar con un libro que ya está por salir, que incluye imágenes sacadas con celular, sin texto. Estoy indagando bastante en lo familiar, ahora que he tenido que cuidar a mi mamá. Hay recuerdos, cartas, cosas que tienen que ver con mis raíces y ahí voy armando la historia.