Pellejerías de una separada: Las 50 Sombras de Grey

Me pregunto yo: ¿será verdad que estamos perdiendo los horizontes culturales del mundo? ¿O será verdad que en algún punto fuimos mejores de lo que somos ahora?

 

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Lo más fácil sería venir aquí a desintegrar Cincuenta sombras de Grey. Decir lo que ya han dicho muchos; que es literatura basura, básica y "mal escrita". Que no tiene peso, y que su éxito se debe sólo a la pérdida de los horizontes culturales del mundo. Me pregunto yo: ¿será verdad que estamos perdiendo los horizontes culturales del mundo? ¿O será verdad que en algún punto fuimos mejores de lo que somos ahora?

Lo dudo. El hombre, desde que aprendió a pararse en dos pies –hace más de dos mil años–, que siempre ha sido el mismo. Como dice Bill Murray: no es más que un ser que trabaja para blasfemar, tomar, apostar, hacer el amor, amar y morirse. Y si se pone a escribir, escribe de eso. A veces cosas buenas y otras no tan buenas. Pero no cesa de producir. E increíblemente, por más cantidad que produzca, nada desplaza a nada. Sin ir más lejos, mientras Cervantes escribía el Quijote –muchísimos otros escritores con muchísimo menos talento que él, producían al mismo tiempo, y con gran éxito–, cientos de novelitas de aventuras, que pese a que hoy puedan ser consideradas fútiles, a la larga, en su momento, fueron imprescindibles para que Cervantes escribiese lo que escribió: el Quijote es una parodia genial de aquellas novelas. Su autor tuvo que conocer a cientos de caballeros falsos para dar con el verdadero. Para dar con el único que nos sigue desnudando el alma.

El hombre nunca deja de soñar. Sueña dormido, sueña despierto, sueña mientras trabaja, sueña mientras está con sus hijos. Pero más que nada, sueña cuando hace el amor. Y las Cincuenta Sombras de Grey no es más que eso: es el sueño particular de alguien, que en algún punto apela a "algo" que se hace masivo. Me pregunto: ¿cuántas novelas casi iguales se habrán escrito sin éxito? ¿Cómo entender por qué la canción del verano se transforma efectivamente en la "canción del verano"? ¿Cuál será la fórmula?

Me atrevería a decir, incluso, que docenas de músicos "supuestamente alternativos" venderían su alma por escribirla. Por último, para ganar lo suficiente y así realizar sus propios proyectos. El problema no es ese, el problema es que nunca es tan fácil dar con "la canción del verano", como nunca es tan fácil dar con las Cincuenta Sombras de Grey. La novela no funciona porque sea o no artística (eso es irrelevante, ya que desde un comienzo no se concibió así), la novela funciona porque es altamente capaz de engancharnos y meternos en un cuento de hadas, completamente urbano, moderno, explosivo y básico.

Nos encantaría que la historia (narrada aquí en primera persona) fuese la nuestra. Eso es todo. Nos encanta conocer tanto los secretos ocultos y las ambivalencias emocionales de "Grey" (por muy clichés y ridículas que sean) como los gestos de mosca muerta y la fragilidad de "Ana". Pero sin correr riesgos. Nos gusta que sean ellos, y no nosotros, los que corran los riesgos. Y además –y esto es no menor– se habla de sexo. De mucho sexo. Sin pornografía, claro, pero sí con múltiples descripciones casi cinematográficas de las escenas. Una amiga me dijo una vez que logró aguantar un año y medio sin nada, y acostumbrarse, pero que después le bastó sólo con acostarse con un hombre para hacerse adicta. El sexo llama, vende, evade.

Las mujeres en sus oficinas se llevan Las 50 Sombras de Grey al baño y se masturban. Esas mujeres no tienen nada ni tan amorfo, ni tan enfermo, ni tan especial. No son particularmente lindas ni particularmente feas. Son solo eso: mujeres. Mujeres que se encuentran en las isapres, las Afp, los bancos y los consultorios. Las mismas que jamás se olvidaran de María Izquierdo metiéndose un pepino en Sexo por Amor. Las mismas que van de "camufladas" a comprarse consoladores y películas porno. Las mismas que escuchan a los sexólogos y se sonríen. Son ellas. O "the common people" como diría Pulp, las que hacen de esta novela, una novela masiva. La mamá de un amigo mío que cumple con todos los ultra, (ultra cuica, ultra derecha, ultra católica y ultra pechoña) fue a comprársela y por vergüenza pidió que se la envolviesen en papel de regalo. Terminó de leérsela en solo dos días. De eso se trata: de comérsela y luego olvidarla.