Pellejerías de una separada: Amigo de madrugada. Por Leo Marcazzolo

Definitivamente vivo en otro mundo. Lo digo porque cada vez que salgo a la calle descubro nuevas prácticas, que supuestamente no son nuevas, pero para mí sí...

 

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Descubro una y otra vez el hilo negro. Un personaje sórdido, una escena que preferiría olvidar o algún novedoso tipo de relación ya instaurada en la alcantarilla. Ahora descubrí otra. Una que mi amiga del alma caratuló creativamente como "partner de madrugada". El "partner de madrugada" es menos rancio de lo que parece. Es como un "amigo con ventaja", sólo que más moderno. Está disponible toda la noche. Puede ser un santo. Un insomne. Un depredador. O sólo un sujeto con ganas de pasarla bien. Ideal para separadas.

La otra noche mi amiga contactó al que tiene. Era sábado. Dos de la madrugada y figurábamos allí como la peor imagen de nosotras mismas. Petrificadas de frío sacrificándonos por alargar la noche. Eso hasta que de improviso me abandonó. Movió ciertas teclas de su celular, tomó un taxi y me dejó varada. La cara de hambre no me la quitaba nadie. Al día siguiente me explicó el asunto. Me dijo que ésta ya era una práctica "institucionalizada" en el "ambiente cool". Yo indudablemente no formaba parte de ese ambiente cool. Sentí que el hilo negro se estaba re-inventando nuevamente. Tener un amante furtivo era lo que yo –desde hace un tiempo– necesitaba. Mi amiga me explicó cómo se movía todo. Paso uno: hacerse la simpática por la tarde en Facebook. Paso dos: contactarlo nuevamente y escribirle "¡Despierta!".

Ojo; me advirtió encarecidamente que lo que se llevaba era "escribir" y "no hablar", para ahorrarse la "intimidad" o los accesos de mal humor producto de la "despertada". Nadie pregunta ni exige nada. Al menos sirve para hacer cucharitas y "pelar el cable".

Esa noche mi amiga andaba con sus condones. Antes de subirse al taxi me los mostró. Se afiló los colmillos para exponerlos. Fue chocante. Nunca antes en mi vida la había visto afilándose los colmillos frente a algo. A diferencia de ella yo nunca los he comprado. He comprado de todo menos eso: anticonceptivos para las espinillas (patéticamente comencé a usarlos inclusive antes de perder la virginidad, por el acné), "píldora del día después", diafragmas, estimulantes varios, y unos lubricantes vaginales que nunca me atreví a abrir por miedo a sentirme vieja. Mi amiga me aseguró que lo mejor de los "partner de madrugada" era que uno nunca se sentía "vieja". Mi amiga esa noche aterrizó donde el tipo, y el tipo la estaba esperando con una polera de Metallica y calzoncillos. Al parecer siempre la esperaba así.

Le advirtió que andaba de mal humor. Echando chispas porque acababa de despertarse de una pesadilla horrible que había tenido con la vieja bigotuda de matemáticas. La vieja bigotuda, en su sueño, se convertía en tigre. Quería perseguirlo porque lo había pillado con un torpedo rojo en la global. El tipo tenía 35 años. Decadente. Aún no se alejaba de sus fantasmas. Triste pero útil. En ese momento decidí que yo también necesitaba un "partner de madrugada". Siempre he querido lo que los otros tienen. En una ocasión, por ejemplo, quería tanto la Barbie Malibú de mi prima que llegué al extremo de cambiársela por mi ardilla Timy, pese a lo mucho que yo quería a mi ardilla Timy. Y en otra ocasión estaba tan obsesionada por ponerme el bikini plateado de mi vecina que me compré uno igual, pese a tener más de veinte kilos de sobrepeso. Aún recuerdo lo del bikini. Me lo puse y todos, absolutamente todos, me quedaron mirando como un punto negro en el espacio. Siempre quise lo que los otros tienen. Y ahora también quería, por supuesto, un amante furtivo de madrugada.