Diario de una Casada y Neurótica: El hombre de Marte y el hombre de las cavernas

Yo, personalmente, prefiero teorías con mayor fundamento científico, como la de Darwin, en la que con toda certeza puedo confirmar que mi marido desciende del mono.

 

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Por Sandy Fuentes**
(@CasadaNeurotica).
Ilustración de Evelyna Callegari (@EvelynaCallegar)

Miércoles 16 de Oct.

La famosa guía para el entendimiento del sexo opuesto "Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus", de la que todos hemos oído hablar pero tenemos pereza de leer, parte con la premisa de que había una vez un marciano que conoció a una venusiana, se gustaron, se enamoraron, decidieron mudarse a la Tierra, firmaron una hipoteca, vivieron felices y comieron perdices. Hasta que un buen día se dieron cuenta de que, no sólo eran distintos -ellos verdes, ellas rosadas-, sino que también hablaban distintos idiomas. Y ahí, todo se fue a la porra.

Yo, personalmente, prefiero teorías con mayor fundamento científico, como la de Darwin, en la que con toda certeza puedo confirmar que mi marido desciende del mono y se mete a su cueva cuando no quiere hablar. Esa es una libertad que toda dueña de caverna debe conceder, para la buena salud mental de la pareja. Respeto mucho al autor del libro, pero me quedo con el hombre de Cromañón, a ojo cerrado.

Cavernícolas o no, el tema es que este libro asegura que el secreto de las relaciones está en saber comunicar oportuna y eficientemente las necesidades individuales para evitar conflictos. Pero ahí nos enfrentamos con un nuevo dilema de género, porque mientras las mujeres tenemos mentalmente un momento único para satisfacer cada necesidad, los hombres juntan todos sus requerimientos físicos y emocionales y los satisfacen a la vez. De ahí su habilidad para ver el fútbol, comer un sandwich, darte un beso, decirte que te quieren y pedorrearse, todo al mismo tiempo.

Una vez me llegó al email una cadena de chistes con una parodia sobre lo que querían las mujeres versus lo que querían los hombres. Donde para las mujeres la lista era una interminable cantidad de necesidades absurdas que ridiculizaban a la mujer y la hacían ver como una criatura irracional, obsesionada con el romance y desprovista de toda confianza en sí misma. Muy convenientemente para la buena reputación de los hombres, seres ecuánimes y cerebrales, la lista de ellos se reducía a sólo DOS necesidades básicas: comer y que lo dejen tranquilo.

Señor de Marte, mediante el apoyo a nuestra necesidad de ser escuchadas, usted obtendrá el apoyo a la necesidad de estar libre en su cueva, pero si sólo quiere que lo dejen tranquilo, búsquese un homosapiens.

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