La temible cercanía de los 40. Por Leo Marcazzolo

Al parecer soy demasiado egocéntrica para no pensar en lo mío. En mis futuros cuarenta. ¿Cómo será llegar a cumplirlos?

 

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Debo ser la única persona en este mundo que comienza a deprimirse con dos años de antelación por la cercanía de sus 40. Sé que es patético, pero así no más es. Y eso que estoy consciente de que un montón de cosas ajenas a mí están pasando allá afuera. Cosas mucho más importantes que la mía. Basta con ver las noticias. El mundo se está desmoronando. Simplemente se está cayendo. A  veces veo las guerras y las crisis económicas por televisión y doy gracias por estar aquí. Pero después vuelvo a pensar en lo mío.

Al parecer soy demasiado egocéntrica para no pensar en lo mío. En mis futuros cuarenta. ¿Cómo será llegar a cumplirlos? No sé, cuando era chica pensaba que tener 40 años, necesariamente, significaba ser "demasiado vieja". Hablar de cosas serias con el ceño fruncido, usar carteras de cuero, zapatos de charol y peinados tiesos y escarmenados de peluquería. Pero lo raro es que ahora que estoy en el umbral de ellos, no me siento como esas "señoras" sino que sigo sintiéndome como yo. Igual como me sentía a los quince. Y eso de alguna forma me aterra. Me aterra que tantas cosas hayan cambiado en mi vida y que yo no haya madurado nada. Me aterra la posibilidad de haberme quedado pegada. Ese es mi gran miedo. Y también es el gran miedo de mi amiga Isidora.

La Isidora es como yo. Finge ser una mujer que no es. Finge ser una mujer madura al borde de los 40, pero en verdad cada vez que se ve enfrentada a una situación difícil, sufre una especie de regresión. Retrocede a los 8 años. Vuelve a ser la misma niña miedosa que solía ser. Vuelve a ser esa misma niña miedosa que se refugiaba en el baño del colegio para rezarle a Dios, que le concediera el milagro de pasar de curso. Insólito. Insólito porque aún sigue haciendo lo mismo. Sigue rezándole a Dios cuando se pelea con su jefe, para que su jefe no la eche. Y eso la hace sentirse miserable. Miserable porque -a pesar del paso del tiempo- comprueba una vez más que no ha cambiado nada. Y yo a veces también compruebo lo mismo.

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